.Irlanda sigue siendo la “isla sagrada” cuyas aspiraciones no se deben confundir de ningún mado con la profana lucha de clase del reste del mundo pecador. Esto es sin duda, en alguna medida, una verdadera Iccura de esa gente, pero también es cierto que, en parte es una táctica “de los dirigentes, a fin de conservar su dominación sobre los campesinos. A esto se agrega el hecho de que los representantes literarios de una nación de campesinos que siempre han de surgir de la burguesía urbana y de sus ideólogos, y en este sentido Dublin (me refiero al Dublín católico) es a Irlanda en buena medida lo que Copenhague a Dinamarca. Pero para esta clase media, cualquier movimiento obrero es pura herejía, y el cam- pesino irlandés no debe sabér siquiera que sus únicos aliados en Europa son los obreros socialistas.