Manchester, 17 de mayo de 1870.

Querido Mohr:

Liebknecht difícilmente te enviará mi carta, pues es todo lo contrario de lo que Wilhelm dice de él. Me he guardado expresamente de emplear toda expresión ofensiva, pero toda la carta gira naturalmente en torno al amargo hecho de que Wilh[elm] escribe bajo mi firma sobre cosas de las que (como ahora se confiesa) no sabe nada. Y esto sí que tiene que «ofenderlo». Cómo puede imprimir la cochina carta de Netschajew, que se compone de puras injurias y, fuera de eso, no contiene nada más que los más estúpidos lugares comunes rusos, sentimentales, es algo que a uno le resulta incomprensible aún ahora. Sólo la colosal pereza que quiere a toda costa llenar el periódico sin trabajo propio puede explicar cosa semejante. Para poner fin a ese «estado de cosas», lo mejor que puedes hacer es venir aquí a lo largo de esta semana, y con Tussy. El cambio de aires te ha sentado siempre bien, y de moverte ya nos encargaremos nosotros aquí, mejor de lo que puedes hacerlo allí. En el peor de los casos, también puedes consultar a Gumpert. Pero trae a Tussy. Lizzie ya ha horneado pan de grosellas para su llegada, y toda la casa está en júbilo desde que dije que te pediría que la trajeras. Si podéis venir mañana, tanto mejor; entonces telegrafía simplemente; no hace falta más tiempo para poner vuestras habitaciones en orden. Si no, el jueves. Nos hará bien a ambos marchar con ganas por los campos y reírnos de los diversos disparates que han ocurrido desde mi última estancia en Londres. Lizzie ha prometido acostarse todas las noches –excepto siempre los domingos– con Tussy a las 11 en punto, sin falta, de modo que este punto tampoco ofrece dificultades. Por último, creo que mi Rüdesheimer del 57 está justamente ahora en el momento en que debe ser bebido, y para eso necesito tu ayuda. Así pues, o mañana un telegrama y «han selv», aunque no con 22 000 hombres como dijo «han self selv», pero sí con Tussy – o bien pasado mañana. Muchos saludos

Tuyo
F. E.

Bracke había preguntado por la impresión de la carta y me había fijado un plazo de prohibición que dejé transcurrir, pues no me interesaba en absoluto.