Querido Mohr,
Tu hígado parece estar enfurecido de tal modo que no se ve ni se oye nada de ti. ¿Qué tal, y cuándo venís? ¿Y está ya restablecida tu mujer? De Wilh. no hay respuesta. Le escribí en tono completamente businesslike, de manera que ya no pudiera andarse con evasivas. Si no responde pronto, habremos de ver que Eichhoff imprima la cosa. Éste, es decir, el W., tampoco parece dar señales de vida. Hoy han llegado algunas cosas por correo, y adjunta devuelvo, con agradecimiento, la carta belga. Es curioso cómo las gentes de todo el continente se lanzan a la huelga confiadas en la Internacional y, en cambio, no parecen pensar ni por asomo en llenar la caja general de guerra. Mañana, esperémoslo, habrá de llegar por fin ese tan cacareado «mañana» en que tú «por fin» te dispongas a dar noticias más detalladas de ti. En el debate sobre el reglamento industrial, Wilhelm ha hecho un papel verdaderamente lamentable. Todas las proposiciones partían o bien de Schweitzer o bien de Bebel, y Wilh. cerró cuerdamente el pico, pues en esto se trataba de conocimientos positivos. Schweitzer estuvo también acertado cuando demostraba que la prohibición del trabajo dominical = aumento del consumo del obrero = alza de salarios.
Un cordial saludo.
Tu F. E.