26 de noviembre de 1869. Querido Fred:

No he estado muy en pie esta semana y el asunto bajo el brazo sigue siendo molesto. Por eso no te he agradecido antes tus notas sobre Carey, cuyo volumen recibí ayer también.

En mi escrito contra Proudhon, donde aún aceptaba por entero la teoría ricardiana de la renta, ya he puesto de manifiesto lo que hay de falso en ella, incluso desde su propio punto de vista (el de Ricardo). “Ricardo, après avoir supposé la production bourgeoise comme nécessaire pour déterminer la rente, l’applique néanmoins à la propriété foncière de toutes les époques et de tous les pays. Ce sont là les errements de tous les économistes, qui représentent les rapports de la production bourgeoise comme des catégories éternelles.” El señor Proudhon, naturalmente, había transformado en el acto la teoría de Ricardo en expresión de moral igualitaria, y encontró, por tanto, en la renta determinada de Ricardo “un immense cadastre, exécuté contradictoirement par les propriétaires et les fermiers … dans un intérêt supérieur, et dont le résultat définitif doit être d’égaler la possession de la terre etc.”.

Observo al respecto, entre otras cosas: “Pour qu’un cadastre quelconque, formé par la rente, soit d’une valeur pratique, il faut toujours rester dans les conditions de la société actuelle. Or nous avons démontré, que le fermage payé par le fermier au propriétaire n’exprime qu’un peu exactement la rente que dans les pays les plus avancés dans l’industrie et dans le commerce. Encore ce fermage renferme-t-il souvent l’intérêt payé au propriétaire pour le capital incorporé à la terre. La situation des terrains, le voisinage des villes, et bien d’autres circonstances encore, influent sur le fermage et modifient la rente … D’un autre côté, la rente ne saurait être l’indice constant du degré de fertilité d’un terrain … l’application moderne de la chimie vient à chaque instant changer la nature du terrain, et les connaissances géologiques commencent précisément de nos jours à renverser toute l’ancienne estimation de la fertilité relative … la fertilité n’est pas une qualité aussi naturelle qu’on pourrait bien le croire: elle se rattache intimement aux rapports sociaux actuels.”

En cuanto al progreso del cultivo en los propios Estados Unidos, el señor Carey ignora los hechos más conocidos. Por ejemplo, Johnstone, químico agrícola inglés, explica en sus Notes sobre los EE. UU.: los emigrantes agrícolas de Nueva Inglaterra al Estado de Nueva York abandonaron suelos peores por mejores (mejores no en el sentido de Carey, de suelo que ha de fabricarse primero, sino en sentido químico y al mismo tiempo económico); los emigrantes agrícolas del Estado de Nueva York, que se establecieron primero más allá de los lagos interiores, pongamos por caso en Michigan, abandonaron suelos mejores por peores, etc. Los colonos de Virginia explotaron el terreno más favorable tanto por su situación como por su fertilidad para su principal producto, el tabaco, de manera tan abominable que tuvieron que avanzar hacia Ohio, un terreno peor para ese mismo producto [[aunque no para el trigo, etc.]], etc. La nacionalidad de los inmigrantes también se hizo valer en sus asentamientos. Las gentes procedentes de Noruega y de nuestra selva alta buscaron las ásperas tierras boscosas septentrionales de Wisconsin; los yanquis, en el mismo territorio, se atuvieron a las praderas, etc. Las praderas, tanto en los Estados Unidos como en Australia, son de hecho una espina clavada para C. Según él, un suelo que no esté absolutamente cubierto de bosque es por naturaleza infértil, y, por tanto, todo lo que es pradera natural. Lo más hermoso es que los dos grandes resultados finales de Carey (con referencia a los Estados Unidos) se encuentran en contradicción directa con su dogma. Primero, por la diabólica influencia de Inglaterra, las gentes, en lugar de cultivarse socialmente en el buen suelo modelo de Nueva Inglaterra, se diseminan hacia las tierras peores (!) del Oeste. Es decir, marcha de suelo mejor a suelo peor. [[Dicho sea de paso, by the by, la diseminación de C., en oposición a la asociación, está copiada por entero de Wakefield]]. Segundo, en el Sur de los EE. UU. la desgracia es que los esclavistas (a quienes el señor C., como armonicista, ha defendido en todos sus escritos anteriores) ponen en cultivo el mejor suelo demasiado pronto y se saltan los peores. ¡Así que, lo que no debía ser, se empieza por el mejor suelo! Si C. se convence con este ejemplo de que los cultivadores reales, aquí los esclavos, no son determinados ni por razones económicas ni por otras of their own, sino por coacción externa, habría podido contar con los dedos de la mano que esta circunstancia se da también en otros países. Según su teoría, el cultivo en Europa habría tenido que partir de las montañas de Noruega y avanzar de allí hacia los países del Mediterráneo, en lugar de marchar al revés.

La circunstancia económica de que, al contrario de toda otra maquinaria mejorada, la cada vez mejor maquinaria terrestre (según él) encarece sus productos —al menos por períodos— en vez de abaratarlos [[ésta fue una de las circunstancias que determinaron a Ricardo; él tampoco vio con sus narices más allá de la historia de los precios del trigo desde aproximadamente 1780 hasta 1815 en Inglaterra]], Carey intenta hacerla desaparecer por arte de magia mediante una teoría monetaria de lo más insulso y fantástica. Como armonicista, primero demostró que no hay antagonismo entre capitalista y obrero asalariado. El segundo paso era demostrar la armonía entre terrateniente y capitalista, y esto lo hace presentando la propiedad de la tierra como normal allí donde aún no se ha desarrollado. La gran diferencia decisiva entre colonia y país de vieja civilización, a saber, que en este último la masa del pueblo está excluida del suelo, sea fértil o infértil, cultivado o inculto, por la propiedad de la tierra, mientras que en la colonia la tierra, relatively speaking, puede todavía ser apropiada por el mismo cultivador… esta circunstancia no debe mencionarse bajo ningún concepto. No debe desempeñar absolutamente ningún papel en el rápido desarrollo de las colonias. La “cuestión de la propiedad” en su forma más económica, en efecto, daría al traste con la armonía. En cuanto a la distorsión intencionada según la cual, porque en un país con producción desarrollada la fertilidad natural del suelo es una circunstancia significativa para la producción de plusvalía (o como dice Ricardo, afecta a la tasa de ganancia), se sigue a la inversa que, por consiguiente, en las comarcas más fértiles por naturaleza ha de encontrarse también la producción más rica y desarrollada, de modo que, por ejemplo, México estaría por encima de Nueva Inglaterra…, a esto ya he respondido en “El Capital”, p. 502 y ss.

El único mérito de Carey es que afirma, tan unilateralmente como Ricardo lo contrario, la marcha del suelo peor al mejor, mientras que en la realidad se cultivan siempre simultáneamente clases de suelo de desigual grado de fertilidad y, por ello, entre germanos, eslavos, etc. y celtas, a este respecto tenía lugar una distribución muy cuidadosa de parcelas de diversa clase entre los miembros de la comunidad, lo que más tarde dificultó tanto la división de las tierras comunales. En cuanto al avance del cultivo en el curso de la historia, ora —según la multitud de circunstancias— se procede simultáneamente en ambas direcciones, ora predomina, por épocas, una u otra dirección.

Lo que convierte el interés del capital incorporado al suelo en un componente de la renta diferencial es precisamente la circunstancia de que el terrateniente recibe ese interés por un capital que no ha invertido él, sino el arrendatario. Este hecho, conocido en toda Europa, no debe existir económicamente, porque en los EE. UU. el sistema de arrendamiento aún no está desarrollado. Sin embargo, aquí la cosa se realiza bajo otra forma. El land jobber, y no el arrendatario, se hace pagar finalmente el capital desembolsado por éste en el precio de la tierra. La historia de los pioneros y de los land jobbers en los Estados Unidos recuerda a menudo, en efecto, las mayores atrocidades que ocurren, por ejemplo, en Irlanda. ¡But now damn Carey! ¡Vivat for O’Donovan Rossa!

La última sesión del martes fue muy fogosa, acalorada, violenta. Mister Muddlehead o como diablos se llame ese tipo —cartista, viejo amigo de Harney— había traído por precaución a Odger y a Applegarth. En cambio, faltaban Weston y Lucraft, porque estaban en un baile irlandés. El Reynolds’s había publicado en su número del sábado mis resoluciones, junto con un resumen de mi discurso (tan bien como pudo hacerlo Eccarius, que no es taquígrafo), y el Reynolds’s lo había impreso inmediatamente en la primera página del periódico, detrás de su primer artículo de fondo introductorio. Esto parece haber asustado a los que coquetean con Gladstone. Hence the appearance of Odger and a long rambling speech de Muddershead, a quien Milner (irlandés él mismo) le golpeó condenadamente en la cabeza. Applegarth se sentó a mi lado y por eso no se atrevió a hablar en contra, sino que habló a favor, evidentemente con mala conciencia. Odger dijo que, si la vote se forzaba, tendría que votar por las resoluciones. Pero que la unanimidad era, a fin de cuentas, mejor, y podía conseguirse mediante algunas pequeñas modificaciones, etc. A lo cual —ya que quiero meterlo en el lío precisamente— declaré que en la próxima sesión ¡podía proponer sus modificaciones! En la última sesión, aunque faltaban muchos de nuestros miembros más seguros, habríamos sacado la resolución contra un solo voto. El martes estaremos en plena fuerza. Salut D KM