21 de mayo de 1869. Querido Fred:

Tussy y mi mujer regresaron de París el miércoles, y yo tenía la intención de ir mañana a Manchester con Tussy. Entretanto, esto se ha visto imposibilitado por un obstáculo económico. Los diversos viajes a París de Jenny, Tussy y Madame, y las adquisiciones necesarias para ellos, me han ocasionado, naturalmente, gastos extraordinarios. En segundo lugar, hubo sablazos por un total de 14 libras, que me fue absolutamente imposible evitar, debido a una desdichada concurrencia de circunstancias. Dupont, el más capaz de entre la gente de aquí, no solo estaba en paro, sino que su mujer se hallaba enferma de muerte. Es un hombre tan discreto que no pide prestado a nadie, salvo en caso de extrema necesidad, y es tan escrupuloso que siempre devuelve el dinero. Le presté, pues, 6 libras. Luego vino Lessner, sumido en una grave penuria a causa de la larga enfermedad de su mujer, terminada en muerte. Tanto menos podía negarme cuanto que yo mismo había sido deudor suyo por largo tiempo. Así, 5 libras. Finalmente, el digno Liebknecht (después de haberme escrito en vano sobre el asunto) le escribe al propio Eccarius que se dirija a mí en demanda de un anticipo. Le declaré a E. que ya le había denegado a Wilhelm esa petición. Pero E. se lamenta —y la cosa es cierta— de que lo echarían de la casa si yo no le anticipaba al menos 2 libras para el alquiler atrasado. Así se hizo, y al mismo tiempo

le escribí a Wilhelm que me lo reembolsara. Así, 14 libras de mi bolsillo.

Con todo eso, aún me quedaban de reserva 15 libras. Pero ayer se presenta un tal Drengler (nomen omen) de la City con una carta del señor Zitschke de Nueva York, quien me había prestado 15 libras hace 13 años, pero que desapareció de repente de Londres por malversación de fondos (expedía emigrantes a Nueva York). Ahora vuelve a aparecer con la vieja reclamación de dinero, que yo consideraba saldada por sus déficits de caja. Tanto más he tenido que ejecutarme cuanto que, entre tanto, ha trabado amistad con el señor Heintzen, quien, en caso de negativa de pago, sería capaz de “pionizarme”. Así me he quedado seco.

Fox ha muerto en Viena tras una afección pulmonar de cinco días. Deja a su familia en la miseria. He recibido cartas de Viena al respecto. La madre de Fox (Peter Fox, seudónimo; su verdadero nombre era Peter Fox Andrée) es una mujer rica, pero lo abandonó por completo, en parte porque se casó con su doncella (ahora ya vieja) y en parte por su ateísmo. Ahora me he dirigido a ella, amenazándola con que, si no da nada, se organizará en Londres una colecta pública para su hijo.

Meißner me envió, hará cosa de una semana, el primer pliego del “18 Brumario”; escribió que ahora iría “rápidamente”. Pero aún no ha llegado el segundo pliego. Él demora el asunto, a lo que parece, todo lo posible.

Salud. Tuyo, K. M.