Querido Mohr:

Adjunto, Wilhelm de vuelta. Es realmente disparatado todo lo que te hace tener que, tener que, tener que. Pero siempre la misma historia. Cuando riñe con Schweitzer, siempre has de ser llamado en auxilio. Eso ocurrirá aún más veces. Con respecto al Congreso de Basilea, espero que le hayas hablado claro en el sentido de que sólo se admitirán representantes de quienes realmente se hayan adherido. Sería fatal que él y Bebel tuvieran que ser excluidos por un defecto de forma.

En lo que respecta a mi carta, su lamento por los «reproches en vez de dinero» es exactamente la contrapartida de la queja de Bismarck: «Señores míos, pedimos pan y nos dais piedras», cuando sus impuestos fueron rechazados. El punto que tanto ha «irritado» al señor W. fue la pregunta de cómo podía decirme en la misma carta que tenía el dinero para imprimir la Guerra de los Campesinos y, al lado, que no tenía ninguno para el periódico. Además, ¿cómo era que hace año y medio el periódico ya estaba «asegurado» y ahora todavía no se paga? Sobre eso, el señor W. guarda completo silencio, y se indigna tan sólo moralmente porque le recordé las acciones que entonces me prometió voluntariamente enviar de inmediato, y que naturalmente tampoco ahora veré, justamente porque W. dice que «naturalmente las recibiré». La mención de las acciones sólo tenía el propósito de inducir a Wilhelm a pronunciarse sobre la situación del periódico, pues me resulta bastante claro que W. y consortes han montado el asunto con tal negligencia que el impresor u otro acreedor puede embargar el periódico y ponerlos de patitas en la calle tan pronto como empiece a pagarse. En ese caso, podría serle muy grato al señor W. tener aquí a algunos accionistas que pudieran hacer valer en su favor sus derechos legales. Si el necio me hubiera respondido de manera satisfactoria (lo que difícilmente era posible), también habría recibido dinero; pero ante la mera exigencia, y sin //, que además se contradecía a sí mismo, y sin que él se disculpara por su negligencia anterior ni dijera una palabra siquiera sobre las condiciones del periódico, no se me ocurrió hacerlo. Pues no vamos a malacostumbrar así a W.

Lo muy prematuro que era su grito de victoria lo muestran los 4 Sozialdemokrat que me enviaste hoy. De que Schw. miente también descaradamente es seguro, pero por el momento parece haber salvado a la masa de la base. Sin embargo, la cosa va muy cuesta abajo para él, y si tuviera otro adversario que Wilh., eso aceleraría mucho el proceso. Pero, desde luego, la verborrea sofocante que Wilh. hace imprimir ahora como su «discurso» no será de mucha ayuda. Bebel sí que ataca directamente a Schw. y presenta algunas cosas fatales para él, según las cuales sería bastante posible que Schw. recibiera su parte de los Welfenfonds entregados a Stieber. En todo caso, no hay nada que hacer con Wilh. mientras no haya separado su organización de la Volkspartei de manera completamente decidida y no se haya situado frente a esa gente, a lo sumo, en una relación de cartel laxo. ¡También está bien que quiera poner la Internacional en el título de su periodicucho, que sería entonces a la vez órgano de la Volkspartei y de la I. A. Assoc.! ¡Órgano de los filisteos alemanes y de los obreros europeos! Bonito punto de vista también el de Wilh., según el cual del «Estado actual» no hay que aceptar ni arrancar por la fuerza concesiones para los obreros. Con eso va a conseguir condenadamente mucho entre los obreros.

Para Meißner me es imposible terminar algo a tiempo. Hasta que el balance esté terminado, tengo que ir a la ciudad por lo menos 2–3 veces por semana, y previsiblemente aún más en las próximas semanas, ya que he de controlar el tinglado de cerca. Mi ojo está mucho mejor, pero aún necesita cuidados si no quiero empeorarlo de nuevo. Además, he de poner en orden de una vez por todas un montón de otros asuntos financieros, mi contabilidad privada, etc., y eso también me entretiene mucho. Y luego, también me resulta deseable, justo en este caso especial, oír antes la opinión de M., ya que dices que él es algo quisquilloso en estas cosas.

Dile a Jenny que le responderé en cuanto haya saltado aquí la cerveza en cuestión, lo que hasta ahora no ha sucedido. Tussy dice que escribirá mañana. Ahora está leyendo los cantos populares serbios en la traducción alemana, que parecen gustarle mucho, y me ha relevado en las clases de piano con Mary Ellen, para gran provecho de esta última. Cuando hace buen tiempo y no tengo que ir a la ciudad, salimos a pasear cada mañana un par de horas; si no, weather permitting, por la tarde. El folleto de Tridon me ha interesado principalmente por la segunda parte, ya que no conozco las cosas más recientes sobre la primera revolución. En la primera parte reina sin embargo una fuerte confusión, especialmente sobre centralización y descentralización; ya es bueno que el «Renacimiento» esté por ahora aplazado, pues esa gente no tardaría en agarrarse de los pelos entre sí. Es cómica la idea de que la dictadura de París sobre Francia, con la que se fue a pique la primera revolución, pueda hoy repetirse sin más y con otro resultado. La declaración de Bruce sobre Mold ha demostrado, ciertamente, que las ideas hasta ahora vigentes sobre la legislación inglesa a este respecto eran completamente falsas y que aquí se está por completo en el punto de vista prusiano. También es bueno saberlo para los obreros.

Espero que pronto puedas darme mejores noticias sobre la salud de Laura. La mudanza es, en todo caso, muy sensata.

Saludos cordiales,
Tu F. E.