rara vez conseguía ejercer una fuerte presión; en esencia era un ejército numeroso, pero nada más. Contaba entre sus jefes a algunos de los mejores generales de la época, y a muchos de los peores. La mayor parte de los últimos había sido promovida a los altos cargos de mando gracias a sus influencias palaciegas. Los errores de los generales austríacos, sumados a una mayor ambición del soldado francés, proporcionaron al ejército francés la victoria lograda con muy poca facilidad. Magenta no deparó trofeo alguno; Solferino muy pocos; y en virtud de los acontecimientos políticos cayó el telón antes de que saliera a escena la verdadera dificultad de la guerra: la lucha por el rectángulo de las fortalezas.

Después de esa campaña, en Europa el ejército francés fue considerado ejemplar. Si después de la guerra de Crimea el beau ideal [“el ideal”] del soldado de infantería eran los tiradores franceses de a pie, ahora esa admiración se hacía extensiva a todo el ejército francés en su conjunto. Se estudiaban sus instituciones; sus campamentos se convirtieron en escuelas de instrucción para los oficiales de todas las naciones. Casi toda Europa estaba decididamente convencida de la invencibilidad del ejército francés. Mientras tanto, Francia reconstruyó sus viejos fusiles de caño liso para convertirlos en rayados, y armó a toda su artillería con cañones de estría. Sin embargo, esa misma campaña que llevó al ejército francés al primer lugar de Europa, impulsó aspiraciones que al principio dieron como resultado la aparición de un rival, y después de un vencedor. Desde 1815 hasta 1850 el ejército prusiano pasó por el mismo proceso de debilitamiento por inactividad, que todas las demás tropas europeas; pero en Prusia este “moho” de tiempos de paz dañó su mecanismo combativo más que en cualquier otro país. De acuerdo con el sistema prusiano de aquella época, a cada brigada se había unido un cuerpo de línea y otro del Landwehr; de este modo en caso de movilización tendría que volver a formarse la mitad de las tropas de campaña. Los armamentos de las tropas de línea y del Landwehr resultaron insuficientes; entre las personas responsables se observaron casos frecuentes de pequeñas dilapidaciones. En fin, cuando en 1851 el conflicto con Austria obligó a Prusia a efectuar la movilización, todo el sistema se derrumbó del modo más penoso, y a Prusia le correspondió pasar por las “horcas caudinas”.60 A costa de grandes inversio224 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES nes fue remplazado en el acto todo el armamento, se revisó toda la organización del ejército, pero ello sólo afectó algunos aspectos de detalle. Cuando en 1859 la guerra italiana provocó una nueva movilización, el armamento ya estaba en mejores condiciones, aunque todavía no era completo, y el Landwehr, cuyo estado de animo era excelente en lo referente a una guerra nacional, resulto ser totalmente indisciplinado para una demostración bélica que podría llevar a la guerra contra uno u otro de los países beligerantes. Se decidió reorganizar el éjéricto. Esta reorganización, llevada a cabo a espaldas del parlamento, mantenía bajo las armas a los treinta y dos regimientos de infantería del Landwehr, completando paulatinamente sus filas con el incremento del número de reclutas; por último los reorganizaba en regimientos de línea, cuyo número crecía de 40 a 72. Conforme con ello aumentaba la artillería, y también la caballería, pero en menor grado. Ese crecimiento del ejército era aproximadamente proporcional al incremento de la población de Prusia, que de 1815 a 1860 había aumentado de 10,5 millones de personas a 18,5 millones. Pese a la oposición de la segunda cámara, esta reorganización quedó en pie. Además, él ejército adquirió más capacidad combativa en todos los aspectos. Era el primer ejército en que toda la infantería estaba armada de fusiles. El fusil de aguja, de retrocarga, con el que hasta entonces sólo se había pertrechado a una parte de la infantería, se introducía en todas las unidades; además, se preparó una reserva de los mismos. Habían terminado las pruebas de los cañones rayados, y los modelos admitidos sustituyeron gradualmente a las piezas de cañón liso. El adiestramiento con excesiva ostentación, propia de los desfiles, heredado del viejo y ceremonioso Federico Guillermo III, cedía cada vez más lugar a un mejor sistema de preparación en el que se practicaba, fundamentalmente, el servicio de custodia y las acciones en líneas de tiradores, poniéndose en ambos casos de ejemplo, en primer término, a las tropas francesas argelinas. Para los batallones que actuaban aislados fue admitida la columna de compañía, como principal formación de combate. Se prestó gran atención al tiro al blanco, y se lograron excelentes resultados. Se perfeccionó también considerablemente la caballería. Durante muchos años se dedicó seria atención a la cría de caballos, especialmente en Prusia oriental, país de grandes criadores; se trajeron muchos sementales árabes de pura sanFLORECIMIENTO Y DECADENCIA DE LOS EJERCITOS gre, y los resultados fueron magníficos. El caballo de Prusia oriental, más bajo y menos veloz que el de la caballería inglesa, lo supera en mucho como caballo militar y es cinco veces más resistente en campaña. La enseñanza especial de los oficiales, que durante un prolongado período fue tenida en el mayor abandono, fue nuevamente elevada hasta el nivel requerido, y en general el ejército prusiano cambió por completo. La guerra de Dinamarca fue suficiente para demostrar, a todo el que estuviera en condiciones de comprenderlo, que las cosas eran realmente así; pero la gente no lo quería comprender. Entonces estalló el trueno de 1866, y se hizo imposible dejar de entenderlo. A continuación el sistema prusiano fue admitido en el ejército del norte de Alemania y, en general, también por los ejércitos del sur de Alemania; los resultados demostraron con cuánta sencillez podía introducirse este sistema. Luego llegó el año 1870. Pero en 1870 el ejército francés ya no era el mismo que en 1859. Las dilapidaciones, la especulación y los abusos generales de la posición social en aras de los intereses personales — todo lo que constituía la base del sistema del II Imperio—, se posesionó del ejército. Si Osman y su banda se embolsaron millones en el affaire francés, si todo el departamento de trabajos públicos, si cada tratado, concertado por el gobierno, cada cargo civil, se convertían abierta y descaradamente en un medio de saquear al pueblo, ¿cómo era posible que sólo siguiera siendo virtuoso el ejército al que Luis Napoleón le debía todo, el ejército mandado por hombres que amaban la riqueza igual que los parásitos civiles de palacio? Y cuando se supo que el gobierno recibía, de los ciudadanos que debían enrolarse en el servicio militar, un rescate en dinero y no lo invertía en reclutar a remplazantes — hecho notorio sin duda para cada oficial de filas—; cuando comenzó la dilapidación del dinero del fisco a fin de juntar los fondos que el ministerio de Guerra pagaba en secreto al emperador; cuando a raíz de ello los cargos más altos del ejército quedaban en manos de los que estaban en el secreto y por esa razón no se los podía destituir, hicieran lo que hicieren, aunque descuidaran sus obligaciones; entonces la desmoralización se extendió a los oficiales de filas. Estamos lejos de afirmar que el despilfarro de la riqueza pública fuera un fenómeno corriente entre ellos, pero el desprecio por sus jefes, las faltas al servicio y el debilitamiento de la disciplina eran las consecuencias inevitables. Si los jefes hubiesen inspirado confianza, ¿acaso los 226 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES oficiales se habrían atrevido, como se hacía con frecuencia, a viajar en coche durante la campaña? Todo el sistema está podrido hasta la médula; la atmósfera de corrupción en que, vivió el II Imperio impregnó por último a su pilar fundamental, el ejército; y en la hora de prueba, ese ejército sólo pudo oponer al enemigo sus gloriosas tradiciones y la valentía innata de los soldados, lo cual, por sí solo, es insuficiente para que el ejército siga siendo de primera clase.


Publicado por primera vez en Pall Malí Gazette, el 10 de setiembre de 1870.

C. Marx y F. Engels, Obras, t. XIII, p. II.

ZARAGOZA-PARIS Para hacerse una idea justa de lo que es una operación tan grandiosa como el sitio y la defensa de París, es preciso echar una mirada retrospectiva a la historia militar, para encontrar en ella alguno de los sitios de gran envergadura, que en cierta medida sirva de ejemplo de lo que probablemente seremos testigos. Ese ejemplo podría ser Sebastopol, siJa defensa de París trascurriera en condiciones normales, es decir, si se tratara de un ejército de campaña, capaz de acudir en ayuda de París o de reforzar su guarnición, corno ocurrió en Sebastopol. Pero París se defiende en condiciones totalmente anormales: no tiene una guarnición capaz de desarrollar una defensa activa y combates fuera de las fortificaciones, ni siquiera una seria esperanza de contar con apoyo desde afuera. Por lo tanto, el sitio más grande de la historia —el de Sebastopol, que por su magnitud sólo es menor a aquel cuyo comienzo presenciaremos en breve—, no ofrece una idea correcta de lo que ocurrirá en París; y sólo en etapas posteriores del sitio, en especial mediante la confrontación se podrá recurrir a la comparación con el curso de la guerra de Crimea.

Los sitios durante la guerra norteamericana tampoco ofrecen ejemplos adecuados. Tuvieron lugar en un período de la lucha en que no sólo el ejército del sur, sino también en pos de él las tropas del norte ya habían perdido los rasgos característicos de las milicias sin adiestrar, para adquirir el carácter de tropas regulares. Durante todos estos sitios se llevó a cabo una defensa sumamente activa. Junto a Vicksburg tanto como en Richmond, tuvieron lugar previos combates prolongados por la dominación de un territorio en el que sólo se podría ubicar a las baterías de sitio, y siempre, salvo en el último asedio de Richmond por Grant, se intentó prestar ayuda a los sitiados.61 Pero aquí en París, sólo tenemos una guarnición