14 de julio de 1869. Querido Fred: Llegué a París el jueves por la noche pasado y volví a partir el lunes (12 de julio). He logrado mantenerme completamente de incógnito; al desembarcar en Dieppe pasé primero ante los aduaneros y la policía sin intervención de su parte, mientras que, cosa extraña, se pidió el pasaporte a algunas personas inocentes (entre ellas un yanqui de pelo muy negro al que tomaron por italiano), y los señores franceses tuvieron que dar sus nombres según el reglamento más reciente. En París me alojé, Rue St. Placide, Maison Meublée, en la calle próxima (?) (la calle más cercana a la de Lafargue) como A. Williams. Laura había pasado una enfermedad realmente peligrosa. Ahora está convaleciente, marcha mañana con Paul, etc., a Dieppe, donde tomarán baños de mar durante un mes y acaso vengan luego a Inglaterra. Mi asunto en París era informarme sobre el status rerum a raíz de una carta del viejo Lafargue y luego escribir (desde París) al viejo, tras consultar con el joven. Dado el estado de salud de Laura, Lafargue estaba naturalmente absorbido por completo en lo doméstico; sin embargo, ha prometido solemnemente dar aún los pasos necesarios tan pronto como Laura esté del todo restablecida. El viejo también había metido la pata en sus cartas a París. Veré lo que me escribe ahora en respuesta. Le petit había salido de París (donde estuvo presente de incógnito en todos los tumultos, etc.) rumbo a Bruselas, y, en las circunstancias dadas, su ausencia no me resultó en modo alguno desagradable. Con ello, también el asunto quedó «aplazado». No he visto ni a Schily ni a ningún otro, sino que me he limitado estrictamente a la familia, con la que he deambulado más o menos por París. La zona donde viven (Faubourg St. Germain, etc.) no ha cambiado mucho y no está haussmanizada. Calles estrechas y hediondas como siempre. En cambio, el aspecto es muy distinto en la otra orilla del Sena, donde el cambio empieza ya por la fachada del Louvre. Las mujeres parecen haberse vuelto mucho más feas. El calor era insoportable, sobre todo en el ferrocarril. El discurso breve de Raspail, en el que pedía la liberación de su comité electoral, fue lo que más revuelo causó, para gran enfado de la oposición democrática (incluidos los irreconciliables). Habló de l’injustice de la justice. Siguieron interrupciones. Continuó: ¿Negáis las injusticias cometidas contra mí por la Restauración? ¿Por ese ridículo Luis Felipe?, etc. Él no quería penas, estaba dispuesto a brûler le code civil y le code pénal; entre tanto, debían convertirse en penas pecuniarias (es decir, descuentos salariales) las penas de los funcionarios, y empezar por M. le prefet de la police, precisamente a causa de las «orgies infernales de casse-tête». El lenguaje del viejo contrasta estridentemente con el circunloquios palabreo de los faux jeunes hommes. Además, el gobierno puso en libertad a su comité al día siguiente. Las sesiones del Corps législatif fueron relativamente muy tormentosas. Por eso Bonaparte las ha prorrogado. Tussy tiene que escribirme, también sobre sus planes de estancia en Manchester. Schnaps, un bicho de lo más adorable, le manda los mejores saludos. Adiós, old boy. Mis recuerdos a la señora Burns. Il Moro.