Querido Kugelmann:

Como prueba la adjunta, mantengo mi palabra, y la habría mantenido hace tiempo de no haberse producido lo siguiente: 1) ciertamente tenía aún la fotografía adjunta de Lupus, pero ninguna de mí mismo, y solo después de haberme sentado a menudo el invierno pasado conseguí una soportable; 2) pero luego encontré que la de Lupus estaba extraviada y no pude dar con ella a pesar de buscarla por todas partes. Entonces, 3) encargué al fotógrafo que tenía el negativo otras 24 copias de Lupus, pero resultaron, por estar muy descolorido, deplorables y no quise enviar ninguna de ellas. Finalmente, 4) encontré de nuevo la original, y he aquí las dos.

Por Marx he sabido con pesar que ha tenido usted que someterse a una operación y que ahora quiere vivir este verano para su salud, lo que sin duda es muy provechoso y, en parte, también ciertamente agradable. Esperemos que ello le ponga a usted de nuevo completamente en pie, aunque probablemente será la causa de que nuestro amigo Schorlemmer, que desde hace 14 días está en Alemania y dentro de unos 10 o 12 días pasará por Hannover para visitarle, no le encuentre a usted allí.

Marx probablemente vendrá a Alemania a fines de éste o a comienzos del próximo mes con su hija Jenny; cómo me irá a mí, aún no lo sé, y ello por las siguientes razones: El 30 de junio de este año expiró mi contrato con mi hasta ahora socio. Según mi cálculo inicial, al comenzar el contrato, había contado con que, a su término, habría sacado tanto del noble comercio que podría vivir de ello, aunque de manera muy modesta según los criterios de aquí // y, por tanto, decir adiós al comercio. Ciertamente, esto no se ha cumplido del todo, pero después de varias negociaciones con mi socio llegamos por fin al acuerdo de que yo le permitiera usar mi nombre en la firma durante 5 años y me comprometiera a no hacerle competencia en ese período, a cambio de lo cual él me paga una suma global bastante bonita, de modo que estoy en el punto al que quería llegar. Desde el 1 del corriente he salido, pues, del negocio, y mi tiempo me pertenece nuevamente a mí — es decir, por ahora solo en teoría, pues hasta que se haya hecho el balance de liquidación y los abogados hayan puesto en orden los documentos necesarios, no puedo irme de aquí y tengo que perder todavía mucho tiempo en poner estas cosas en orden. Pero creo que en el curso del próximo mes habré terminado, y si usted me hace saber dónde estará por entonces, bien podría ser posible que todos nos encontráramos en algún lugar de Alemania.

No necesito decirle qué alegría siento de haberme librado del maldito comercio y de poder trabajar de nuevo por mí mismo. Especialmente también porque esto ha podido ocurrir justo ahora, cuando los acontecimientos en Europa cobran una forma cada vez más agudizada y la tormenta puede estallar cualquier día de improviso.

La secta lassalleana parece, no sin ironía dialéctica, querer encontrar su verdadera disolución precisamente en su reunificación nominal. Schweitzer podrá mantener unida por el momento a la mayoría de la gente, pero ningún partido o secta tolera que se arroje repetidamente a los dirigentes. A la vez, esta vez saldrán a la luz toda clase de curiosidades de la ropa sucia de esta pandilla sumamente inmunda, que solo podrán perjudicar a Schweitzer. La disolución de la secta lassalleana y, por otra parte, la separación de los obreros sajones y del sur de Alemania de las andaderas del «Volkspartei», son las dos condiciones básicas para la formación nueva de un verdadero partido obrero alemán. Los lassalleanos ya se encargarán ellos mismos de su parte y se devorarán entre sí, pero las estrecheces republicano-pequeñoburguesas del sur de Alemania, sistemáticamente machacadas por Liebknecht en las cabezas de los obreros, son mucho más difíciles de desechar. ¡Ya la estupidez de escribir en su periódico: Órgano del Volkspartei, es decir, de los pequeñoburgueses del sur de Alemania! Si Bebel tuviera solo un poco de formación teórica, no podría ocurrir algo así; me parece un tipo muy capaz que adolece precisamente de esa carencia. ¡Y he ahí que Liebknecht viene y exige que nosotros tomemos partido directamente por él y por el Volkspartei contra Schweitzer! Siendo algo que salta a la vista: 1) que con el Volkspartei, como partido burgués, tenemos aún mucho menos en común que con los lassalleanos de Schweitzer, que al menos son una secta obrera; y 2) que Marx, en su calidad de secretario de la Asociación Internacional de los Trabajadores para Alemania, está obligado a tratar con decoro a todo jefe que un número suficiente de obreros coloque al frente y elija para el parlamento.

Le ruego que en adelante envíe siempre sus cartas a mi domicilio arriba indicado. Hace poco me envió Marx su trabajo sobre el tratamiento de las enfermedades exantemáticas mediante ventilación. A mi juicio, usted practica la ventilación aún demasiado moderada. Aquí, sin más, se mantiene abierta la ventana del dormitorio incluso de 3 a 12 pulgadas, sin biombo, etc., y solo se cuida de que el enfermo no esté en la corriente directa. Y esto tanto en verano como en invierno. A ello se añade extractum carnis y oporto en dosis fuertes, y por lo demás casi ningún medicamento. De este modo fue tratada mi criada en noviembre pasado de la fiebre tifoidea, y las dos hijas solteras de Marx el verano pasado de la escarlatina. Creía que este método de tratamiento estaba adoptado también en Alemania desde hace tiempo, pero según su información parece que el viejo método de mantener el calor y encerrar los miasmas todavía predomina.

Déjeme saber pronto de usted. Con los mejores saludos, suyo
F. Engels.