4 de dic. de 186[8/9]. Dear Fred, las resoluciones se aprobaron por unanimidad, a pesar de las constantes enmiendas verbales de Odger. Sólo cedí en un punto, suprimiendo la palabra «deliberate» antes de «insults» en el primer parágrafo. Lo hice bajo pretexto de que todo cuanto un Primer Ministro hace públicamente debe presumirse eo ipso deliberado. La verdadera razón fue que, una vez admitido el fondo del primer parágrafo, cualquier resistencia ulterior y toda perspectiva de éxito serían en vano. Te envío dos «National Reformers», con el informe de las dos primeras sesiones, aún no de la última. Este informe es también malo y en gran parte directamente falso (por malentendidos), aunque mejor que los informes de Eccarius en el de Reynolds. Son de Harris, de quien encontrarás también su panacea monetaria en el último número del «National Reformer». Con excepción de Mottershead, que se comportó como un John Bull, y de Odger, que actuó como siempre en diplomático, los delegados ingleses se han portado excelentemente. El martes comienza el debate general sobre la relación de la clase obrera inglesa con la cuestión irlandesa. Aquí no sólo hay que luchar contra los prejuicios, sino también contra la estupidez y la miseria de los portavoces irlandeses en Dublín. El «Irishman» (Pigott) no sólo ha conocido las negociaciones y resoluciones a través del Reynolds, que recibe y del que a menudo extrae cosas. Un irlandés le remitió directamente (las resoluciones) ya el 17 de nov. Hasta hoy, ni una sílaba a propósito. Ese burro procedió de modo similar durante nuestro debate y la petición por los tres hombres de Manchester. La cuestión «irlandesa» ha de ser tratada como algo completamente aparte, excluido del resto del mundo, y en especial debe silenciarse que los obreros ingleses simpatizan con los irlandeses. ¡Qué bestia más bovina! ¡Y frente a la «Internacional», que tiene órganos en toda Europa y los Estados Unidos! Esta semana ha recibido oficialmente las resoluciones con las firmas de los secretarios de relaciones exteriores. El asunto se ha enviado también al «People». Nous verrons. Mottershead está suscrito al «Irishman» y aprovechará infaliblemente esta ocasión para burlarse de los irlandeses de «altos vuelos». Pero yo le jugaré una mala pasada a Pigott. Escribo hoy a Eccarius para que envíe las resoluciones con las firmas, etc., a Isaac Butt, como presidente de la Irish Workingmen’s Association. Butt no es Pigott.

Para explicarte la carta adjunta de Applegarth, lo siguiente: al término de la última sesión, en la que se comportó muy bien, me tomó aparte y me comunicó esto: Un eminente miembro de la Cámara de los Comunes le escribía diciendo que había sido encargado por un eminente miembro de la Cámara de los Lores (¡Lord Leachfield!) para preguntarle si había votado en Basilea a favor de la abolición de toda propiedad privada. Su respuesta sería decisiva para la relación de los patronos parlamentarios de Applegarth con él. Él (A.) quería dar ahora a esos sujetos una respuesta decidida, y yo debía escribirle brevemente las «razones», al día siguiente. Yo estaba muy ocupado, además todavía sufriendo del brazo, y el resfriado agravado por la espantosa niebla tras la sesión del martes por la noche. Escribí, pues, a A. el miércoles que me era imposible, pero que estaba dispuesto a apoyarle cuando recibiera respuesta. Con obstinación inglesa, no aceptó eso y escribió la carta adjunta. Así que ayer, forzado de mala gana, tuve que escribirle ocho páginas apretadas, que le darán mucho que rumiar, sobre la propiedad territorial y la necesidad de su abolición. Este hombre es muy importante porque es, ante ambas Cámaras del Parlamento, el representante oficialmente reconocido de las Trade Unions inglesas.

Adjunto va también una carta de Bracke. No tengo nada contra Bonhorst; sólo le había dicho a Kugelmann que le tenía por una existencia un tanto catilinaria. Kugelmann, con su tacto habitual, se lo comunicó a Bracke amplificándolo.

Tussy agradece cordialmente a Dido su carta y envía saludos a todos. Salut. D. Mohr.