Manchester, 15 de agosto de 1870. Querida señora Marx: Hoy he estado en el banco que le he dado a Smith como referencia, y allí me entero por casualidad de que por fin se ha dignado pedir informes, y los que ha recibido (que el banco respondería por mí hasta diez veces la suma, si se exigiera) seguramente le bastarán. Así pues, probablemente tendré noticias suyas pronto. Me alegra mucho no tener que escribirle antes a ese estúpido aristócrata de landlord, cuya residencia cerca de Bolton, en medio del humo de las fábricas, parece ser una cosa muy pequeña; el tipo estará ahora evidentemente cazando urogallos en los páramos cercanos y se hallará justo ahora en el humor adecuado para entablar correspondencia comercial con unos arrendatarios. Fue evidentemente pura fatuidad del asno.

Con el estado actual de las cosas en Francia, donde todo puede volcarse a diario —y en 8 o 14 días probablemente ocurrirá—, es ciertamente arriesgado tomar y amueblar una casa por 3 años y medio, mas hay que correr ese riesgo. Me parece que los orleanistas quieren ahora una república interina dirigida por ellos mismos, como en 1848, para que ésta se desacredite con la conclusión de la paz y luego la corona recaiga en sus Orléans como única dinastía hoy posible. Pero este juego puede salir mal. Lo peor es: en caso de un movimiento realmente revolucionario en París, ¿quién debe ponerse al frente? Rochefort es el más popular y el único utilizable; Blanqui parece olvidado. Que Barbès haya muerto es una suerte. La «barba del partido» lo echaría todo a perder de nuevo. Enfin, nous verrons.

Con mis artículos he tenido mucha suerte, a saber, que algunas pequeñas profecías que hice en el momento seguro llegaron a la prensa todavía a tiempo de ser confirmadas por las noticias a la mañana siguiente. Semejante cosa es pura suerte e impresiona enormemente al filisteo. ¿De quién era el artículo reciente «Von Thunder-ten-Tronckh», en el cual se les decía la verdad tan crudamente a los filisteos ingleses? Por lo demás, es curioso las estupendas cualidades que los ingleses descubren ahora de golpe en los alemanes, y cómo se lanzan todos sobre Bonaparte, ante quien hace 4 semanas se arrastraban por el polvo. No hay mayor chusma que les honnêtes gens.

Por desgracia, hoy ya no tengo tiempo de escribirle a Tussy; ¿tendría usted la bondad de decirle que escribiré a Kugelmann en estos días y le adjuntaré lo pertinente? Mi mujer y yo la saludamos a usted y a todos de todo corazón, y esperamos que la cura marina le siente de maravilla.

Su F. Engels