Al filisteo alemán, las inesperadas y, para él, inmerecidas victorias le han subido el chauvinismo a la cabeza de manera espantosa, y ya es hora de que se haga algo en contra. ¡Si el “Volksstaat” no fuera tan miserable! Pero no hay nada que hacer. Antes de que mi introducción a la “Guerra de los Campesinos” aparezca impresa como folleto, los acontecimientos la habrán superado con creces. La nueva proclama de la Internacional (de la que tú, sin embargo, tienes que hacer también el texto alemán esta vez) es tanto más necesaria.

Si la proclama de la Internacional de París ha sido telegrafiada con alguna fidelidad, demuestra, en efecto, que esa gente sigue por completo bajo el dominio de la frase. Estos hombres, que soportaron a Badinguet durante veinte años, que hace seis meses no pudieron impedir que obtuviera 6 millones de votos contra 1½, y que él los azuzara contra Alemania sin causa ni pretexto, exigen ahora, porque las victorias alemanas les han regalado una república —¡y vaya república!—, que los alemanes abandonen inmediatamente el sagrado suelo de Francia, de lo contrario: ¡guerra a ultranza! Es la vieja ilusión de la superioridad de Francia, del suelo santificado por 1793 que ninguna porquería francesa posterior puede profanar, de la santidad de la frase República. Esta actitud recuerda, de hecho, a los daneses que en 1864 dejaron que los prusianos se acercaran a treinta pasos, les lanzaron una salva y luego rindieron las armas, con la esperanza de que no se les pagara con la misma moneda por esa formalidad. Confío en que esa gente reflexione una vez pasado el primer aturdimiento, pues de lo contrario sería endiabladamente difícil entenderse con ellos en el plano internacional. Toda esta república, como su origen sin lucha, es hasta ahora una pura farsa. Tal como lo esperaba desde hace quince días y más, los orleanistas quieren una república interina que concluya la paz bochornosa, a fin de que el onus no recaiga sobre los Orleans que más tarde habrán de ser restaurados. Los orleanistas tienen el poder real: Trochu el mando militar y Kératry la policía; los señores de la Gauche ocupan los puestos de charlatanería. Como los Orleans son ahora la única dinastía posible, pueden esperar tranquilamente el verdadero advenimiento al poder hasta el momento oportuno. — Justo se marcha Dupont. Ha pasado la velada aquí y está furioso por esta hermosa proclama parisina. Que Serraillier vaya allí, después de haber hablado contigo al respecto, le tranquiliza. Sus opiniones sobre el caso son perfectamente claras y acertadas: aprovechamiento de las libertades que la república proporciona inevitablemente para organizar el partido en Francia, acción cuando se presente la oportunidad una vez lograda la organización, contención de la Internacional en Francia hasta que se haya consumado la paz. Los señores del gobierno provisional y los burgueses de París (a juzgar por la correspondencia del Daily News) parecen saber muy bien que lo de continuar la guerra es pura frase. La lluvia apenas estorbará a los alemanes; la gente que ahora está en el campo se ha acostumbrado ya a ella y se encuentra más sana que con el calor. A esto podrían añadirse, ciertamente, enfermedades epidémicas, sobre todo en caso de capitulación de Metz, donde seguramente las hay ya, pero eso es incierto. Una guerra de guerrillas que obligara a los prusianos a ejecuciones en masa tampoco parece muy probable, aunque podría desatarse aquí y allá bajo la primera impresión de la revolución. Cuando sepamos qué impresión causa en París la capitulación de Metz, que probablemente tendrá lugar a más tardar la próxima semana, podremos juzgar también sobre el curso ulterior de la guerra. Hasta ahora me parece que las medidas —es decir, las frases— de los nuevos regentes prometen poco más que una pronta rendición. Rochefort no permanecerá mucho tiempo con esa gentuza; cuando reaparezca la Marseillaise, sin duda saltarán las chispas entre él y ellos. Schorlemmer ha salido hoy con Wehner para llevar, por cuenta del comité local de socorro, una gran cantidad de aguardiente, vino, mantas de lana, camisas de franela, etc. (por más de 1.000 libras esterlinas en total) directamente a través de Bélgica a Sedán para los heridos. Si tiene un poco de tiempo se acercará a verte, pero aún les queda una porción de cosas que atender allí; no empezaron a comprar y embalar hasta ayer por la mañana. De allí quieren ir, si es posible, a Metz, donde cada uno de ellos tiene un hermano en el ejército. Es significativo de ese gobierno piojoso de París que tampoco se atreva a decirle al público toda la verdad sobre cómo están realmente las cosas. Me temo que, si no ocurre un milagro, sea inevitable un momento de dominación burguesa directa bajo los Orleans, para que la lucha pueda desarrollarse en su forma pura. Sacrificar ahora a los obreros sería una estrategia a lo Bonaparte y Mac-Mahon; antes de la paz no pueden hacer nada en ningún caso, y después necesitarán, por lo pronto, tiempo para organizarse. La amenaza de alianza pesará algo sobre los prusianos. Pero ellos saben que los fusiles de retrocarga rusos no valen nada, que los ingleses no tienen ejército y que los austriacos son muy débiles. En Italia, Bismarck parece haber hecho imposible toda resistencia a los gobernantes, con el Papa (puesto que el gobierno florentino anuncia oficialmente que marchará a Roma en el curso de septiembre) y, además, con la promesa de Saboya y Niza; el golpe fue fino. Por lo demás, Bismarck parece no esperar más que una ligera presión para contentarse con dinero y la ciudad de Estrasburgo y sus alrededores. Todavía puede necesitar a los franceses y tal vez se imagine que ellos considerarán eso como magnanimidad. Adiós, saludos cordiales. Tuyo, F. E.