Notas sobre la guerra. Engels 1870-71.

XXVI

Ya no cabe duda razonable alguna de que el ejército que se rindió en Metz contaba efectivamente con 173.000 hombres, de los cuales 140.000 estaban aptos para empuñar las armas, mientras que algo más de 30.000 eran enfermos y heridos. El _Daily News_ nos ofrece, en un telegrama de Berlín, lo que pretende ser una relación detallada de esas tropas: — 67 regimientos de infantería, 13 batallones de cazadores a pie, 18 cuartos batallones y batallones de depósito; 36 regimientos de caballería — a saber, 10 de coraceros, 1 de guías, 11 de dragones, 2 de lanceros, 3 de húsares, 6 de cazadores a caballo y 3 de cazadores de África, además de 6 escuadrones de depósito. Hemos de suponer que esta declaración procede del Estado Mayor prusiano en Berlín y contiene un extracto, ya sea de lo que, por fuentes anteriores e indirectas, habían deducido ellos que era la composición de las fuerzas francesas en Metz, o bien de las relaciones de efectivos francesas entregadas a los captores en el momento de la rendición. Esto último parece lo más probable. Sabemos que dentro de Metz se hallaban, de infantería, la Guardia (8 regimientos = 30 batallones, más 1 batallón de cazadores), el 2.º Cuerpo (Frossard, 3 divisiones), el 3.º (Decaen, antes Bazaine, 4 divisiones), el 4.º (Ladmirault, 3 divisiones), el 6.º (Canrobert, 3 divisiones) y 1 división del 5.º Cuerpo (la de De Failly), en total 14 divisiones de línea, comprendiendo cada una 1 batallón de cazadores y 4 regimientos o 12 batallones de línea, a excepción de 2 divisiones de Canrobert que no tenían cazadores. Esto daría 12 batallones de cazadores y 168 batallones de línea, o, con la Guardia, un total general de 13 batallones de cazadores y 198 de infantería, y, con los 18 batallones de depósito, 229 batallones en total, lo que es algo más que los 221 que da como número total el _Daily News_. Por otra parte, esta lista daría sólo 64 regimientos de infantería, mientras que nuestro colega menciona 67. Debemos, pues, concluir que los tres regimientos que faltan formaban la guarnición de Metz, y que por esa razón no figuran en el estado del «Ejército del Rin». En cuanto a la discrepancia en el número de batallones, se explica fácilmente. Las pérdidas de muchos regimientos durante las batallas de agosto y las salidas de septiembre y octubre, así como por enfermedad, deben de haber sido tales que los tres batallones tuvieron que ser reducidos a dos, tal vez incluso a uno.

Que una fuerza tal, tan grande como el ejército de Napoleón en Leipzig, haya sido obligada a rendirse, es un hecho sin precedentes en la historia de la guerra, y casi increíble incluso ahora, después de ocurrido. Pero se hace aún más inconcebible si comparamos la fuerza de este ejército con la de sus captores. El 18 de agosto Bazaine fue rechazado desde las alturas de Gravelotte hasta quedar bajo los cañones de los fuertes de Metz; pocos días después, el asedio de la plaza quedó completo. Pero del ejército que había combatido en Gravelotte, 3 cuerpos, o 75 batallones, fueron destacados al mando del Príncipe Heredero de Sajonia a más tardar el 24 de agosto; pues tres días después su caballería derrotó a los cazadores a caballo de MacMahon en Buzancy. Quedaban ante Metz 7 cuerpos, o 175 batallones, y 12 batallones de la _landwehr_, en total 187 batallones, para sitiar a un ejército de por lo menos 221 batallones. En aquel momento, Bazaine debía de tener a su disposición 160.000 combatientes, si no más. Los prusianos habían tomado ciertamente todas las medidas para enviar hombres frescos de sus tropas de reserva a fin de compensar las pérdidas de las últimas batallas; pero es imposible suponer que sus batallones fueran completados de nuevo hasta el efectivo completo de 1.000 hombres. Aun suponiendo que así fuera, con excepción de la _landwehr_, que forma batallones de sólo quinientos o seiscientos hombres, esto daría a los prusianos una fuerza de no más de 182.000, o, con caballería y artillería, alrededor de 240.000 hombres; es decir, apenas la mitad más que el ejército encerrado en Metz. Y estos 240.000 hombres se hallaban desplegados en un frente de veintisiete millas de longitud, y un río no vadeable los dividía en dos cuerpos separados. En estas circunstancias, es imposible dudar de que Bazaine, si realmente hubiera intentado romper el círculo sitiador con el grueso de sus tropas, habría podido hacerlo — a menos, en verdad, que supongamos que los franceses, después de Gravelotte, ya no eran los mismos hombres de antes; y para eso no hay motivo alguno.

Que Bazaine, después de la proclamación de la República, se haya abstenido de salir de Metz por motivos políticos, le parece al autor de estas Notas cosa absolutamente cierta. Es igualmente seguro que cada día de retraso disminuía sus probabilidades de éxito para hacerlo; aun así, los propios prusianos parecen pensar ahora que, de haber estado en la misma posición, habrían podido realizar la hazaña. Pero lo que sigue siendo inexplicable es la inacción, o al menos la indecisión, de Bazaine durante los últimos días de agosto y los primeros de septiembre. El 31 de agosto intenta un ataque hacia el nordeste, y lo prosigue durante toda la noche y la mañana siguiente; sin embargo, tres divisiones prusianas bastan para rechazarlo hasta ponerlo bajo los cañones de los fuertes. El intento debió de ser extremadamente débil, considerando la enorme fuerza con que habría podido realizarlo. ¡Un general que tiene bajo su mando dieciséis divisiones de espléndida infantería, ser rechazado por tres divisiones enemigas! Es demasiado malo.

En cuanto a los motivos políticos que, según se dice, provocaron la inactividad de Bazaine después de la revolución del 4 de septiembre, y las intrigas políticas en que se envolvió, con la connivencia del enemigo, durante la última parte del asedio, están en plena consonancia con el Segundo Imperio, al que, de una u otra forma, estaban destinadas a restaurar. Esto muestra hasta qué punto aquel Segundo Imperio había perdido toda comprensión del carácter francés, si el general al mando del único ejército regular que entonces poseía Francia podía pensar en restaurar la dinastía caída con ayuda del invasor de su país.

La anterior carrera militar de Bazaine no fue de las más brillantes. Su campaña de México demostró únicamente que le importaba más la recompensa que la gloria o el crédito de su país. Su nombramiento como comandante en jefe del Ejército del Rin se debió a circunstancias accidentales; lo obtuvo no por ser el más idóneo, sino el menos inelegible de los posibles candidatos; y las consideraciones decisivas fueron todo menos estrictamente militares. Pasará a la inmortalidad como el hombre que cometió el acto más deshonroso de la historia militar francesa — que impidió que 160.000 franceses rompieran el cerco de un ejército sitiador de fuerza, en aquellas circunstancias, positivamente inferior, y los entregó como prisioneros de guerra cuando ya no había nada que comer.

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