son pocos los sacerdotes que esperan ser juzgados: setenta y siete hombres.

Estos son sólo algunos ejemplos; su número podría llevarse hasta el infinito; de este modo, los prusianos, sin duda, tienen la firme intención de continuar esas ferocidades hasta el fin de la guerra. En virtud de ello, puede ser aleccionador prestar otra vez atención a ciertos hechos de la historia más reciente de Prasia, El actual rey de Prusia * puede recordar perfectamente los tiempos de más profunda humillación de su país, la batalla de Jena, ^la prolongada huida hacia el Oder, la capitulación gradual de casi todas las tropas prusianas, el repliegue de las restantes más allá del Vístula, el desmoronamiento total del sistema militar y político del país. Y entonces, al cubierto de una de las fortalezas de Pomerania, la iniciativa y el patriotismo de individuos particulares inició una nueva resistencia activa al enemigo. El simple corneta de dragones Schill comenzó a formar en Kolberg destacamentos de voluntarios (en francés francotiradores), con los cuales y mediante el apoyo de la población, atacaba por sorpresa a las patrullas de caballería, a los destacamentos, puestos de campaña, se apoderaba de dinero del fisco, de materiales militares y víveres. Tomó prisionero al general francés Victor, preparó la insurrección general en la retaguardia de los franceses y en sus líneas de comunicaciones, y, en general, realizó todo aquello de lo cual ahora se inculpa a los guerrilleros franceses, a quienes los prusianos aplican el mote de bandoleros y malhechores, premiando a los prisioneros inermes con “un tiro en la sien". El padre del rey prusiano actual ** aprobó totalmente las operaciones de Schill y le concedió el ascenso. Es notorio que en 1809 ese mismo Schill, cuando en Prusia remaba la paz y Austria combatía contra Francia, condujo a su regimiento para luchar contra Napoleón pon su cuenta y riesgo, del mismo modo que Garibaldi; fue muerto en Stralsund, y sus soldados hechos prisioneros. .De acuerdo con las leyes marciales prusianas, Napoleón estaba en pleno derecho de fusilarlos a todos, pero en Wezel sólo fusiló a once oficiales. El padre del actual rey prusiano, contra su 252 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES * Guillermo I. (Ed.)

** Federico Guillermo III. (Ed.)

voluntad, pero presionado por la opinión pública en el ejército y fuera de él, hubo de erigir un monumento en su honor sobre esas once tumbas guerrilleras.

Tan pronto como comenzaron a crearse en Prusia destacamentos de guerrilleros, los prusianos, como corresponde a un pueblo de pensadores, comenzaron a sistematizarlo y a elaborar su teoría. Teórico de los guerrilleros, gran filósofo en ese ámbito fue ni más ni menos que el conde Augusto Gneisenau, quien fue durante un tiempo mariscal de campo al servicio de su majestad el rey de Prusia. Gneisenau defendió a Kolberg en 1807; a su mando tenía a cierta parte de los guerrilleros de Schill; en la defensa le prestó gran apoyo la población local, que no podía aspirar al título de guardia nacional, móvil o local, y que por ese motivo, acorde con los últimos conceptos prusianos, merecía ser "fusilada en el acto”. Pero los inmensos recursos que extrae el país conquistado de la enérgica resistencia popular causaron una impresión tan grande en Gneisenau, que durante varios años estudió cómo organizar mejor esa resistencia. La guerra de guerrillas en España, las insurrecciones de los campesinos rusos en el camino de retirada de los franceses de Moscú, le proporcionaron nuevos ejemplos, y en 1813 pudo comenzar a aplicar su teoría en la práctica.

Ya en agosto de 1811 Gneisenau elaboró el plan para preparar la insurrección popular. Las milicias debían ser organizadas sin uniforme, salvo el gorro militar (en francés képi)> el cinturón blanquinegro y quizás un capote militar; es decir, casi el mismo uniforme que ahora usan los guerrilleros franceses. "Al aparecer fuerzas superiores del enemigo, las armas, el képi y los cinturones deben esconderse, y los milicianos se convtierten en simples habitantes del país.” Esto es precisamente lo que los prusianos consideran ahora un crimen, que castigan con una bala o con la cuerda. Estas tropas milicianas deben hostigar al enemigo, cortar sus comunicaciones, apoderarse de sus convoyes con provisiones o destruirlos, evitar combates serios y marcharse al bosque o al pantano en cuanto aparece una masa de tropas regulares. "El clero de todos los rangos debe recibir la orden de predicar la insurrección en cuanto comience la guerra, describir en los términos más sombríos el cuadro de la subyugación que implantan los franceses, recordar al pueblo de los hebreos en los tiempos de los macabeos y exhortarlo a seguir su ejemplo [...] Cada sacerdote debe hacer prestar juramento a sus fieles, para que no entreguen víveres al enemigo, ni armas, etc., hasta que no los obliguen a ello por la fuerza”, es decir, que en realidad los sacerdotes alemanes debían predicar la misma cruzada que el obispo de Orleáns ordenó a los suyos predicar, y por cuyo motivo muchos sacerdotes franceses están ahora esperando el juicio. Quien tenga en sus manos el segundo tomo del libro del profesor Pertz La vida de Gneisenau verá en la primera página una cita del fragmento mencionado más arriba como facsímil de Gneisenau. A su lado, en el margen, esta acotación de puño y letra del rey Federico Guillermo: "Cuando un solo sacerdote sea fusilado, todo esto terminará”. Es evidente que el rey no confiaba mucho en el heroísmo de su clero. Lo cual no le impidió dar su sanción especial a los planes de Gneisenau; tampoco impidió que al cabo de varios años, cuando esos mismos hombres que expulsaron a los franceses fueron arrestados y perseguidos como "demagogos”, uno de los ilustrados cazadores de demagogos de aquella época, en cuyas manos cayó el original de ese documento, entablara un juicio contra el autor desconocido, ¡acusándolo de que incitaba al pueblo a fusilar al clero!

Hasta 1813 inclusive, Gneisenau preparaba no sólo el ejército regular, sino también la insurrección popular como medio para derrocar el yugo francés. Cuando por fin comenzó la guerra, no se hicieron esperar las insurrecciones, la resistencia campesina y los pronunciamientos de guerrilleros. En la localidad entre Weser y el Elba la insurrección armada comenzó en abril; poco más tarde se desencadenó la insurrección armada junto a Magdeburgo; Gneisenau escribió una carta, publicada por Pertz, a sus amigos en Franconia, llamando a organizar la insurrección a lo largo de la línea de comunicaciones del adversario. Entonces apareció, por fin, el reconocimiento oficial de esa guerra popular: la ley del Landsturm del 21 abril de 1813 (publicada sólo en julio), de acuerdo con la cual se llamaba a cada hombre físicamente sano, no incorporado a las filas de las tropas de líneas o del Landwehr, a ingresar en su batallón del Landsturm, a fin de prepararse para la lucha sagrada de la autodefensa, en la que todos los medios se justifican. El Landstrum debe hostigar al enemigo, tanto durante su avance en el repliegue, tenerlo en permanente estado de alarma, atacar sus convoyes de municiones y víveres, a sus mensajeros, reclutas FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES y hospitales, atacarlo por sorpresa de noche, eliminar a los soldados retrasados y a los pequeños destacamentos, paralizar al adversario y lograr que todos sus movimientos sean inseguros; por otra parte, el Landsturm tiene la obligación de ayudar al ejército prusiano, custodiar los traslados de dinero, provisiones, municiones, prisioneros, etc. Esta ley puede en realidad ser considerada una verdadera guía del guerrillero, y como es obra de un experto estratega, es tan aplicable en la actualidad en Francia como en su tiempo lo fue en Alemania.

Por suerte para Napoleón I, esa ley apenas se cumplía. El rey estaba asustado de su propia obra. No correspondía en absoluto al espíritu prusiano permitir que el propio pueblo combatiese al margen de las órdenes reales. Gneisenau se enfureció, pero al final tuvo que arreglárselas sin el Landsturm. Si viviera ahora, teniendo a sus espaldas la experiencia de Prusia, vería probablemente en los guerrilleros franceses la realización de su hermoso ideal de la resistencia popular, si no plena, al menos aproximada. Porque Gneisenau era, además, un hombre genial. Escrito por F. Engels en inglés, el 8 de diciembre de 1870.

Publicado por primera vez en Poli Malí Gazette, el 9 de diciembre de 1870.

C. Marx y F. Engels, Obras, t. XIII, p. II.

ARTICULOS SOBRE ASUNTOS MILITARES (DÉCADAS 70 AL 90 DEL SIGLO XIX)

MOLTKE, GRITÓN RETICENTE DEL ESTADO MAYOR, Y SU RECIENTE CORRESPONSAL EN LEIPZIG El patriotismo fanfarrón de cierto burgués cebado de Leipzig fue, por lo visto, afectado desagradablemente en lo más vivo por el hecho de que los franceses, hasta Metz, no hubieran perdido cañones; en cambio, esas pérdidas las tuvieron los alemanes. Poseído de un febril estado cañonero, pide explicaciones al pregonado semidiós Moltke, que en respuesta inserta en Leipziger Tageblatt una de sus divertidas sentencias de oráculo, cuyo sentido es tal, que aunque algunos generales franceses, durante el proceso de Bazaine67 dieron datos inexactos sobre la captura de cañones por una y otra parte, debe no obstante reconocerse que los alemanes lograron el 16 de agosto apoderarse sólo de un cañón de los franceses, y éstos se apoderaron el 18 de dos cañones alemanes. Con ello ya se decía bastante. Pero el taciturno Moltke tuvo además que pronunciar una conferencia, no podía dejar de hacerlo. Así, pues, les cuenta a los venerables imbéciles que, de acuerdo con la “táctica moderna”, la artillería debe combatir en las primeras filas; he ahí por qué los alemanes perdieron dos cañones. De sus palabras se desprende que si los franceses hubiesen rendido pleitesía a esa su “táctica moderna”, habrían perdido muchos más cañones y hubiesen merecido su alabanza; porque, según sus propias palabras, la infantería austríaca, apoyada por la artillería en la línea más avanzada del frente, perdió “con la mayor honra” 160 cañones. La artillería austríaca, como él mismo sentencia, maniobró así porque la infantería austríaca estaba retrasada en su armamento res