Londres, 17 de diciembre de 1869. Querido Fred: Muchas gracias por las £ 100. Ayer no pude acusar recibo, debido a la repentina irrupción de Strohn. El pobre diablo había tenido de nuevo su ataque de la sangre en mayo. Desde entonces se ha visto obligado a vagar por Suiza, etc., por motivos de salud; tiene un aspecto lamentable y está muy malhumorado. Los médicos le aconsejan que se case. Strohn regresa de aquí a Manchester (?) Bradford y desea que le envíes el Urnings o como se llame el libro de los pederastas. En cuanto se haya marchado (se va el lunes), salgo yo mismo a recorrer la ciudad en busca del Prendergast. La semana pasada fue imposible por el mal tiempo de los demonios, que en mi estado aún no restablecido no podía arriesgarme a padecer. Recuerdo vagamente que P., en la introducción, presenta el período anglo-normando, y en verdad según me pareció, con los colores fantásticamente acríticos y optimistas de una aurora. Así pues, hay que conseguirlo, para que tú también lo examines con miras al primer período. Nuestras resoluciones irlandesas se remitieron a todos los trades unions que están en contacto con nosotros. Sólo una ha elevado protesta, una pequeña rama de los curtidores — por considerarlas políticas y no dentro de la esfera de acción del Consejo. Les enviamos una diputación para esclarecer la cuestión. El señor Odger se ha dado cuenta ahora de lo útil que le fue haber votado a favor de las resoluciones, pese a toda clase de objeciones diplomáticas. Como resultado, los 3.000 o 4.000 electores irlandeses de Southwark le han prometido sus votos. Por la adjunta Égalité, que necesito que me devuelvas, verás con qué insolencia procede il Signor Bakunin. Este tipo dispone hoy de 4 órganos de la Internacional (Égalité, Progrès en Locle, Federacion, Barcelona, y Eguaglità, Nápoles). Intenta ganar pie en Alemania mediante una alianza con Schweitzer, en París recurriendo a las lisonjas al periódico «Le Travail». Cree que ha llegado el momento de iniciar una querella pública con nosotros. Se las da de guardián del verdadero proletarismo. Pero se va a llevar una sorpresa. Nosotros enviamos la semana que viene —afortunadamente, el Consejo Central ha suspendido sus sesiones hasta el martes después de Año Nuevo, de modo que podemos actuar libremente en el subcomité sin la amigable injerencia de los ingleses— una misiva al Comité Federal Romando en Ginebra, con amenazas; y como esos señores (de los cuales, por lo demás, una parte considerable, tal vez la mayor, está contra Bakunin) saben que, según las resoluciones del último Congreso, podemos en caso necesario suspenderlos, se lo pensarán dos veces. El punto principal en torno al cual girará nuestra misiva es el siguiente: la única representación de las ramas romandas en Suiza frente a nosotros es el Comité Federal de allí. Éste debe transmitirnos sus demandas y reprimendas privadamente a través de su secretario Perret. Ellos no tienen en absoluto el derecho de abdicar de sus funciones en manos de la Égalité (una non-existence para nosotros) y pretender del Consejo Central que se embarque en explicaciones y polémicas públicas con ese remplazante. Que las réplicas del Consejo General se publiquen o no en los órganos de las ramas de la Internacional depende enteramente de la decisión del Consejo General, el único responsable directamente ante el Congreso. Con este motivo recaerán golpes sobre ciertos intrigantes que usurpan una autoridad que no les corresponde y pretenden someter la Internacional a su dirección privada. En lo tocante a la grita del cosaco acerca del Bulletin, la cosa es como sigue: en el Congreso de Bruselas se resolvió que habíamos de publicar periódicamente boletines sobre huelgas, etc., no en ciertas (?) «in the several languages», «as often as its (the General Council) means permit». Pero bajo la condición de que, por nuestra parte, recibiéramos informes, documentos, etc., de los Comités Federales al menos cada tres meses. Como no recibimos ni esos informes ni los medios para imprimir los informes, esta resolución quedó naturalmente en letra muerta. De hecho, se hizo superflua con la fundación de los numerosos periódicos de la Internacional que se intercambian entre sí (el Bee-Hive como registro de las huelgas inglesas, etc.). En el Congreso de Basilea se recalentó la cuestión de nuevo. El Congreso trató las resoluciones de Bruselas sobre el boletín como non-existent. De otro modo, simplemente habría encargado al Consejo General que las ejecutara (lo que, sin la obtención de los medios, habría sido también lettre morte). Se trataba de un boletín en otro sentido (no como antes resúmenes de huelgas, etc., sino rather reflexiones generales sobre el movimiento). Sobre esto, sin embargo, el Congreso no llegó a votar. Así pues, no existe en la actualidad ninguna resolución en esta cuestión. ¡Pero explicar al público, mediante una réplica pública a la Égalité, que las resoluciones de Bruselas permanecieron irrealizables, 1) porque los miembros no pagaban sus peniques, y 2) porque los Comités Federales no cumplían con sus funciones, sería una hermosa política! Con referencia a Schweitzer sabe el señor B., que entiende alemán, que S. y su banda no pertenecen a la Internacional. Sabe que Schweitzer rechazó públicamente la moción de Liebknecht de hacer del Consejo General un árbitro. Por tanto, su modo de plantear la cuestión constituye una canallada tanto mayor cuanto que su amigo Ph. Becker, presidente de las agrupaciones de lengua alemana, forma parte del Consejo Federal de Ginebra y está allí para proporcionarles la información necesaria. Su objeto es sólo encontrar un asidero contra Schweitzer. Mais il verra! He escrito extensamente sobre el asunto a De Paepe (para ser presentado al Comité Central de Bruselas). En cuanto un ruso semejante anida en alguna parte, al punto se arma la de todos los demonios. Borkheim se ha lanzado ahora al turco. ¿Vas tú a Alemania? Salut, D. K. M.