cesitaba dos días. Pero el Kronprinz no tenía la menor intención de concederle ese plazo. Aprovechó sin pérdida de tiempo su ventaja, y el sábado atacó a los franceses cerca de Woerth, en el río Sauer 53, aproximadamente a 15 millas al suroeste de Weissenburg. Mac-Mahon, según su propia descripción, ocupaba una posición fuerte. No obstante, más o menos a las cinco de la tarde fue sacado de ella y, de acuerdo con las presuposiciones del Kronprinz, se replegó con todas sus unidades hasta Bitsch. De ese modo, habría podido salvar la situación, es decir, no hubiera sido arrojado en forma excéntrica hacia Estrasburgo y seguiría manteniendo contacto con las fuerzas principales del ejército. Sin embargo, por los telegramas franceses posteriores se sabe que en realidad se retiró hacia Nancy, y que ahora su Estado Mayor se encuentra en Saverne.

Dos cuerpos franceses, enviados al encuentro de los alemanes en ofensiva, constaban de siete divisiones de infantería, de las cuales, a nuestro juicio, cinco por lo menos participaron en la batalla. Es posible que todos llegaran gradualmente al campo de batalla, pero ya no estaban en condiciones de restablecer el equilibrio, del mismo modo que no pudieron hacerlo las brigadas austríacas, que aparecieron una tras otra en el campo de batalla de Magenta. En todo caso, podemos decir con seguridad que aquí ha sido derrotada de una quinta a una cuarta parte de todas las tropas francesas. Es probable que las tropas alemanas estuvieran formadas por las mismas unidades cuya vanguardia obtuvo la victoria en Weissenburg, es decir, por los cuerpos 29 de Baviera, el 59 y ll9 del norte de Alemania. De ellos, el 59 cuerpo consta de dos regimientos de Poznan, cinco de Silesia y uno de Westfalia, y el ll9 cuerpo, de un regimiento de Pomerania, cuatro de Hessenkassel y de Nasau, y tres de Turingia; por lo tanto, participaron en la batalla tropas de las más diversas regiones de Alemania.

En estas operaciones, lo que más nos sorprende es la función estratégica y táctica de cada ejército. Su papel es justamente opuesto a lo que podría esperarse, dada la tradición establecida. Los alemanes están a la ofensiva y los franceses en la defensiva. Los primeros actúan con rapidez vertiginosa y con grandes masas, que maniobran con facilidad; los segundos, por el contrario, reconocen que después de una concentración que duró dos semanas, sus tropas estaban aún tan diseminadas, que para juntar dos cuerpos de ejército fueron necesarios dos días 188 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES más. A consecuencia de ello, resultaron derrotados por partes. A juzgar por el modo en que los franceses desplazan sus tropas, se los podría tomar por austríacos. ¿Cómo se explica esto? Simplemente como consecuencia inevitable del régimen del II Imperio. El golpe recibido junto a Weissenburg fue suficiente para excitar a todo París, y , sin duda alguna, para privar al ejército de su sangre fría. Era preciso tomarse el desquite: envían en seguida a Mac-Mahon con dos cuerpos para ese desquite; no cabe duda de que fue un paso erróneo, pero de todos modos había que darlo, y así se hizo, con el resultado que ya se conoce. Si el mariscal Mac-Mahon no puede obtener un refuerzo que le permita enfrentarse otra vez con el Kronprinz, éste, después de recorrer unas quince millas hacia el sur, podrá apoderarse de la línea férrea Estrasburgo-Nancy, envolviendo con este movimiento cualquier línea de la defensa que los franceses confiaran conservar delante de Metz. No cabe duda de que este terror á ser envueltos es lo que obliga a los franceses a abandonar la región del Sarre. Y si deja que sus tropas de avanzada persigan a Mac-Mahon, el Kronprinz puede avanzar inmediatamente a la derecha a través de las columnas, hacia Pirmasens y Zweibrücken, para unirse al flanco derecho del ejército del príncipe Federico Carlos. Este último se encontraba durante todo este tiempo en algún lugar entre Maguncia y Saarbrücken, en tanto que los franceses afirman con insistencia que está junto a Tréveris. Por ahora no podemos determinar cómo repercutirá en las acciones del Kronprinz la derrota del cuerno del general Frossard cerca de Forbach54 después de la cual, por lo visto, se efectuó el avance de ayer de los prusianos hacia Saint-Avolde. Si después de Weissenburg, el II Imperio necesitaba una victoria a toda costa, en mucho mayor grado le es imprescindible ahora, después de Woerth y Forbach. Si Weissenburg fue suficiente para desbaratar los planes anteriores en cuanto a las operaciones del ala derecha, los combates que tuvieron lugar el sábado echaron por tierra inevitablemente todas las medidas elaboradas para el ejército en su conjunto. El ejército francés se ha visto despojado de toda iniciativa. Sus acciones están impulsadas, no tanto por consideraciones militares como por la necesidad política. Cuando un ejército de 300.000 hombres, acampado casi a la vista del enemigo, debe guiarse en sus actividades por lo que ocurre o puede ocurrir en París, en vez de orientarse por lo que está ocurriendo en el campo adversario, hay que descontar que está semiderrotado. Por supuesto, nadie puede predecir el resultado de la batalla general, que deberá realizarse inevitablemente, si es que no ha comenzado ya; pero sí puede decirse con toda seguridad que si Napoleón III continúa aplicando durante una semana más una estrategia como la que ya ha utilizado, ello será suficiente para aniquilar al mejor y más poderoso ejército del mundo.

Los telegramas del emperador-Napoleón sólo agravan la impresión que producen los partes prusianos sobre esas batallas. El sábado, a medianoche, sólo contenían noticias escuetas: “El mariscal Mac-Mahon perdió la batalla. El general Frossard se vio obligado a replegarse”. Tres horas más tarde se recibió la noticia de que se habían interrumpido las comunicaciones con Mac-Mahon. El domingo, a las 6 de la mañana, la gravedad de la derrota del general Frossard fue verificada por el reconocimiento de que dicha derrota se había producido mucho más al oeste de Saarbriicken, en las proximidades de Forbach. El comunicado siguiente reconocía que era imposible detener inmediatamente el avance de los prusianos: “Las tropas, que quedaron divididas, se van concentrando hacia Metz”. El telegrama posterior resulta difícil de descifrar: “El repliegue tendrá lugar en completo orden”. ¿El repliegue de quién? No puede ser del mariscal Mac-Mahon, por cuanto sigue interrumpida toda comunicación con él. Tampoco del general Frossard, ya que el propio emperador informa: “No hay noticia alguna del general Frossard”. Y si a las 8 horas y 25 minutos de la mañana el emperador sólo podía hablar en tiempo futuro del inminente repliegue de las tropas, cuya ubicación él desconocía, ¿qué Valor puede tener un telegrama despachado ocho horas antes, en el que dice en tiempo presente: “El repliegue se realiza en completo orden”? Todas estas comunicaciones posteriores mantenían el mismo espL ritu que la primera: Tout peut se rétablir [“Todo se puede restablecer”]. Las victorias de los prusianos fueron demasiado considerables como para recurrir a la táctica que el emperador, como es natural, hubiera querido aplicar. No podía correr el riesgo de ocultar la verdad, en la confianza de atenuar la impresión que causaría el parte simultáneo sobre la batalla posterior, con otro resultado. Ya era imposible respetar el orgullo del pueblo francés, ocultándole que habían sido derrotados dos ejércitos franceses. Sólo quedaba la alternativa de basarse en el apasionado deseo de recuperar lo perdido, deseo que en otros tiempos, y ante des LAS VICTORIAS PRUSIANAS gracias similares, se había encendido en el corazón de los franceses. En telegramas particulares a la emperatriz y a los ministros, se trazaba indudablemente la línea de sus intervenciones públicas, o, lo que es más posible aún, les hacían llegar desde Metz el texto auténtico de los correspondientes llamamientos. De todo ello extraemos la conclusión de que, cualquiera sea el estado de ánimo del pueblo francés, las autoridades, empezando por el emperador, se encuentran en un estado de depresión, lo que por sí mismo ya es extraordinariamente significativo. La declaración del estado de sitio en París indica en forma irrefutable qué otras consecuencias puede traer una nueva victoria de los prusianos, y el llamamiento ministerial termina con las siguientes palabras: "Combatamos con valentía, y Francia será salvada”. ¡Salvada! Los franceses podrán preguntarse: ¿salvada de qué? ¿De la invasión de los prusianos, que han recurrido a esa medida para impedir la invasión francesa de Alemania? Si los prusianos hubieran sido derrotados y semejante llamamiento llegara de Berlín, su significado sería claro, ya que cada nueva victoria de las armas . francesas implicaría una nueva anexión de territorio alemán a Francia. Pero si el gobierno prusiano es lo bastante prudente, í la derrota de los franceses sólo significará que los intentos f de impedir que Prusia continúe sin obstáculos su política ger- ! mana ha sufrido un fracaso, y a nosotros nos cuesta creer que la movilización general, respecto de la cual según parece | están deliberando los ministros franceses, permitirá realmente ; restablecer la guerra de ofensiva. > Escrito por F. Engels en inglés, el 7 de agosto de 1870.