Relato del discurso de Karl Marx sobre la actitud
del gobierno británico hacia la cuestión irlandesa
en la reunión del Consejo General,
16 de noviembre de 1869

Reynolds's Newspaper.
N.º 1006, 21 de noviembre de 1869

El gobierno británico y los presos políticos
irlandeses.

… El Dr. Marx abrió una discusión «Sobre la actitud del gobierno británico en la cuestión irlandesa». Dijo que, por lo general, existían dos fuentes de las que procedía la amnistía política. La primera se daba cuando un gobierno, atacado y victorioso, se sentía lo bastante fuerte, por la fuerza de las armas y la opinión pública, para despreciar al enemigo; o cuando los adversarios aceptaban las condiciones, como en América. Se concedía entonces la amnistía. La segunda se daba cuando el mal gobierno era la causa de la querella y la oposición lograba imponerse, como en el caso de Austria y Hungría; así debiera haber sucedido en Irlanda. Tanto el señor Disraeli como el señor Gladstone habían dicho que el gobierno inglés debía hacer por Irlanda lo que una revolución llevaría a cabo. El señor Bright había declarado que, si no se efectuaba un cambio radical, Irlanda estaría siempre madura para la revolución. Durante la campaña electoral, el señor Gladstone justificó a los fenianos y afirmó que cualquier otra nación se habría sublevado en circunstancias semejantes. Pronunció una fogosa declaración contra la política de conquista y sostuvo paladinamente que Irlanda debía ser gobernada según las ideas irlandesas. Para poner fin a la política de conquista, al convertirse en ministro, debiera haber comenzado, como América y Austria, con una amnistía. No hizo nada. Entonces las municipalidades de Irlanda iniciaron el movimiento por la amnistía. Se había organizado una petición con doscientas mil firmas para la liberación de los presos políticos. A fin de anticiparse a la delegación nombrada para presentar la petición y de disipar la idea de ceder a la presión irlandesa, se había puesto en libertad a algunos; el señor Moore había solicitado en la Cámara una investigación sobre el trato dado a los presos, trato que, según alegó, era infame. No había país en Europa donde los presos políticos fuesen tan mal tratados como en Inglaterra, y el señor Bruce se había visto obligado a reconocer el hecho; pero la investigación había sido denegada. El movimiento popular por la amnistía había comenzado en Limerick, donde se celebró una reunión a la que asistieron 30.000 personas y en la que se adoptó un memorial. Se han celebrado reuniones en todas las ciudades del sur y del norte. Después de la gran reunión de Dublín, del 10 de octubre, en la que estuvieron presentes 200.000 personas, el señor Gladstone contestó al memorial de Limerick de agosto. En su respuesta objetó que se hubiera empleado un lenguaje ofensivo y que la reunión exigiera como un derecho lo que solo podía ser un acto de clemencia. Un servidor público asalariado se permitía enseñar a una reunión pública cómo debía hablar. La objeción siguiente era que los presos no habían abandonado sus designios, designios que la prisión había truncado. ¿Cómo sabía el señor Gladstone lo que harían si se les ponía en libertad? ¿Acaso los había torturado para arrancarles una confesión? Quería que renunciaran a sus principios, degradarlos moralmente. Napoleón no había puesto la renuncia a los principios republicanos como condición de su amnistía; el rey de Prusia tampoco exigió nada semejante. Todos los presos irlandeses que habían sido puestos en libertad se condujeron bien. La objeción siguiente era que la conspiración seguía existiendo. Si existiera una conspiración, Scotland Yard la descubriría enseguida; se trataba solo de un descontento, un descontento de setecientos años de antigüedad, que el señor Gladstone había justificado repetidas veces. Los irlandeses declaraban que aceptarían la liberación incondicional de los presos como un acto de conciliación. ¿Creía el señor Gladstone que podía sofocar el fenianismo en América manteniendo a los presos como rehenes? Con ello lo fomentaba. Los irlandeses de América lo llamaban el jefe supremo. Luego se quejó de la prensa. ¿Iba a hacer responsables a los presos de una prensa que él no se atrevía a procesar? A continuación, el señor Gladstone había respondido que «la rebelión contra el orden público es siempre un crimen en este país, y que la Administración no puede tener otro interés que el castigo del crimen. Un soberano y un parlamento ilustrados han realizado un gran acto de justicia». La rebelión de Jefferson Davis no había sido un crimen en opinión del señor Gladstone, porque no iba dirigida contra el gobierno inglés. El orden público de este país era la opresión de Irlanda, y la Administración eran los servidores de los opresores. Con la Iglesia irlandesa solo se había eliminado el emblema de la conquista, no la servidumbre. La Iglesia irlandesa solo había sido un grito electoral para expulsar a los tories y dar a los cazadores de cargos irlandeses una excusa para venderse. El gobierno estaba decidido a dar seguridad a la vida y la propiedad. Eran los terratenientes ingleses quienes ponían en peligro la vida y la propiedad. Se pedía a los irlandeses que depositaran su confianza en el parlamento: el mismo poder que los había gobernado durante setecientos años; no debían tener opinión sobre sus propios asuntos. Era de la mayor estupidez pensar que los presos, en caso de ser liberados, pudieran ser más peligrosos de lo que lo es insultar a una nación entera. …