Allen estuvo ayer de visita en mi casa. Nada más que un simple resfriado. Me aconseja, sin embargo, que siga guardando arresto domiciliario hasta que cese el viento ruso, «which blows no good to anybody». Tu introducción, muy buena. No sé qué habría que cambiar o añadir. Estoy de acuerdo palabra por palabra con el tratamiento de 1866. ¡Muy bonito el doble golpe al Wilhelm del partido popular y a Schweitzer con su pandilla de harapientos! En cuanto a las excusas de Wilhelm, nunca se sabe si miente a propósito o si, de pura confusión, todo le da vueltas en la cabeza como una rueda de molino. El hecho es que escribí desde Hannover a Meissner que enviara ejemplares a Wilhelm, al «Zukunft» y a Schweitzer, y que este último publicó inmediatamente una reseña detallada. Además, los amigos de Wilhelm —Bonhorst y Bracke—, en su visita a Hannover, vieron la nueva edición y me contaron que se habían puesto de acuerdo con Meißner para publicar una edición popular más barata. Meissner me escribió al respecto. Yo acepté que esta edición constase de 2.000 ejemplares, de los cuales 1.000 se cederían al precio de costo a Bonhorst, etc. Ellos se habían comprometido a encargarse de la colocación de esos 1.000. Desde entonces no he vuelto a saber nada del asunto. Ahora pondremos a Wilhelm a prueba. Escríbele que le pregunte a Meissner cómo es que no ha reseñado el «18 Brumario» ni en el «Volksstaat» ni en el «Zukunft», e igualmente, a pesar del encargo que le di desde Hannover, no le ha enviado ejemplares ni a él ni al «ZukunftsWeiss». Mediante la respuesta de M. tendría yo ocasión de hablar seriamente con este último sobre su desidia. Totalmente de acuerdo con tus glosas sobre la prensa radical francesa. Proudhon no fue en vano el socialista del Imperio. Mi firme convicción es que, aunque el primer golpe parta de Francia, Alemania está mucho más madura para un movimiento social y superará con mucho a los franceses. Gran error y autoengaño de estos últimos si todavía se consideran el «pueblo elegido». A propósito: Jennychen oyó ayer murmurar en casa de Monroe que el Sr. John Bull Bright no está en el campo, como dicen los periódicos, sino en la ciudad bajo vigilancia de un médico de locos. El reblandecimiento cerebral ha vuelto a aparecer. Cobbett observa, a propósito del suicidio de Castlereagh, que Inglaterra, during one of its most critical epochs, was governed by a madman. Y lo mismo vuelve a ocurrir ahora, durante la crisis irlandesa. Es espléndido que Bouverie, this incarnation of pure Whiggism, considere ilegal el procedimiento quoad O’Donovan. B. está furioso porque le han vuelto la espalda en el reparto de cargos. El título del libro de N. Flerovski es: «Положенiе рабочаго класса въ Россiи.» «С.-Петербургъ. Изданiе Н. П. Полякова. 1869.» Lo que me divierte mucho en Flerovski, entre otras cosas, es su polémica contra los impuestos directos a los campesinos. Es la reproducción exacta de Mariscal Vauban y Boisguillebert. Siente también que la situación de la gente del campo tiene su análogo en la época de la vieja monarquía francesa (desde Luis XIV). Como Montheil, tiene mucho sentido para las peculiaridades populares: el «kalmuko de juicio recto», el «mordvino, poético a pesar de su suciedad» (al que compara con los irlandeses), el «tártaro diestro, epicúreo, vivaz», el «pequeño ruso talentoso», etc. Como buen ruso, instruye a sus compatriotas sobre lo que deberían hacer para convertir en lo contrario el odio que todas esas tribus les profesan. Como ejemplo de odio aduce, entre otras cosas, [cómo] una colonia realmente rusa fue trasladada de Polonia a Siberia. Esas gentes sólo saben ruso, ni una palabra de polaco, pero se consideran polacos y dedican a los rusos un odio polaco, etc. De su libro se desprende de manera irrefutable que las actuales condiciones en Rusia ya no son sostenibles, que la emancipación de los siervos, por supuesto, no ha hecho más que acelerar el proceso de disolución y que se avecina una terrible revolución social. Aquí se ve también la base real del nihilismo de colegial que ahora está de moda entre los estudiantes rusos, etc. En Ginebra —dicho sea de paso— se ha formado una nueva colonia de estudiantes rusos exiliados, que en su programa proclaman la lucha contra el paneslavismo y la «Internacional» en lugar de éste. Flerovski demuestra en un apartado propio que la «rusificación» de las tribus extranjeras es una ilusión puramente optimista, incluso en el Este. No necesitas enviarme el Lilienthal Lilienfeld. Gaudissart lo tiene en ruso y en alemán. Me comunicó anteayer su regreso. Según una noticia anterior de su mujer a la mía, habría encontrado un nuevo puesto. Pero me extraña que no mencione nada en su última epístola. Adjunto copia de la carta de Hins a Stepney, que tendrás que devolverme. En mi respuesta le he lavado la cabeza al tipo como se merecía. Cuán exactamente se informa lo muestran, entre otras cosas, los siguientes puntos. Dice que en nuestro informe sobre el Congreso de Basilea hemos suprimido los debates sobre el derecho sucesorio. Probablemente Bakunine se lo ha hecho creer, y él se lo cree, ¡aunque tiene nuestro informe en las manos y sabe suficiente inglés para leerlo! ¡Habla de «mi» carta a Ginebra, adonde no he escrito ni una línea! Mi expostulación sobre las maniobras de Bakunine se encuentra en mi carta a Bruselas, a donde —además de comunicar la circular del Consejo General a Ginebra— tenía que rendir un informe general y anunciar el nombramiento de un nuevo secretario para Bélgica (Serraillier, ouvrier bottier — de Marsella). Nos acusa de haber provocado la crisis en Ginebra, que —como muestra la Égalité— estaba terminada más de una semana antes, sin que nuestra misiva hubiera llegado, etc. El Consejo General belga, a pesar de Hins, ha declarado su plena conformidad con nosotros. Es extraño: también el viejo Becker declara, con los demás bakuninistas, su salida del comité de redacción de la Égalité. Al mismo tiempo sostiene en su «Vorbote» exactamente lo contrario de lo que B. hacía en la Égalité. ¡Viejo Consejero de la confusión!
Salut.
D KM.