14 de sept. de 1870. Querido Fred, al mismo tiempo que esta carta salen 12 ejemplares del Manifiesto. Diversas erratas pequeñas, omisión de palabritas, etc., pero nada que tergiverse el sentido. Se corregirá en la segunda edición. No debes olvidar que el Consejo General tiene que contemporizar con las susceptibilidades en todas direcciones y, por tanto, no puede escribir como nosotros dos podríamos hacerlo en nuestro propio nombre. La noticia de Brunswick nos llegó anoche, enviada por Liebknecht, pero, como siempre, con la imprecisión de Wilhelm, es decir, inservible. Hoy he enviado notas al respecto al Pall Mall, al Echo, etc. El hecho es excelente. Esta vez la caza de demagogos empieza antes de que termine la guerra y se dirige contra los obreros, en lugar de contra los mequetrefes estudiantes de antaño. Es muy bueno que los prusianos se muestren como son y que ya antes de la conclusión de la paz destruyan toda clase de ilusiones en la clase obrera. Además, la clase obrera solo puede ser lanzada al fuego mediante la persecución estatal directa. La «República» —incluso la mera frase— le ha dado al asunto un giro completamente distinto. Por ejemplo, el señor George Potter —ese héroe obrero del Bee-Hive— se declara públicamente republicano. Esto te muestra el ambiente en Londres. Confío en que la política prusiana de la corte dé aquí el golpe de gracia. Es una palanca espléndida: ¡la injerencia inconstitucional de la nieta de Jorge III y la suegra de Fritz! Bismarck, con todo esto, es un asno. Como le salió todo bien mientras fue instrumento de las aspiraciones unitarias alemanas, ha perdido la cabeza hasta tal punto que ahora cree poder hacer, sin vergüenza ni pesar, política específicamente prusiana, no solo hacia fuera, sino también hacia dentro. Ayer hubo un mitin obrero en un local de Lincoln's Inn Fields. Nosotros estábamos como de costumbre los martes en nuestra sesión. Llegó un telegrama pidiendo que acudiéramos al rescate. Los tipos de la Peace Society, que se han «comprado» a bastantes obreros (p. ej., Cremer), se habían asegurado una mayoría, aunque muy débil. Nuestra repentina aparición inclinó la balanza. Se trataba, efectivamente, de diversas resoluciones en favor de la República Francesa, las cuales, según alega la Peace Society, podrían llevar a la guerra con Prusia. Hoy he escrito extensamente, a modo de instrucción, a Bélgica y a Suiza, y lo mismo a los Estados Unidos. La carta adjunta de Serraillier os interesará a ti y a Dupont. Solo viene por fragmentos, pues la otra parte contiene asuntos de familia y ha quedado, por tanto, en posesión de madame Serraillier. Salut. Dr. K. M., ¡secretario para Rusia! El libro de Schäffle se titula: «Kapitalismus u. Socialismus etc.»