Querido Fred:

Adjunto la *Marseillaise*, que, sin embargo, debe ser devuelta con la anterior. Yo mismo no la he leído aún. El artículo está escrito conjuntamente por Jennychen y yo, porque no disponía de tiempo suficiente. Esta es también la razón por la cual no te responde a tu carta y hace que la Sra. Lizzy te transmita provisionalmente su gratitud por el trébol a través de mí. Por la carta adjunta a Jenny de Pigott verás que la Sra. O’Donovan, a quien Jenny envió una carta privada junto con 1 *Mars.*, la tomó por un caballero, aunque firmó como Jenny Marx. Hoy he contestado a Pigott por encargo de Jennychen y en dicha ocasión le he expuesto también brevemente mis puntos de vista sobre la cuestión irlandesa.

Tu indicio sobre la falsificación de Bruce ya ha sido utilizado en la carta enviada ayer por J. a la *Mars.*

Tenemos el *Report* de Knox y Pollock (pero no lo habíamos consultado) y asimismo «Things not generally known». En cambio, me obligarás si envías a vuelta de correo: 1) el escrito de Lassalle contra Schulze-Delitzsch y 2) el libro del loco de Friesen «Clement». A causa del revuelo que la segunda carta de J. (que contenía la traducción condensada de la carta de O’Donovan) ha causado en París y Londres, no ha dejado dormir al repugnante e inoportuno (pero muy suelto de boca y pluma) Talandier. Había denunciado a los irlandeses como idiotas católicos. Ahora, en la *Marseillaise*, toma partido por ellos, igualmente a boca llena, en una reseña de lo que *Times*, *Daily Telegraph* y *Daily News* han dicho sobre la carta de O’Donovan.

Como la segunda carta de Jennychen no estaba firmada (por accidente), se halaga evidentemente con la idea de que se le tomará por el remitente secreto. Esto se lo ha frustrado la tercera carta de J. El tipo es, por lo demás, profesor de francés en la escuela militar de Sandhurst.

El martes pasado estuve por primera vez de nuevo en sesión del Consejo General. Conmigo Felix Holt, el bribón. Se divirtió mucho, porque en efecto, excepcionalmente, había algo interesante. Los proletarios «positivistas» de París, como es sabido, ya habían enviado un delegado al Congreso de Basilea. Se discutió si debía ser admitido, porque representaba a una sociedad filosófica, no a una sociedad obrera (aunque él y sus consortes pertenecen todos «personalmente» a la clase obrera). Finalmente fue admitido como delegado de miembros personales de la «Internacional». Estos muchachos se han constituido ahora en París como sección de la Intern. – un acontecimiento sobre el cual los comtistas de Londres y París han hecho gran ruido. Creían haber introducido la delgada cuña.

El Consejo General, ante la notificación de los «proletarios positivistas» de su adhesión, les recordó muy cortésmente que el Consejo sólo podía permitir su ingreso previo examen de su programa. Enviaron por tanto un programa – auténticamente comtista ortodoxo – que fue discutido el martes pasado. Presidió Mottershead, muy inteligente (aunque enemigo de los irlandeses) viejo cartista y enemigo personal y conocedor del comtismo. Tras un largo debate: Puesto que son obreros, pueden ser admitidos como simple sección. En cambio, no como «sección positivista», puesto que los principios del comtismo contradicen directamente los de nuestros estatutos. Por lo demás, es asunto suyo cómo poner sus opiniones filosóficas privadas en armonía con las de nuestros estatutos.

Sobre el escrito de Solingen, próximamente.

Salut D Moro.