3 de julio de 1869. Querido Fred: ¡Mis mejores felicitaciones por tu huida del cautiverio egipcio! En honor a este acontecimiento he bebido un «vaso de más», pero a última hora de la tarde, no como los gendarmes prusianos, antes del amanecer. Adjunta va una carta de gran peso de Wilhelm. Por ella verás que se ha erigido de repente en mi curador y me prescribe todo cuanto «debo» hacer. Debo asistir a su congreso de agosto, debo mostrarme a los obreros alemanes, debo enviar a vuelta de correo los carnets internacionales (después de no haber respondido a dos preguntas al respecto en tres meses), ¡debo remendar el Manifiesto Comunista!, ¡debo ir a Leipzig! ¿No es de lo más ingenuo que en la misma carta en la que se queja de no poder devolverme las 2 libras (que yo entregué por él a Eccarius), me ofrezca dinero para el viaje a Alemania? ¡Toujours le même! Acerca de ti parece moralmente indignado. Ya le he respondido que ha interpretado mal tu carta. Le es completamente inconcebible que la convicción y la manera de llevar los negocios no sean, en absoluto, polos opuestos, tal como él mismo lo supone en la administración de su periódico, y tal como también otros han de suponerlo si no quieren hacerse sospechosos. Nuestro Wilhelm es un optimista exagerado y un mentiroso. Así que, de nuevo, habrá una fuerte exageración en la descripción de la victoria sobre Schweitzer. Sin embargo, algo hay de cierto en ello. Schweitzer no habría cometido el retroceso a la iglesia de Hatzfeldt si no estuviese tambaleándose en su propia asociación. Por otra parte, él ha acelerado la disolución general con la torpe puesta en escena de su último golpe de Estado. Espero que, a consecuencia de esta historia, el malhadado movimiento obrero alemán salga por fin de la etapa de la enfermedad infantil lassalleana, y que el residuo de la misma degenere en mera atomización sectaria. En cuanto a los diversos «mandatos absolutos» de Wilhelm, le he respondido en este sentido: No siento en absoluto la necesidad de mostrarme a los obreros alemanes y no acudiré a su congreso. Cuando de verdad se hayan adherido a la «Internacional» y se hayan dado una organización de partido decente – y el congreso de Núremberg ha mostrado lo poco que hay que fiarse de meras promesas, tendencias, etc. –, ya se encontrará a su debido tiempo la oportunidad. Además, debe entenderse claramente que la nueva organización no puede ser para nosotros ni «Partido Popular» ni iglesia lassalleana. Si viniésemos ahora, tendríamos que hablar en contra del Partido Popular, ¡lo que no les gustaría ni a Wilhelm ni a Bebel! Y si ellos – mirabile dictu – lo admitiesen, tendríamos que echar directamente nuestro peso en la balanza contra Schweitzer y consortes, en lugar de que la transformación aparezca como acto libre de los propios obreros. En cuanto al amueblamiento del «Manifiesto», nos lo pensaremos en cuanto veamos las resoluciones de su congreso, etc. Que se quede con sus 2 libras y no se preocupe por el dinero de mi viaje. Su actuación contra Becker la apruebo. De esto ya basta.– Respecto a Meissner, lo mejor será, probablemente, que hable yo con él. Por lo demás, si tienes tiempo para terminar algo (sobre todo, si no te molesta la vista), es más fácil negociar con manuscrito que sin él. Por lo que sé, Meissner prefiere 5 pliegos 2. Cuanto más pequeño es el folleto, más engorrosa es su distribución, como él mismo me ha dicho. ¿Qué dices del proceder del virtuoso Gladstone y del puritano Bright en lo de Overend, Gurney y Compañía? Muy hermosa es también la declaración de Bruce sobre los fusilamientos de Mold, que no fueron tan inocentes como informaban los periódicos de Manchester. Así que no hace falta leer el Riot Act. Basta con que cualquier cazador de zorros de unpaid magistrate le susurre al oído al oficial que cargue contra ellos. Y ni siquiera eso es necesario. Los soldados pueden usar sus rifles en selfdefence (cuya necesidad queda a su criterio). Pero entonces deberían abolirse también las arms acts y cada cual podría usar su propio rifle en selfdefence contra los soldados. El asunto Gurney, o mejor dicho, la actitud del ministerio al respecto, lo mismo que en el asunto Mold, y por último los chanchullos ministeriales con Lamuda y otros cerdos contra la Trades Unions Bill, han roto malditamente, aquí entre los obreros de Londres, el hechizo de los nombres Gladstone-Bright. Laura ha estado catorce días enferma y en cama; ahora, según dicen, ya está restablecida. Les han rescindido el contrato de su vivienda y en octubre se mudarán a una zona de aire más puro (Montmartre o algo parecido). Mis mejores saludos a todos. El Moro.