Querido Mohr,

Nuestros amigos del otro lado —tanto en Alemania como en Francia— se superan mutuamente, desde luego, en habilidad política. ¡Esos asnos de Brunswick! Temían que te lo tomaras a mal si reelaboraban los puntos de vista que se les habían dado, y así lo han soltado al pie de la letra. En realidad, lo único desagradable es el pasaje sobre el desplazamiento del centro de gravedad. Imprimirlo supera todo lo imaginable en materia de falta de tacto. Mientras tanto, es de esperar que los parisienses tengan ahora algo mejor que hacer que dedicarse al estudio de este manifiesto, sobre todo porque no entienden una palabra de alemán. Su alemán en la proclama es hermoso. Y Wilhelm, en su periódico, alaba este mamarracho chovinista. Longuet también está bueno. Porque Wilhelm I les ha regalado una república, ahora debe hacerse sin más la revolución en Alemania. ¿Por qué no hicieron una después de la española?

El pasaje sobre Alsacia y Lorena del manifiesto está reproducido en el número de hoy de la «Zukunft», pero como si procediera de los de Brunswick. Envíame dos o más ejemplares del nuevo mensaje en cuanto esté listo. Si se pudiera hacer algo en París, sería impedir un estallido de los obreros antes de la paz. Bismarck estará pronto en condiciones de concertar la paz, ya sea mediante la toma de París, ya sea porque la situación europea lo obligue a poner fin a la guerra. Cualquiera que sea el resultado de la paz, tendrá que estar concluida antes de que los obreros puedan emprender algo. Si vencen ahora —al servicio de la defensa nacional—, tendrán que recoger la herencia de Bonaparte y de la actual república piojosa, serán aplastados inútilmente por los ejércitos alemanes y retrocederán otros veinte años. Ellos no pueden perder nada con esperar. Los eventuales cambios de fronteras son, de todos modos, sólo provisionales y se echarán de nuevo por tierra. Luchar por la burguesía contra los prusianos sería una locura. El gobierno —sea cual sea— que concierte la paz se hará insostenible a la larga precisamente por ello, y al ejército que regrese del cautiverio no habrá que temerle mucho en los conflictos internos. Después de la paz, todas las posibilidades son más favorables para los obreros de lo que lo fueron jamás. Pero ¿no se dejarán arrastrar otra vez, bajo la presión del ataque exterior, y proclamarán la república social en vísperas del asalto a París? Sería espantoso que los ejércitos alemanes tuvieran que librar como último acto de guerra un combate de barricadas contra los obreros parisienses. Nos haría retroceder cincuenta años y lo desplazaría todo de tal modo que cada cual y cada cosa vendrían a parar a una posición falsa, y ¡entonces el odio nacional y el dominio de la fraseología que se impondría entre los obreros franceses! Es condenadamente grave que en París escaseen tanto las personas que se atrevan, en la situación actual, a querer ver las cosas como son realmente. ¡Dónde hay en París alguien que siquiera se atreva a pensar que la fuerza activa de resistencia de Francia está quebrantada para esta guerra, y que con ello desaparece la perspectiva de una expulsión de la invasión mediante una revolución! Precisamente porque la gente no quiere oír la verdad de hecho, temo que aun así se llegue a eso. Pues la apatía de los obreros antes de la caída del Imperio se habrá modificado ahora, a buen seguro.

También podrías comunicarme cómo se titula el libro de Schäffle. Ahí tienes al verdadero adversario. El individuo estuvo en el Parlamento aduanero y es un economista vulgar de lo más común, ya más bien un Faucher, pero Schwabe. Vas a gozar con ese libro. Puesto que, a lo que parece, se anexionará de todos modos algo, sería hora de que pensáramos en una forma en la que los obreros alemanes y franceses se pongan de acuerdo para considerar todo esto como nulo y no acontecido y para revertirlo en su momento. Mi opinión era que esto habría sido útil ya al estallar la guerra; pero ahora, cuando el destino de la cesión alcanza a los franceses, será necesario; de lo contrario esos tipos pegarán unos chillidos asesinos.

Dile a Tussy que mi mujer le agradece mucho su carta y que recibirá respuesta en estos días. Con los mejores saludos para todos vosotros,

Tuyo
F. E.