19 de Feb. de 1870.

Querido Fred,

Aunque sigue siendo muy inoportuno salir de noche con este tiempo, anoche estuve en casa de Gaudissart. Me había escrito que tenía algo muy importante que comunicarme y que no podía acarrearme los documentos. ¿De qué se trataba? De una carta monstruo sobre rúsica, un indescriptible batiburrillo que salta del ciento al mil en atropellada confusión, con el que agasaja al “Zukunft” y que este último no imprime, ni siquiera responde a sus cartas apremiantes solicitando “aclaración” sobre tal proceder. Además: una carta del editor del “Hermann” de aquí, en la que le insta a escribir para su periódico contra Rusia. Bismarck, a lo que parece, se enfada mucho por los ataques de Katkov. Finalmente, un artículo en el periódico de Katkov en el que éste 1) hace sospechoso a Bakunin por ciertos manejos de dinero, 2) lo señala como su corresponsal siberiano y 3) le reprocha haber escrito, desde Siberia o poco antes de ser enviado allí —no recuerdo con exactitud—, una carta sumamente sumisa al emperador Nicolás. Gaudissart me enviará copia de todo ello, que te comunicaré. Gaudissart tiene otra vez negocio, pero aún ninguna oficina nueva en la City. Además tiene que volver a poner en marcha el business. Esta noche —aunque la de ayer no me sentó bien— he de ir de nuevo a la City. Estoy convocado al subcomité. Y el asunto es en verdad importante, pues los lioneses han echado a Richard de su sociedad, pero el Consejo General tiene que decidir. Richard, hasta ahora dirigente en Lyon, un hombre muy joven, es muy activo. Fuera de su vasallaje respecto a Bakunin y de la presuntuosa sabihondez que ello conlleva, no sé qué reprocharle. Parece que nuestra última circular ha causado gran sensación y que en Suiza, como en Francia, se ha desatado una cacería contra los bakuninistas. Pero est modus in rebus, y velaré para que no se cometa injusticia alguna. Lo mejor del discurso de Gladstone es el largo preámbulo en que dice que incluso las leyes “benéficas” de los ingleses producen siempre en la práctica su contrario. ¡Qué mayor prueba quiere ese tipo de que Inglaterra no está llamada a ser legisladora y administradora de Irlanda! Sus medidas son bonito remiendo. Lo principal en ellas es cebar a los abogados con la perspectiva de pleitos y a los terratenientes con la perspectiva de “ayuda estatal”. El escándalo electoral de Odger tiene doble bondad: los cerdos de los whigs han visto por primera vez que han de dejar entrar a los obreros en el Parlamento o, de lo contrario, entran los tories. Pero en segundo lugar, la lección para el señor Odger y consortes. A pesar de Waterloo, habría salido elegido, si una parte de los obreros irlandeses no se hubiera abstenido de votar, porque en el debate en el Consejo General, que conocían por el Reynolds, se había comportado de forma tan ambigua. Recibirás el proyecto de ley irlandés la próxima semana. Salut. D KM. A propósito. El señor Siebel o Sybel, como se llame ese tipo, parece olvidar que los prusianos ya habían dejado en la estacada a los austríacos para participar, excluyéndolos, en la segunda partición de Polonia. El marrano proceder de los prusianos en aquella ocasión está ya desvelado en un escrito polaco de 1794, que he leído en traducción alemana, y la manera sumamente tosca con que Rusia convirtió a las dos grandes potencias alemanas en sus tools y fools en la guerra antijacobina está muy bien expuesta en un panfleto polaco escrito en francés de 1848. No tengo en la memoria los nombres de los dos autores citados, pero figuran en mis cuadernos.