Querido Mohr:

Ayer tuve que escribirte a toda prisa a causa de Dupont, sin poder sopesar debidamente el asunto con Lizzie; durante todo el día tuve que hacer en la ciudad y por la noche hubo votación en el club, de modo que solo más tarde pude hablar del asunto con tranquilidad con Lizzie, y resultó entonces que no hay motivo alguno para molestar ni a Serraillier ni al cuñado de D. por la muchacha —a quienes, de todos modos, ya les costará bastante retener a los otros niños consigo—; la niña puede dormir perfectamente con Mary Ellen y no nos molestará en absoluto. Dupont puede igualmente alojarse en mi casa los primeros días, hasta que lo hayamos instalado en cierta medida, y es mucho mejor que yo arregle eso junto con él que solo, sin tenerlo a él presente. Lizzie dice que tiene ropa de cama suficiente para ello, incluso sin la que usó Mary Ellen durante la escarlatina, la cual, naturalmente, no quisiera yo que se utilizara aún. Todo esto no podía saberlo ayer por la mañana, cuando te escribí; pero para que ya hoy tengas otras noticias junto a mi carta de ayer, te telegrafié esta mañana: «Dupont's little girl welcome to stay with us, direct them both to my house, advise time of arrival». Espero que hayas recibido este telegrama antes de nuevas consultas con D. Tienes que hacerle entender que no necesita guardarse en absoluto de aceptar mi ofrecimiento (si esto es necesario, es decir, el hacérselo entender); él no solo se allana a sí mismo la cosa, sino también a mí, al venir directamente a mi casa con la pequeña. Ruégale, pues, en mi nombre que se organice tal como yo propongo, y hazme saber solo cuándo viene para que yo pueda recibirlo en la estación.

Los mejores saludos.

Tuyo,
F. E.