Querido Mohr:
Por lo de las £ 75 no te salgan canas; en cuanto Gottfried me pague mi próximo plazo, esto es, en cuanto esté listo el balance y firmados los contratos, te las envío. Procura tan sólo que en el futuro no vuelva a ocurrir algo semejante; ya sabes que nuestro cálculo está muy ajustado y no deja absolutamente ningún margen para extravagancias. Yo llevo también, desde el 1 de julio, cuenta de todos los gastos para ver cuánto me cuesta todo este asunto y saber por dónde habrá que recortar en caso de apuro.

El nuevo carbunclo demuestra que tienes que volver a beber arsénico sin dilación. No lo aplaces ni un día más. Ya debiste haber tomado como advertencia el caso de aquí, que tenías bajo el brazo, y haber empezado con ello. La cosa de beber arsénico no te estorba en absoluto en tu restante régimen de vida; así que sigue con ello tranquilamente 3 o 4 meses para deshacerte por fin de esa historia.

En cuanto al viaje, yo que tú, en cuanto Jenny esté repuesta y tu carbunclo curado, haría el hatillo. El plan de viaje puedes arreglarlo luego enteramente a tu gusto, y visitar igualmente al tal Kugelmann. De este modo —haciendo que el tiempo de tu viaje y el de sus baños no coincidan, o coincidan sólo en parte— sorteas de la mejor manera lo de Karlsbad. El amigo Kugelmann, en lo tocante a su estado de salud, es en cualquier caso un fuerte hipocondríaco, y en verdad sería en Karlsbad un compañero de baños algo tristón. Como yo no quedo libre de todos modos hasta el 15 o 20 de agosto, sería una locura que especuláramos con algo combinado. Si quedo libre antes, ya se verá qué se puede hacer.

A la señora Monroe le ajustarías seriamente las cuentas. Jenny debiera ir a verla y decirle lisa y llanamente que necesitaba el dinero. Tal vez la señora M. aguarde la presentación de una factura formal: «Mrs. M. to Miss Marx. To one halfyears tuition pp.» Pero si la visita de Jenny no sirve de nada, yo, en tu lugar, le escribiría una carta cortés pero comedida. A estos escoceses hay que demostrarles que se sabe lo que es el business; así te respetan a uno tanto más.

La desvergüenza del buen Wilhelm sobrepasa realmente todo lo posible. ¡Pretender aún probarte que con su historial de mentiras se ha mantenido «dentro de los límites de tu carta»! Lo podrida que está su conciencia lo demuestra el hecho de que emplee la expresión «Rechnung tragen» [tener en cuenta], que en otro tiempo tanto odiaba, y sus postreros llamamientos lacrimógenos a tu buen corazón. Este idiota exige que nosotros y toda la Internacional sigamos todas sus volteretas respecto a Schweitzer, que hagamos las paces cuando él las hace, que arremetamos contra S. cuando él arremete, y que, encima, le permitamos en nombre de la Internacional mentir a diestro y siniestro en cuanto él lo considera «necesario». Además quiere prescribir al Congreso quién debe ser admitido y quién no. ¡Y encima es bueno que en el asunto Vogt te haya «dejado a ti» la defensa, y «por miramientos de partido»! El hombre realmente se toma un poco en serio a sí mismo. ¡Y qué podrido está el asunto de los inspectores de fábricas! ¡El gobierno quiere lisa y llanamente introducirlos, pero Liebknecht se lo ha impedido, en el bien entendido interés de los obreros, para que éstos no sean sobornados por ello! ¡Bismarck impedido por Liebknecht! ¡Hasta ahí podíamos llegar! Por no hablar de la astucia de esta política.

Ayer recibí con agradecimiento El 18 Brumario. El libro se lee mucho mejor con esta vestimenta más decente y sin las erratas. El prólogo es muy bueno. No le dará ninguna alegría a Wilh., ni el prólogo ni el libro mismo. El modo como son tratados los demócratas, y sobre todo los socialdemócratas, no es en absoluto agua para su molino, aunque sí para su cabeza. Ahora, por lo demás, no puede decir que no tiene escrito de agitación; ya veremos qué hace con él.

Tengo ahora ante mí los Journals, Conversations and Essays on Ireland del señor Senior (1843-58). Variados facts y algunas lindas confesiones, aunque en conjunto sólo de interés específico porque las expresa un hombre tan «respetable». De ahí que para mí tenga valor; 2 volúmenes, 1868. No creo que para ti encierre nada nuevo.

Si Schweitzer no tuviera tan mala conciencia y si no hubiera cometido la estupidez de amenazar hace poco a la Internacional, con seguridad habría accedido a la bula de excomunión de Liebknecht e interpelado al Consejo General por el asunto, y entonces sí que habríais tenido que desautorizar a Monsieur Wilhelm. Pero, en lugar de excomulgar a S. en nombre de la A. I. T., ¿por qué Wilh. no agarra a Schw. por aquella amenaza e intenta, con su ayuda, poner al Consejo General en la tesitura de que tenga que decir algo contra la amenaza de Schw.? El tipo es demasiado torpe.

La historia con Bracke también es buena. Estos lacayos de Lassalle no paran de gritar pidiendo dinero y nada más que dinero. En mi opinión, sería de lo más desaconsejable que la A. I. T. enviase a los alemanes siquiera un penique antes de que ellos mismos hayan pagado durante un tiempo contribuciones decentes. La desmoralización que se ha infiltrado desde Lassalle y por obra suya tiene que ser lisa y llanamente eliminada.

Incluido. Devuélveme Kugelmann y Wilhelm. A K. supongo que tú mismo le escribirás sobre tu viaje. Devuélveme la carta de K. dirigida a mí para que yo pueda contestarle; no hay manera de que me dispense de los disparates médicos.

Tussy está leyendo Götz von Berlichingen; después le daré el Egmont. Con el calor, el corretear ha cesado casi por completo; hoy refresca un poco. Saludos cordiales de todos para todos.

Tu F. E.