Notas sobre la guerra. Engels 1870-71.

XXVII

Quienes creyeron, con el señor Gambetta, que los hábiles y bien combinados movimientos mediante los cuales el Ejército del Loira maniobró para sacar de Orléans a los bávaros de von der Tann serían seguidos de inmediato por un avance sobre París, han quedado condenados al desengaño. El combate de Coulmiers, o comoquiera que se lo denomine en adelante, tuvo lugar el día 9, y hasta la tarde del 13 los puestos avanzados bávaros parecen haber permanecido sin ser molestados frente a Toury, a solo veinticinco millas de Orléans.

Redunda en gran crédito del general D'Aurelle de Paladines el que, tras su primer éxito, no solo tuviera el buen sentido, sino también la fuerza moral, de detenerse a tiempo. Con el señor Gambetta detrás de él, proclamando a sus hombres que están en el camino de París, que París los espera y debe ser liberada de los bárbaros, no puede haber sido tarea fácil contener a esas tropas jóvenes y a medio disciplinar, demasiado inclinadas a gritar «¡trahison!» si no se las conduce inmediatamente contra el enemigo, y a salir huyendo cuando se les hace sentir seriamente la presencia de ese enemigo. Que D'Aurelle las haya hecho detenerse en el camino de París demuestra que sus esfuerzos por disciplinarlas no han sido infructuosos y que su primer éxito le ha granjeado su confianza. Sus disposiciones para esta primera victoria francesa fueron todo lo que debían ser. Von der Tann no puede haber tenido más de 25.000 hombres en los alrededores de Orléans, posición expuesta que se le permitió seguir ocupando, en la certeza de que sus tropas aguerridas serían capaces, en cualquier circunstancia, de abrirse paso a través de cualquier número de las nuevas levas que se les opusieran. D'Aurelle podía operar contra los bávaros con al menos el cuádruple de sus efectivos, e hizo lo que es habitual en tales casos: les envolvió los flancos y mostró, sobre todo en su retaguardia derecha, una fuerza tal que von der Tann se vio obligado de inmediato a replegarse hacia sus apoyos. Éstos se le unieron en Toury el 11, o a más tardar el 12; y consistían en la 21.ª división de infantería nortealemana, de Wittich, la división de caballería del príncipe Albrecht, y el XIII Cuerpo (17.ª división nortealemana y división de Württemberg). Así, una fuerza de 65.000 a 70.000 hombres como mínimo está concentrada bajo el mando del Gran Duque de Mecklenburg en Toury, y el general D'Aurelle bien puede mirarlos dos veces antes de aventurarse a atacarlos, pese a que están mandados por un jefe, en verdad, muy del montón.

Pero hay otros motivos, además de éste, que deben forzar al general D'Aurelle a detenerse antes de emprender cualquier nuevo movimiento. Si su intención realmente es acudir en socorro de París, ha de saber perfectamente que sus propias fuerzas no son suficientes para lograr ese objetivo, a menos que al mismo tiempo se realice, desde dentro, un vigoroso esfuerzo para secundarle. Sabemos que el general Trochu ha seleccionado la porción más disciplinada y mejor organizada de sus tropas y ha formado con ellas lo que podría llamarse el ejército activo de París. Bajo el mando del general Ducrot, parecen estar destinadas a esas grandes salidas sin las cuales la defensa de una plaza como París es como la de un soldado que combatiera con el brazo derecho atado a la espalda.

Quizá no sea una casualidad que esta reorganización del Ejército de París coincida, en el tiempo, con el avance del Ejército del Loira. Sin duda, el general Trochu y el general D'Aurelle han intentado, por medio de globos y palomas mensajeras, concertar un movimiento combinado que se ejecutaría en un momento acordado de antemano; y, a menos que los alemanes ataquen antes al Ejército del Loira, podemos esperar una salida a gran escala desde París en la misma fecha o hacia la misma fecha en que D'Aurelle realice su próximo movimiento hacia adelante. Esa salida se efectuaría probablemente con al menos la totalidad de los tres cuerpos de Ducrot, por el lado sur de la ciudad, donde, en caso de éxito, podría establecerse comunicación con el Ejército del Loira, mientras que en los lados nordeste y noroeste el «Tercer Ejército» de Trochu efectuaría ataques simulados y diversiones, apoyados por el fuego de los fuertes, para impedir que el ejército sitiador enviara refuerzos al sur. Podemos estar seguros, por otra parte, de que todo esto lo tiene en cuenta el general Moltke, y de que no se dejará sorprender. Pese a la gran superioridad numérica que los franceses podrán poner en campaña, somos decididamente de la opinión de que la diferencia en la calidad de las tropas y en la dirección de las operaciones compensará con creces esa ventaja.

Este intento de liberar a París de las garras de los «bárbaros» tendrá que realizarse muy pronto si ha de tener alguna probabilidad de éxito. Además de las cinco divisiones de infantería que se oponen al Ejército del Loira, hay ahora ante París dieciséis divisiones de infantería (los cuerpos 2.º, 4.º, 5.º, 6.º y 12.º, la Guardia, el I Cuerpo bávaro, la 21.ª división y la división de landwehr de la Guardia). Esta fuerza debe ser, a los ojos de Moltke, sobradamente suficiente para mantener a París efectivamente bloqueada; de lo contrario, habría atraído hacia París más tropas que el II Cuerpo, de entre las que quedaron disponibles por la rendición de Metz. Y teniendo en cuenta que sus posiciones frente a París están en todas partes sólidamente atrincheradas y pronto estarán bajo la protección de formidables baterías de sitio, no cabe duda de que así será. Pero ahora empezamos a tener noticias del príncipe Federico Carlos, quien tras la capitulación de Metz se había vuelto invisible con tres cuerpos de ejército (el III, el IX y el X). La primera vislumbre que desde entonces hemos tenido de sus tropas fue la breve noticia de que el «9.º regimiento» había tenido una escaramuza con los móviles en las afueras de Chaumont, en el Alto Marne, el 7 de noviembre. El 9.º pertenece a la séptima brigada del II Cuerpo, el cual ya había llegado ante París, y todo el asunto se volvía así ininteligible. Desde entonces, se ha comprobado que el telegrama, por error, decía noveno regimiento en lugar de novena brigada, y esto aclara la cuestión. La novena brigada es la primera del III Cuerpo de Ejército y pertenece, por tanto, al ejército del príncipe Federico Carlos. La localidad del encuentro, combinada con el rumor generalmente acreditado en los círculos militares de Berlín de que el príncipe había estado marchando hacia Troyes, ciudad a la que se decía haber llegado el 7 u 8, dejaba pocas dudas de que había tomado la ruta que suponíamos seguiría el grueso de sus tropas, a saber: «marchar de Metz por Chaumont y Auxerre, y avanzar en dirección a Burdeos después de haber despejado la línea del Loira desde Tours hasta Nevers». Ahora sabemos que este ejército ha ocupado la línea del Yonne en Sens, a unas cincuenta millas de Gien, sobre el Loira, y apenas a treinta de Montargis, desde donde cualquier posición francesa al norte de Orléans podría ser envuelta por el flanco en una buena jornada de marcha. Los destacamentos señalados en Malesherbes y Nemours pueden haber sido enviados por el príncipe Federico Carlos para tantear el flanco izquierdo de von der Tann, o pueden ser partidas de flanqueo en la extrema izquierda de la línea de marcha del XIII Cuerpo. En todo caso, ahora podemos esperar que el príncipe establezca muy pronto sus comunicaciones mediante columnas volantes con von der Tann en Toury, por un lado, y con Werder en Dijon por el otro. Si el Ejército del Loira demora su ataque hasta que el príncipe Federico Carlos llegue a la distancia de alcance, tendrá, además de los 70.000 hombres que tiene al frente, otros 75.000 hombres sobre su flanco derecho y su retaguardia, y toda idea de socorrer a París habrá de abandonarse. Tendrá bastante con cuidar de su propia seguridad, y tendrá que retroceder, sin esperanza, ante esa ancha ola de invasión que cubrirá entonces el centro de Francia en un frente que se extenderá desde Chartres hasta Dijon.

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