22 de enero de 1870. Querido Fred, hoy te escribo sólo estas pocas líneas, pues el brazo izquierdo está bajo vendaje y cataplasmas, es decir, no bajo mi mando. El asunto era un absceso que guardaba relación con las glándulas. Además, algunas pequeñas cosas que ayer se pusieron en orden mediante lanceta. Hoy todo en el mejor progreso, el doctor quedó muy satisfecho. El oporto que llegó ayer me presta un gran servicio. No te irás a figurar que yo he aprendido en unas pocas semanas tanto ruso — no diré tanto como tú has olvidado, sino tanto como te quedaría si hubieras olvidado tres veces más. Soy sólo un principiante. Así que Herzen ha muerto. Justo cuando yo terminaba con «Тюрьма etc.». Han ocurrido todo tipo de cosas en la «Internacional», especialmente en relación con las intrigas de Bakunin. Pero ahora es demasiado largo para escribirlo. Los movimientos parisinos son divertidos. Como Olivier es también librecambista, naturalmente es el hombre que le agrada al filisteo inglés, quien siempre olvida que lo que a él le gusta prima facie tiene que ser repugnante para los franceses franceses. Mis recuerdos a la señora Lizzy y a todos ellos. Tu Moro. ¡Qué dices tú de esa sabihondez en el «Zukunft», con la que intenta escabullirse del campo meramente político! A propósito. Tengo aún una pequeña esquela de Liebknecht para ti, que llegó durante tu ausencia de Inglaterra. Pero ahora no puedo buscarla entre el revoltijo de papeles. Para la próxima.