A su plan de neutralización me opongo totalmente, y en este sentido ya me he explicado de manera detallada sobre ese plan, que también me ha sido comunicado desde otro lado. Si se trata seriamente de la seguridad militar de Alemania, bastarían exactamente las demoliciones de las fortalezas de Metz y Estrasburgo. Bismarck lo sabe. Sabe al mismo tiempo que la neutralización, por este lado, no podría rendir más y que, para la reconciliación con Francia que luego se haría de nuevo necesaria, rendiría mucho menos, en realidad nada. Es una de esas medidas que todo lo echan a perder y nada remedian.

Considere además que toda la oposición en Alemania no es sino una gran potencia, que crece a consecuencia de la persecución gubernamental, porque y en la medida en que actúa de manera rigurosamente principista. Esto lo sienten no sólo los obreros, sino gentes como Jacobi, gentes como Ludwig Simon de Tréveris y hasta el mismo Jacobus Venedey. En cuanto esta oposición, de matices tan variopintos, empieza a diplomatear, todo está perdido. Absolutamente nada ganaría con el diplomateo, pero perdería, al prestarse a semejante entrada en C…, el derecho a declarar: ¡Anexionad, if you please! ¡Nosotros declaramos estas anexiones por non avenues!

Por lo demás, Thiers no es en este momento el hombre, sino Jules Favre. La demolición de las fortalezas fue propuesta por primera vez en el Journal de Pétersbourg oficial y recogida inmediatamente por el gobierno provisional francés. Si algo puede quebrantar la influencia de la canalla militar sobre el hermoso Guillermo, son las insinuaciones de Petersburgo.

Suyo, K. M.