2 de agosto de 1870. 1, Maitland Park Road.

Querido Becker:

Mi largo silencio se explica únicamente por falta de tiempo. Confío en que nos conocemos lo suficiente como para tener mutuamente la convicción de que nuestra amistad es inquebrantable. He enviado el manifiesto del «Consejo General» sobre la guerra, en primer lugar, a la Égalité, porque sabía que llegaba demasiado tarde para el Vorbote. Espero hoy las pruebas de imprenta para hacértelo llegar.

En la traducción del programa para el congreso (en el Vorbote), Jung ha cometido varios errores. En el punto 1) debe decir: «Sobre la necesidad de abolir las deudas del Estado. Discusión acerca del derecho a indemnización.» En el punto 2): «Sobre la relación entre la acción política y el movimiento social de la clase obrera.» En el 4): «Conversión de los bancos de emisión en bancos nacionales.» En el 5): «Las condiciones de la producción cooperativa en escala nacional.» Pero todo esto lo encontrarás en el Volksstaat.

Por lo que respecta ahora al congreso, en las circunstancias actuales no puede celebrarse en Maguncia, evidentemente. Los belgas han propuesto Amsterdam. Estamos convencidos de que el congreso debe aplazarse hasta que las condiciones sean más favorables. Primero, en Amsterdam pisamos un terreno muy débil, y es importante celebrar el congreso en países donde la Internacional haya echado ya fuertes raíces. Segundo: Los alemanes no pueden enviar a nadie — a lo sumo una persona —, dada la actual escasez de dinero provocada por la guerra. Los franceses no pueden abandonar su país sin pasaportes, es decir, sin permiso gubernativo. Nuestras secciones francesas están disueltas, los más probados, fugitivos o presos. En estas circunstancias, fácilmente podría repetirse la farsa que se representó en Suiza. Ciertos intrigantes podrían reunir en Amsterdam una mayoría ficticia. Para tales maniobras siempre encuentran el dinero necesario. ¿De dónde? C’est leur secret.

Por otra parte, el Consejo General, según el artículo 3 de los Estatutos, no puede aplazar la fecha del congreso. Sin embargo, en las presentes circunstancias extraordinarias, asumiría la responsabilidad de tal paso si encontrara para ello el apoyo necesario de las secciones. Nos sería, pues, grato que, en este sentido, llegara oficialmente una moción motivada de parte del grupo alemán y suizo y del grupo románico de Ginebra.

Bakunin tiene, como sabes, en el Consejo General belga un instrumento fanático, Hins, Faselhans. A la circular que el Consejo General expidió a comienzos de enero sobre la Égalité, etc., yo había añadido — dado que el puesto de secretario belga estaba momentáneamente vacante — una denuncia y una caracterización de Bakunin en mi nombre. Hins escribió entonces una carta sumamente impertinente contra mí personalmente (hablaba de mi «manière indigne d’attaquer Bakounine») al Consejo General, a la cual le he dado cumplida respuesta. A su influencia hay que atribuir probablemente que ayer recibiéramos del Consejo General belga un oficio lleno de acusaciones, entre otras: «el Consejo General belga ha resuelto encargar a los delegados al próximo congreso que nos pidan cuentas por nuestra resolución relativa al Romand Fédéral Conseil». ¡Nosotros, dicen, no teníamos ningún derecho a inmiscuirnos en ese asuntillo local suizo! ¡Y lo curioso es que los propios bruselenses, lo mismo que la «Fédération» parisina, nos habían instado directamente a intervenir! ¡Memoria corta! En todo caso, ahora tendremos que motivar más extensamente nuestra decisión en una circular propia. Me obligarás, pues, en gran manera, si me informas con exactitud sobre las intrigas de la Alianza, el congreso de La Chaux-de-Fonds y, en general, toda la trifulca suiza.

He recibido la carta de los amigos rusos de Ginebra. Transmíteles mi agradecimiento por ella. Lo mejor, en verdad, sería que escribieran un folleto sobre Bakunin, mas ha de hacerse pronto. En ese caso, no necesitan enviarme más documentos sobre las maquinaciones de B.

Me preguntan qué hizo Bakunin en 1848. Durante su estancia en París de 1843 a 1848, se daba de socialista acérrimo. Después de la revolución se fue a Breslau y allí se alió con los demócratas burgueses, trabajando entre ellos por la elección de Arnold Ruge (para el Parlamento de Fráncfort), a la sazón enemigo declarado de los socialistas y comunistas. Más tarde — en 1848 — organizó el congreso paneslavista de Praga. Los propios paneslavistas le han reprochado haber hecho allí un doble juego. Yo, sin embargo, no lo creo. Si allí cometió errores (desde el punto de vista de sus amigos paneslavistas), a mi juicio fueron «involuntarios». A principios de 1849, Bakunin lanzó un discurso (folleto): ¡paneslavismo sentimental! Lo único encomiable que de su actividad durante la revolución puede decirse es su participación en la insurrección de Dresde de mayo de 1849.

Muy importante para caracterizarlo es su actuación inmediatamente después de su regreso de Siberia. Sobre ello hay material suficiente en el Kolokol, y en las «Cartas rusas» de Borkheim en el Zukunft, que sin duda tienes.

Diles a los amigos rusos que la persona que denunciaron no se ha presentado aquí, que he transmitido su encargo a Borkheim, y que me alegrará mucho que alguno de ellos se llegue por aquí.

Por último, me obligarán en gran manera si me envían el cuarto tomo de Chernyshevski, recién aparecido. Les remitiré su importe por correo.

Tu artículo sobre la guerra en el último Vorbote es muy bueno, aplaudido por toda mi family, que te envía sus más cordiales saludos. ¡Adio! Tuyo, Karl Marx.

La prueba que te adjunto está corregida en algunos puntos donde había erratas. Así pues, es mejor traducir de ella que del ejemplar enviado a la Égalité.