Notas sobre la guerra. Engels 1870-71.

VII

El público ha estado esperando toda esta semana esa gran batalla ante Metz que un boletín francés describió como inminente; y sin embargo, ninguno de nuestros críticos militares ha considerado oportuno explicar que esa batalla inminente no era más que un tonel arrojado a esa ballena revoltosa, el pueblo de París, para que juguetee con él. ¡Una batalla ante Metz! ¿Por qué habrían de desearla los franceses? Han reunido al abrigo de esa fortaleza cuatro cuerpos de ejército; intentan atraer hacia ella algunas de las cuatro divisiones de Canrobert; pueden esperar saber pronto que los tres cuerpos restantes, los de MacMahon, De Failly y Douay, han llegado al Mosela a la altura de Nancy y han encontrado refugio tras él. ¿Por qué habrían de buscar una batalla campal antes de que todo su ejército vuelva a estar unido, cuando los fuertes de Metz los protegen de un ataque? ¿Y por qué habrían de romperse la cabeza los alemanes en un asalto sin preparación contra esos fuertes? Si todo el ejército francés estuviera unido bajo las murallas de Metz, entonces cabría esperar que los franceses salieran al este del Mosela y presentaran batalla al frente de su plaza fuerte, pero no antes. Mas eso aún está por lograrse, y sigue siendo dudoso que llegue a lograrse alguna vez.

El domingo pasado, MacMahon se vio obligado a abandonar Saverne, que fue ocupada esa misma noche por los alemanes. Llevaba consigo los restos de su propio cuerpo, de una división (la de Conseil-Dumesnil) del cuerpo de Douay, y, además, una división de De Failly, que había cubierto su retirada. Aquella misma tarde, los ejércitos alemán primero y segundo se encontraban más allá de Forbach y casi en St. Avold. Ambos puntos están más cerca de Nancy que Saverne; están considerablemente más cerca que Saverne de Pont-à-Mousson y Dieulouard, localidades sobre el Mosela entre Nancy y Metz. Ahora bien, cuando los alemanes tienen que asegurar o construir lo antes posible un paso a través de ese río, y ello aguas arriba de Metz (por diversas razones bastante evidentes); cuando están más cerca del río que MacMahon y, por tanto, apresurándose pueden impedir su reunión con Bazaine; cuando tienen tropas suficientes y de sobra, ¿no es casi evidente que intentarán algo por el estilo? Su caballería, como habíamos predicho, está ya recorriendo todo el norte de Lorena y a estas horas tiene que haber entrado en contacto con la derecha de MacMahon; el miércoles había pasado por Gros-Tenquin, que se encuentra solo a unas veinticinco millas del camino directo entre Saverne y Nancy. Por consiguiente, sabrán perfectamente dónde se halla y operarán en consecuencia, y pronto sabremos en qué punto entre Nancy (o, mejor dicho, Frouard) y Metz han alcanzado el Mosela.

He aquí la razón por la que no hemos tenido noticias de ningún combate desde el sábado pasado. En este momento, las piernas de los soldados hacen todo el trabajo; es una carrera entre MacMahon y Federico Carlos por ver cuál de los dos cruza primero el río. Y si Federico Carlos ganara esta carrera, entonces cabe esperar que los franceses salgan de Metz, no para presentar batalla a la vista de sus murallas, sino para defender el paso del Mosela; cosa que, desde luego, puede hacerse mediante un ataque ya sea en la orilla derecha o en la izquierda. Los dos trenes de pontones capturados en Forbach quizá tengan que prestar servicio muy pronto.

De De Failly no sabemos nada concreto. En efecto, se afirma en un boletín de Metz que se ha reunido con el ejército. Pero ¿con cuál? ¿Con el de Bazaine o con el de MacMahon? Evidentemente con este último, si es que hay algo de verdad en todo el informe; pues entre Bazaine y él han estado las cabezas de las columnas alemanas desde que se extravió. Las dos divisiones restantes de Douay —que aún se encontraban en la frontera suiza, cerca de Basilea, el 4 de agosto— tienen que quedar, por ahora, aisladas del resto del ejército debido al avance alemán sobre Estrasburgo; solo podrán reunirse con él por Vesoul. De las tropas de Canrobert nos encontramos, de repente, por lo menos con una división (la de Martimprey) en París, de frente no contra los alemanes, sino contra los republicanos. Se menciona que los regimientos 25, 26 y 28, que pertenecen a ella, fueron empleados el martes entre las tropas que protegían el Cuerpo Legislativo. El resto debería hallarse ahora en Metz, con lo que el ejército allí reunido ascendería a quince divisiones (de infantería), tres de las cuales, sin embargo, están completamente deshechas por su derrota en Spicheren.

En cuanto a Spicheren, es falso decir que los franceses fueron aplastados en aquel encuentro por un número superior. Disponemos ahora de un informe bastante completo de los generales Steinmetz y Alvensleben que muestra con bastante claridad qué tropas combatieron por parte alemana. El ataque lo llevó a cabo la 14.ª división, apoyada por nuestros viejos amigos, el 40.º regimiento: en total quince batallones. Estos solos, de infantería, lucharon durante seis horas contra las tres divisiones, o treinta y nueve batallones, que Frossard hizo avanzar sucesivamente. Cuando se hallaban casi aplastados, pero aún conservaban las alturas de Spicheren, que habían asaltado al comienzo del combate, llegó la 5.ª división del 3.er cuerpo, o cuerpo de Brandeburgo, y por lo menos tres de sus cuatro regimientos tomaron parte en la lucha: en total, entre veinticuatro y veintisiete batallones alemanes. Arrojaron a los franceses de su posición, y solo después de que la retirada hubiera comenzado, la cabeza de la 13.ª división, que había envuelto la derecha francesa por el valle del Rossel, llegó al campo de batalla, cayó sobre Forbach y convirtió una retirada ordenada en una desbandada, cortando el camino directo a Metz. Los alemanes, al término del combate, tenían otra división (la 6.ª) lista para intervenir y que, de hecho, intervino ligeramente; pero al mismo tiempo dos divisiones francesas, las de Montaudon y Castagny (ambas de Bazaine), se habían presentado, y el 69.º regimiento, que forma parte de esta última, había sufrido duramente. Así, si en Wissembourg y Woerth los franceses fueron aplastados por masas superiores, en Spicheren fueron batidos por un número inferior. En cuanto a su consabido informe de que eran superados en número, no hay que olvidar que los soldados en una batalla no pueden de ninguna manera juzgar las cifras, y que es la afirmación común de todos los ejércitos vencidos. Además, no debe olvidarse que las sólidas cualidades del ejército alemán solo ahora empiezan a reconocerse. Tenemos oficialmente, procedente del cuartel general francés, que el fuego alemán es muy superior en firmeza y precisión al francés, y MacMahon insiste en que los franceses no tienen ninguna posibilidad contra los alemanes en los bosques, porque estos últimos saben aprovechar mucho mejor el abrigo. En cuanto a la caballería, he aquí lo que dice Jeannerod en el Temps del jueves:

«Su caballería es muy superior a la nuestra; los soldados van mejor montados que muchos oficiales de nuestro ejército, y montan mejor. ... He visto uno de sus regimientos de coraceros que era algo espléndido. ... Sus caballos, además, llevan mucho menos peso que los nuestros. Los coraceros que vi llevaban menos peso sobre sus grandes corceles del que nosotros cargamos sobre nuestros pequeños caballos árabes y del sur de Francia.»

También elogia el gran conocimiento que los oficiales tienen del terreno, no solo en su propio país, sino también en Francia. Pero no es de extrañar. Cada teniente está provisto de excelentes copias de los mapas del Estado Mayor francés, mientras que los oficiales franceses solo cuentan con un mapa ridículo (une carte dérisoire) del teatro de la guerra. Y así sucesivamente. Habría sido bueno para el ejército francés que se hubiera enviado a Alemania antes de la guerra a un solo reportero tan sincero.

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