Notas sobre la guerra. Engels 1870-71.

XIII

Ayer se telegrafió una noticia que causó gran sensación entre nuestros contemporáneos. Procedía de Berlín, y en ella se decía que el cuartel general del rey se había trasladado a Bar-le-Duc, que algunos cuerpos de los Ejércitos Primero y Segundo permanecían frente al ejército de Bazaine, y que el resto de las fuerzas alemanas «había emprendido resueltamente su marcha hacia París».

Hasta ahora, los movimientos de los ejércitos alemanes se han mantenido en secreto mientras se ejecutaban. Sólo cuando la maniobra quedaba consumada, cuando el golpe había sido asestado, nos enterábamos de adónde se habían dirigido las tropas. Resulta extraño que este sistema se invierta de repente; que el taciturno Moltke, sin que haya para ello ocasión visible alguna, proclame de pronto al mundo que marcha sobre París, y además «resueltamente».

Al mismo tiempo, oímos decir que las tropas avanzadas del príncipe heredero son empujadas cada vez más cerca de París, y que su caballería se extiende cada vez más hacia el sur. Incluso en Château-Thierry, casi a mitad de camino entre Châlons y París, se dice que han sido vistos los temidos ulanos.

¿No habrá una razón especial, no del todo evidente a primera vista, para que este anuncio de las intenciones del rey de Prusia se haga precisamente ahora, y para que, al mismo tiempo, la caballería alemana redoble su actividad?

Comparemos las fechas. La noche del lunes 22, MacMahon inició sus movimientos a través de Reims, camino de Rethel, y durante más de catorce horas las columnas pasaron incesantemente por la ciudad. Para la noche del miércoles, si no antes, la noticia de esta marcha podría haber llegado al cuartel general alemán. No podía tener más que un significado: la intención de liberar a Bazaine de la trampa en que se halla encerrado. Cuanto más avanzara MacMahon en la dirección tomada, tanto más pondría en peligro sus comunicaciones con París y su línea de retirada, tanto más se situaría entre el ejército alemán y la frontera belga. Una vez cruce el Mosa, cosa que se dice tiene la intención de hacer en Laneuville, frente a Stenay, su retirada podrá quedar fácilmente cortada. Ahora bien, ¿qué podría animar más a MacMahon a persistir en su peligrosa maniobra que la noticia de que, mientras él se apresuraba a socorrer a Bazaine, los alemanes habían dejado sólo una parte relativamente pequeña de sus fuerzas frente a Metz y marchaban «resueltamente» sobre París con el grueso de sus tropas? De modo que el miércoles por la noche esta misma noticia se telegrafía de Pont-à-Mousson a Berlín, de Berlín a Londres, de Londres a París y a Reims, desde donde sin duda MacMahon ha sido favorecido de inmediato con la información; y mientras él avanza hacia Stenay, Longuyon y Briey, el ejército del príncipe heredero, dejando uno o dos cuerpos en la Champaña, donde ya nada se les opone, retiraría el resto hacia St. Mihiel, cruzaría allí el Mosa y trataría de alcanzar por Fresnes una posición que amenazara las comunicaciones del ejército de MacMahon con el Mosa, y que estuviera, no obstante, a distancia de apoyo de las tropas alemanas situadas frente a Metz. Si esto tuviera éxito, y si MacMahon fuera derrotado en estas circunstancias, su ejército tendría que pasar a territorio neutral o rendirse a los alemanes.

No puede caber duda de que los movimientos de MacMahon son perfectamente conocidos en el cuartel general alemán. Desde el momento en que la batalla de Rezonville (o Gravelotte, como se la llamará oficialmente) hubo establecido el hecho de que Bazaine quedaba encerrado en Metz, desde ese momento el ejército de MacMahon fue el siguiente objetivo, no sólo del ejército del príncipe heredero, sino también de todas las demás tropas de que se pudiera prescindir frente a Metz.

En 1814, ciertamente, los aliados, tras la reunión de Blücher y Schwarzenberg entre Arcis-sur-Aube y Châlons, marcharon sobre París, haciendo caso omiso de la marcha de Napoleón hacia el Rin, y esta marcha decidió la campaña. Pero en aquel momento Napoleón había sido derrotado en Arcis y no estaba en condiciones de hacer frente al ejército aliado; no había ningún ejército francés encerrado por tropas aliadas en una fortaleza fronteriza al que él pudiera prestar socorro; y, sobre todo, París no estaba fortificada. Ahora, por el contrario, cualquiera que sea el valor militar, numérico y moral, que represente el ejército de MacMahon, no cabe duda de que es plenamente suficiente para levantar el cerco de Metz, si ese cerco es llevado a cabo con no más tropas de las necesarias para mantener a raya a Bazaine. Y, por otra parte, cualquiera que sea la opinión que se tenga de las fortificaciones de París, nadie será tan temerario como para esperar que caigan como las murallas de Jericó ante el primer toque de trompeta de los invasores. Obligarán como mínimo a un largo bloqueo para rendir por hambre a los defensores, o al comienzo, cuando menos, de un sitio formal.

De modo que, mientras los alemanes estaban llegando «resueltamente» ante París, y se veían detenidos en seco por los fuertes, MacMahon derrotaría a las tropas alemanas frente a Metz, se uniría con Bazaine, y entonces Francia contaría con un ejército sobre las comunicaciones y líneas de aprovisionamiento de los alemanes, lo bastante fuerte como para obligarlos a retirarse más «resueltamente» de lo que habían avanzado.

Si, pues, el ejército de MacMahon es demasiado fuerte para ser desatendido por los alemanes en las presentes circunstancias, hemos de llegar a la conclusión de que la información sobre la marcha resuelta del rey Guillermo hacia París, que la mayoría de nuestros contemporáneos considera de la mayor importancia, o bien es una noticia falsa lanzada intencionadamente para inducir a error al enemigo, o bien, si realmente se trata de la publicación indiscreta de una noticia veraz, representa una resolución adoptada antes de que se conociera el último movimiento de MacMahon, en cuyo caso será rápidamente revocada. En cualquiera de los dos casos, uno o dos cuerpos podrán seguir avanzando hacia París, pero la masa de todas las tropas disponibles marchará hacia el nordeste para cosechar plenamente esas ventajas que MacMahon casi arroja a sus pies.