Manchester, 29 de abril de 1870.

Querido Mohr:

A Borkheim le he escrito enseguida, y por cierto dirigida a 10 Brunswick Garden, Kensington, W. Si esta dirección no es correcta, ten la bondad de advertírselo. Para ver a Schapper, en verdad me habría gustado mucho acercarme, y lo haría aún si tu carta no me hiciera suponer que probablemente ya ha muerto. Siempre hubo en él algo de protorrevolucionario, y si el pobre muchacho ha de irse de una vez, me alegro al menos de que se comporte tan magníficamente hasta el final. Si, a consecuencia de la pulmonía, ha contraído tisis, entonces ciertamente no hay nada que hacer y la cosa irá muy rápido. La carta de Bakunin es realmente muy ingenua. ¡Qué desgracia para el mundo si no fuera horriblemente mentira que en Rusia hay 40.000 estudiantes revolucionarios, sin un proletariado o siquiera un campesinado revolucionario detrás de ellos y sin otra carrera por delante que el dilema: Siberia o emigración a Europa Occidental! Si algo pudiera arruinar el movimiento de Europa Occidental, sería la importación de esos 40.000 nihilistas rusos, más o menos instruidos, ambiciosos, hambrientos; puros aspirantes a oficiales sin ejército, que nosotros habríamos de ponerles; una preciosa exigencia: que para dar unidad al proletariado europeo, ¡éste ha de ser comandado a la rusa! Con todo, por mucho que B. exagere, es sin embargo más claro que el sol que el peligro existe. La Святая Русь [Santa Rusia] vomitará cada año un cierto número de estos rusos «sin carrera», y bajo el pretexto del *principe international* se infiltrarán por doquier entre los obreros, se granjearán fraudulentamente papeles de dirigentes, meterán en las secciones su cizaña de intrigas privadas —inevitable en los rusos—, y entonces el Consejo General tendrá trabajo bastante. Enseguida me llamó ya la atención que Outine se las ha apañado para hacerse ya con una posición entre los de Ginebra. ¡Y estos rusos se lamentan de que en su tierra todos los puestos estén ocupados por alemanes!

A Wilhelm le he expuesto amistosamente diversas cosas, tanto sobre su conducta anterior como sobre la actual en el Reichstag. Bonhorst ha sido detenido en Eschweiler por carecer de documentos de legitimación, y eso después de que la ley de abolición de pasaportes fuera hecha por el Reichstag, y el señor Liebknecht deja escapar esta oportunidad de interpelar al gobierno por una flagrante ilegalidad y de obligarle a confesar que semejantes leyes no han de tener vigencia alguna para los obreros. ¡Y mientras tanto estos burros esperan que los obreros vuelvan a elegirlos! A Bracke, que me pidió dinero para el «Partido», le he escrito por lo demás cuán importante es que en todas partes presenten e impongan candidatos obreros. Wilh. es capaz de decir que eso no es en absoluto necesario.

Los periódicos españoles y *La Flèche* recibidos con agradecimiento. Cuando en otoño de 1849 pasé por delante de Mallorca no me habría podido soñar que 20 años después tendríamos allí un periódico. Entonces aquel villorrio pasaba por un desierto corso. Pigott sigue siendo el mismo tipo equívoco. ¡En Irlanda han de tener una «República», pero los franceses deben quedarse bajo Bonaparte! Mi libro, cuando salga, lo silenciarán a muerte exactamente igual que hacen ahora con los artículos irlandeses de *La Marseillaise*.

Las antiguas leyes irlandesas, entre las que hurgo ahora, son un bocado amargo. Primero, el texto en sí no es muy claro, pues presupone un conocimiento del conjunto del antiguo derecho irlandés que ya no existe en absoluto; 2) está muy desfigurado; 3) la traducción es mala y en algunos pasajes decididamente falsa; pero de ello se desprende, no obstante, tanta claridad como que las relaciones agrarias no eran tan sencillas como el bueno de Davies las presenta —interesadamente—. Las leyes, en la medida en que se han publicado, dan sin embargo sólo el lado enmarañado, no el simple. Por lo demás, aún no he acabado con el trasto; me veo obligado a veces a consultar también el texto céltico, y como no tengo ni siquiera una gramática, no se avanza muy deprisa con eso. Una cosa me queda clara: los editores, con todo su conocimiento del céltico, no entienden el contenido mejor que yo. Las cosas se publican a expensas del Estado por los *Commissioners for the publication of the Ancient Laws & Institutes of Ireland*. Es un trabajo horrendo, del todo evidente. ¿En qué *Parliamentary Paper* puede verse cuánto cuestan al año estos tíos? Están sentados desde 1852, no hacen nada, salvo contratar subordinados trabajadores, y estos dos volúmenes son lo único que ha aparecido hasta ahora.

Muchos saludos a todos vosotros
Tuyo
F. E.