24 de julio de 1869. Querido Fred,

Hoy sólo puedo escribirte unas líneas. El asunto está en plena supuración, por eso muy doloroso, pero también pasará pronto. Hay que volver a empezar con el arsénico. Esta mañana recibo el siguiente papelucho de Liebknecht. ¿Qué es más asombroso, la estúpida desvergüenza o la desvergonzada estupidez? Así que este santurrón considera que las mentiras oficiales, como la de unas inexistentes resoluciones del Consejo General, están muy bien permitidas en su boca, pero son sumamente reprobables en boca del ... Schweitzer. ¿Y por qué se reconcilió en Lausana con el monstruo de Schweitzer? ¡Y su teoría de la acción! Consiste en que el señor Wilhelm tiene el derecho de servirse «por su propia autoridad» de mi nombre y del Consejo General donde le parezca oportuno. ¡Y además la valentía del santurrón! Afecta estar contra Lassalle y toma partido por los «verdaderos» lassalleanos contra los «falsos». Su Bracke le echa en cara a Schweitzer que haya declarado la teoría lassalleana del crédito estatal como mero medio de agitación y que no crea en la panacea. ¡Él me ha envuelto en «luchas»! Le escribí con «escándalo».

Salut. Tu K. Marx.

Lamento no haber conocido la obra: «Las herramientas y las armas, su origen y desarrollo. Por el Dr. Gustav Klemm. 1858» antes de la publicación de mi primer tomo. Lo que indico en el apartado «Proceso de trabajo» y más tarde en «División del trabajo» se halla aquí demostrado con abundante material.