Manchester, 7 de marzo de 1870.

Querido Mohr:

Tu carta me llegó ayer en un estado muy sospechoso y, lo que es aún más sospechoso, una hora entera después de la hora habitual. Como los domingos sólo hay un reparto de correos aquí, esto resulta muy curioso. ¿Acaso el muy honorable Mr. Bruce se interesa por nuestra correspondencia? Cuando el sábado por la tarde leí en el «Irishman in Paris» la historia con la Marsellesa, supe enseguida en qué parte del mundo buscar a Mr. Williams, pero no pude explicarme el nombre de pila, por muy tonto que fuera de mi parte.

La historia es muy bonita, y la ingenua carta con la ingenua pretensión de Rochefort de pedir a O’Donovan Rossa una colaboración para la Marsellesa le brinda a Jenny la mejor ocasión de enlazar con el trato dado a los prisioneros y de abrir los ojos a los bonshommes del otro lado. ¿Por qué no haces publicar la comunicación del Consejo General Central a los ginebrinos? Las secciones centrales de Ginebra, Bruselas, etc., leen estas cosas, pero mientras no se publiquen no penetran en las masas. Asimismo deberían aparecer en alemán en los órganos correspondientes. Publicáis muchísimo menos de lo necesario. Envíame, pues, los números correspondientes de la Marsellesa y de l’Internationale para unos días.

El éxito de Jennychen en esto ha provocado aquí un hurra general, y la salud de Mr. J. Williams ha sido bebida con todos los honores debidos. Estoy muy ansioso por el desarrollo ulterior del asunto. El estúpido corresponsal del Irishman en París debería intentar alguna vez si puede meter tales cosas en los periódicos de su amigo Ollivier.

Hace un par de días, mi librero me envía de repente el Senchus Mor, las antiguas leyes irlandesas, y no en la nueva edición, sino en la primera. Esto lo había conseguido por fin a fuerza de mucho pataleo. ¡Y semejante dificultad con un libro que lleva en la portada el nombre de la firma londinense Longmans y que está editado por el gobierno! Todavía no he podido examinar el chisme, porque entre tanto he emprendido varias cosas modernas (sobre el siglo XIX) y tengo que despacharlas primero.

Con Meißner he cerrado el contrato a participación en las ganancias.

En este momento recibo un telegrama a medio entender de Barmen, sin fecha, del que sólo se desprende que mi madre está gravemente enferma. Si hay una carta en camino o si se ha perdido un telegrama anterior, no lo sé. Tampoco he recibido hoy el periodiquito de Liebknecht. Es muy posible ahora que en un par de días tenga que ir a Alemania. Si es así, te veré en el viaje de ida. Pero espero que todo vaya aún bien.

Tuyo
F. E.