10 de septiembre de 1870.

Querido Fred,

Tú y Dupont debéis disculparme si respondo tarde y con solo unas pocas líneas. Estoy abrumado de asuntos políticos. Lo agradable que le ponen a uno las cosas, lo verás por las estupideces adjuntas procedentes de los puntos opuestos —Brunswick y París. Sabes que escribí instrucciones a Brunswick. Se supone entonces —injustamente— que no se está tratando con bebés maleducados, sino con personas cultas que deben saber que el lenguaje brutal de las cartas no está calculado «para la imprenta», y que además en las instrucciones hay que dar indicaciones secretas que no deben revelarse a son de tambor. ¡Pues bien! Estos asnos no solo imprimen «literalmente» fragmentos de mi carta. Me señalan con el bieldo como al autor de la carta. Además imprimen frases como la del «traslado del centro de gravedad del movimiento obrero continental de Francia a Alemania», etc., que debían servirles de estímulo, pero que de ningún modo debían publicarse ahora. Aún debo estarles agradecido de que al menos no hayan impreso mi crítica de los obreros franceses. Y encima los tipejos envían a toda prisa su panfleto comprometedor —¡a París! (sin hablar de Bruselas y Ginebra). Les lavaré la cabeza, ¡pero la tontería ya está hecha! Por otra parte, ¡los necios de París! Me envían montones de su ridículo manifiesto chauvinista, que aquí provocó entre los obreros ingleses risas e indignación, las cuales contuve a duras penas para que no se manifestaran públicamente. ¡Debo enviar el asunto en grandes cantidades a Alemania, probablemente para mostrar a los alemanes que primero deben «retirarse allende el Rin» antes de encontrarse en su propia casa! Los tipos se permiten además, en vez de responder racionalmente a mi carta, enviarme instrucciones telegráficas (¡instrucciones del ex estudiante Longuet!) sobre cómo debo agitar en Alemania! ¡Qué desgracia! He puesto todo en marcha aquí para que los obreros (el lunes se abre la serie de meetings) obliguen a su gobierno a reconocer la república francesa. Gladstone estuvo bastante dispuesto en el primer momento. ¡Pero la reina bajo instrucción prusiana y la parte oligárquica del gabinete! Lamento que al Grousset de la Marseillaise, que es un hombre muy capaz, de carácter firme y audaz, se le haya pegado el charlatán piojoso, entrometido, vanidoso y ambicioso Cluseret. La nueva alocución (gracias por tu aportación) estará impresa para el martes. Larga, cosa inevitable. Tus artículos sobre las fortificaciones de París y el bombardeo de Estrasburgo son magistrales. Di a Dupont que estoy enteramente de acuerdo con sus opiniones y que encargué expresamente a Serraillier que le escribiera que de momento no debe abandonar Manchester. Anteayer noche Schorlemmer en casa. Saludos. Tuyo, K.M.

A propósito. El prof. Schäffle de Tubinga ha publicado un libro estúpido y voluminoso (¡cuesta 12½ chelines!) contra mí.