Manchester, 20 de agosto de 1870.

Querido Mohr:

Espero que tu reumatismo se haya vuelto menos agudo. El cloral te habrá sentado bien; en caso contrario, consulta a un médico para que te recete algo para dormir. Gumpert está en Gales, así que no es fácil consultarle. Hoy he escrito enérgicamente a Smith por lo de la casa. No puedo dejarme engatusar más por ese aristócrata cazador de urogallos; en cuatro semanas debería estar ya allí. Ayer hizo cinco semanas que dejé el asunto con Smith completamente claro, ¡y todavía no hay respuesta! Creo que la anexión de los francoalemanes es ya cosa decidida. Si la semana pasada se hubiera formado aún en París un gobierno revolucionario, todavía habría habido algo que hacer. Ahora llega demasiado tarde, y sólo puede ponerse en ridículo mediante la parodia de la Convención. Estoy convencido de que Bismarck habría firmado la paz sin cesiones territoriales con un gobierno revolucionario que hubiera surgido oportunamente. Pero tal como se comporta ahora Francia, no tiene motivo para resistir ni a la presión exterior ni a su propia vanidad interior. Es una gran desgracia, pero me parece inevitable. Si Alemania fuese un solo Estado, como Francia, la cosa sería todavía más disculpable. Pero así, cuando lo conquistado tiene que repartirse entre los tres vecinos fronterizos, resulta ridículo. Aún más ridículo que los alemanes quieran colgarse en el oeste un Véneto de habla alemana. Intentaré hacerme con el panfleto abrumador del pesado Blind, pero probablemente llegará demasiado tarde. ¿Qué dices de Mack–Bazaine? Mack–Mahon ya era bastante malo; ahora llega Mack (el de Ulm) a secas. Realmente es demasiado desaforado que 120.000 franceses tengan que rendir las armas, y probablemente saldrán bien librados. ¡El viejo burro de piedra de Guillermo, todavía en su vejez, desflorando a Metz la pucelle! Sin embargo, jamás se ha visto una dégringolade semejante a la que ofrece este segundo imperio. Sólo siento curiosidad por saber si los parisinos no se sacudirán por fin la apatía cuando conozcan la verdad sobre la última semana. Ciertamente, ya no servirá de nada. Las demoliciones alrededor de París, para hacerlo defendible, son tan colosales que no puedo imaginarme que se ejecuten como es debido. Desde 1840 la población de la ciudad casi se ha triplicado, y también las dificultades de abastecimiento. Por último, todo el tráfico de mercancías se basa ahora hasta tal punto en los ferrocarriles que, una vez volados algunos puentes ferroviarios en cada línea, será casi imposible transportar por carretera suministros de alguna importancia a la ciudad, incluso en caso de un bloqueo imperfecto. Las pérdidas de las últimas semanas deben de ser enormes. Los alemanes, durante toda la guerra, han avanzado siempre con la mayor resolución a la bayoneta, y ahora también la caballería contra infantería aún no quebrantada; así, los hombres han tenido que caer como moscas. El hermoso Guillermo tampoco dice nada al respecto. Pero lo que es seguro es que, hombre contra hombre, batallón contra batallón, los alemanes han demostrado la superioridad más decisiva frente a los franceses. Primero en Spicheren, 27 batallones contra 42 (por lo menos) batallones franceses que ocupaban una posición casi inexpugnable. Después de la batalla del jueves, la desmoralización en el campamento francés será incontenible. No sé si Kugelmann está en Karlsbad; no sé adónde he de enviar el retrato. Saludos cordiales de Lizzie y míos a todos vosotros. Espero tener pronto buenas noticias del reumatismo.

Tuyo,

F. E.