Querido Mohr:

El acuerdo sobre la propiedad de la tierra ha obrado verdaderos milagros. Por primera vez desde que Lassalle comenzó su agitación, obliga a esos tipos, en Alemania, a pensar lo que hasta ahora se tenía por completamente superfluo. Esto se desprende claramente de la carta de Bonhorst. La carta, por lo demás, no me desagrada, pese al amaneramiento y la semicultura, hay en ella un cierto, sano humor popular y con lo de la hipoteca ha dado justo en el clavo. La gente olvida, por lo demás, aparte de la cuestión principal con la gran propiedad territorial, que hay diversos tipos de campesinos: 1) el arrendatario, al que le es indiferente si la tierra pertenece al Estado o al gran propietario, 2) (?) los propietarios: primero, el gran campesino, contra cuya existencia reaccionaria hay que azuzar al jornalero y al mozo; segundo, el campesino medio, que también será reaccionario y que no es muy numeroso; y tercero, el pequeño campesino endeudado, al que se puede agarrar por la hipoteca. Además, se puede decir que, por el momento, el proletariado no tiene interés alguno en poner en tela de juicio la pequeña propiedad territorial. ¡Bendito sea Dios que nuestro bonachón Gögg esté ahora siendo desenmascarado por su propia gente por demasiado comunista! Detrás de eso se esconde el bueno de Ladendorff. Beust es, ciertamente, comunista sobre el papel, pero fácil de atrapar diciéndole que para tales fines no se había dado el dinero, sino sólo para revolucionar a Alemania en general. Y ahora hasta se supone que debemos mantener con vida al desdichado Felleisen, del que sólo cabe decir que cuanto antes se vaya al diablo, tanto mejor.

De las cosas alemanas podrías enviarme algunos rasgos característicos para estar un poco al corriente. Los prusianos han vuelto a hacer una de sus maravillosas prusianadas con la destrucción del monumento de Langensalza en Celle. Jamás se ha visto algo más rastrero que la interpelación del Sr. Miquel al respecto. Roon aprovechó la ocasión para hacer constar que en Prusia basta una orden de servicio del superior para que (?) con ello cualquier militar pueda pisotear cualquier sentencia judicial. Me da pena Serno; parece que realmente fue alguna vez un ruso decente. Pero más pena aún me da Gögg con su opinión sobre el clásico francés de Serno, del cual también nosotros hemos visto muestras. Es una verdadera suerte que el Beehive exhiba ahora, de manera tan insolente como estúpida, su color burgués. Un número tan miserable como el de ayer no lo he visto nunca. Esta genuflexión ante Gladstone y todo el tono burgués protector y filantrópico pronto le romperán el cuello al periódico y harán necesario un verdadero periódico obrero. Es muy bueno que, justo en el momento en que los obreros despiertan de su embriaguez liberal, su único periódico se aburguese más y más. Pero Sam Morley no debería ser tan estúpido como para poner allí a tipos tan estúpidos y hacer aplicar la brocha gorda burguesa de modo tan espeso y llamativo.

La manifestación feniana en Londres no hace más que demostrar una vez más lo que vale la publicidad oficiosa de la prensa. Aquí se reúnen un par de cientos de miles de personas y hacen la manifestación más imponente que Londres ha visto en años, y como va en interés de la respectability, toda la prensa londinense, sin excepción, puede presentar la cosa como un fracaso miserable. Con motivo de la actual huelga de los hiladores de Bolton, un fabricante hilador le ha dicho directamente a Sam Moore: we don’t care at all about the 5% reduction of wages, what we want & intend to have is a reduced production (o sea, la huelga). – Wakefield aún no ha aparecido por aquí. Sin embargo, antes de necesitarlo, tengo que someter la base, a saber, la historia de 1600-1700, a un examen más preciso. Para que a mis fuentes irlandesas no les falte tampoco la comicidad, me encuentro aquí en la Foreign library con “Irland, von Jacobus Venedey”. Saludos cordiales. Aquí hace un tiempo de perros. Tuyo F. E.