Querido Mohr:

Adjunto te envío el plan de campaña prusiano. Te ruego que tomes inmediatamente un coche y lo lleves a la Pall Mall Gazette, para que aparezca el lunes por la tarde. Le dará una enorme reputación a la P. M. G. y a mí; si lo recibe el martes, las cosas pueden haberse desarrollado ya de tal modo que cualquier asno podrá rehacer la historia. No sé si mi número II apareció el sábado, ya que la P. M. G. no ha llegado hoy aquí a los clubs. Me precio un tanto de esta historia, pues realmente no era fácil adivinar ese plan. El momento decisivo fue la noticia de que un primo de Gumpert, jefe de compañía en el 77.º regimiento, vanguardia del 7.º cuerpo de ejército, emprendió la marcha el 27 de Aquisgrán a Tréveris. Entonces se me hizo claro todo el tinglado.

Además, es necesario que acuerdes con Greenwood que yo le envíe los artículos directamente, para que puedan publicarse el mismo día. La pérdida de tiempo es ahora mortal para este tipo de artículos. Pienso enviarle un artículo dos veces por semana —por término medio, con más frecuencia en casos urgentes y con menos cuando los acontecimientos se calmen—. Entremedias, de vez en cuando, breves notas que él pueda utilizar a su discreción.

Ciertamente, resulta cada vez más embarazoso para nosotros guerrear bajo Guillermo. Pero, en fin, menos mal que se pone en ridículo de un modo tan horrible, con su misión divina y su Stieber, sin el cual, al parecer, no se consuma la unidad alemana.

El manifiesto de la Internacional se publicó aquí el sábado en el Courier, periódico tory; de haber sido otro día de la semana, los demás periódicos también lo habrían reproducido, pero los sábados traen anuncios contrarios. El manifiesto enseñará al populacho de todas las clases que ahora son únicamente los obreros quienes tienen una verdadera política exterior. Está muy bien, y el Times seguramente no lo ha querido publicar sólo a causa de los rusos. Los gobiernos, al igual que la burguesía, se asombrarán enormemente cuando, después de la guerra, los obreros reanuden tranquilamente su acción interrumpida, como si nada hubiera sucedido.

Mi confianza en las proezas militares de los alemanes crece de día en día. Así que habríamos ganado el primer combate serio, y con razón. Los franceses aún parecen ignorar qué clase de chisme se les ha metido en la mano con el fusil de retrocarga.

El juego que se trae Moltke es muy arriesgado. Según mis cálculos, no habrá terminado su concentración antes del martes o del miércoles. De Aquisgrán a la frontera hay alrededor de 20 millas alemanas, de 4 a 5 jornadas de marcha forzada, máxime con este calor. Así pues, difícilmente podrá estar el 7.º cuerpo completo mañana en el Sarre, y hoy tal vez se haya ya librado la batalla principal. En todo caso, el margen es tan fino que 24 horas de más o de menos tendrán una importancia enorme. La batalla propiamente dicha probablemente se librará en el Sarre, entre Merzig y Sarrebruck. Es bueno que los franceses hayan atacado primero en territorio alemán. Si los alemanes, después de rechazar la invasión, pisan los talones al enemigo, el efecto en Francia no será ciertamente el mismo que si penetraran en Francia sin una invasión previa. Con ello, la guerra conserva en el lado francés un carácter más bonapartista. El éxito final —que al cabo los alemanes vencerán— es para mí indudable; pero el plan de Moltke delata la certeza absoluta de poderse presentar en la primera batalla con una superioridad aplastante. Es probable que ya el martes por la noche sepamos si no ha calculado mal. Moltke echa a menudo sus cuentas sin contar con su Guillermo.

Cuanto más se arrastra el filisteo alemán ante su Guillermo que confía en Dios y se arrastra ante Él, tanto más insolente se vuelve contra Francia. El viejo gañido por Alsacia y Lorena vuelve ya a estar muy campante, con los de Augsburgo a la cabeza. Pero los campesinos loreneses ya se encargarán de hacerles ver a los prusianos que la cosa no es tan sencilla.

En cuanto al tratado, tienes toda la razón. Las gentes no son tan tontas como Bismarck se imagina. La cosa tiene únicamente de bueno que ahora toda la porquería ha de salir a la luz, y que se ha acabado la trapacería entre Bismarck y Bonaparte. En todo este asunto de la neutralidad, incluido el carbón, los alemanes se comportan, como cumple a su historia, como niños. Son cuestiones que jamás se le habían planteado al pueblo. ¿Quién se las ha preguntado nunca?

Los rusos, adjunto, de vuelta. Rusos, rusos se quedan. ¡Qué chismorreo es ése! Seis rusos se pelean entre sí como si el señorío del mundo dependiera del resultado. Y ni siquiera aparecen los cargos contra Bakunin; únicamente el lamento por las camarillas en Suiza. En todo caso, los nuestros parecen ser honestos, hasta donde un ruso puede serlo; pero yo tendría cuidado con ellos. Entre tanto, no viene mal conocer todo ese comadreo; forma parte de la diplomacia del proletariado.

Recibo el *Volksstaat* de manera harto irregular por culpa del correo. El número del 23 llevaba una faja con matasellos del 19; así manipulan esos tipos. Faltan por completo muchos números. En los dos últimos números, Guillermo no estaba muy activamente estúpido; se había parapetado tras la confraternización de los obreros alemanes y franceses.

Schorlemmer tiene dos hermanos en la división hesiana, suboficiales de un año. De Smith, nada más. Muchas gracias por la molestia. Si esta semana no sé nada, le escribiré a Smith un tanto ásperamente. ¡Qué ocurrencia la de semejante aristócrata, querer informarse personalmente aquí! Si se lo hubiera dejado a su banquero, en tres días habría tenido toda la información. ¡Pero el hombre debe de tenerse por un hombre de negocios! ¡Menudo buey!

Un abrazo a todos. Lizzie va mejorando mucho de la rodilla.

Dupont, sin duda por mediación de Mothet, se había dejado encasquetar una casa en el barrio más malsano, justo al lado del río hediondo; pero yo me he encargado de que tome otra. Sin embargo, no le digas nada de esto; está resuelto. Pero no me ha vuelto a traer a Mothet; seguramente Serraillier le habrá escrito por ese motivo, y el mismo D[upont] parece respirar ahora aliviado de haberse quitado al tipo ese del pescuezo día y noche.

Tu F. E.