26 de abril de 1869.

Mi querida Quoquito:

Has de disculpar realmente mi largo silencio. Estoy hasta el cuello metido en el trabajo.

Ahora, en primer lugar, en cuanto a tus animales. Sambo se ha vuelto casi inseparable de mí, para compensar de algún modo la ausencia de su amo supremo. Blacky se comporta siempre como un caballero, pero uno muy aburrido también. Tommy ha vuelto a hacer todo lo posible para demostrar la verdad de la teoría de Malthus. Hoy, supongo, Helen asesinará a la nueva prole de esa vieja bruja. Whiskey, ese gran y buen personaje, estuvo al principio como Calipso una ninfa(?), inconsolable, desesperado por tu partida. Rechazó los mejores huesos, no abandonó tu dormitorio, y en conjunto exhibió todos los síntomas de los profundos sufrimientos de una “schöne Seele”. Con todo, cuando se pronuncia tu nombre, le da un ataque.—

Dicky ha resultado ser un cantante muy fino, y ambos estimulamos nuestros respectivos talentos musicales con mutuos “ejercicios”. A veces, sin embargo, cuando empiezo a silbar, Dicky me trata como Lutero trataba al diablo —me vuelve la espalda—. Jocko ha vuelto a salir, pero su genio es de lo peor. Habiendo comprobado que estás ausente, dio rienda suelta a toda clase de mal humor y frustró todos los intentos de Helen de engatusarla. Otra fuente de fastidio para Jocko fue el arreglo del pequeño jardín —un mundo que Jocko consideraba, con razón, como su propia estación y dominio— por parte del jardinero. Jocko echa de menos sus pequeñas colinas, cuevas, grietas y todo ese alegre desorden en el que se deleitaba.

En cuanto a los otros “animales” —como no pertenecen a la especie muda, sino que son más bien de la más parlanchina especie, y perfectamente capaces de dar cuenta de sus propios actos— no voy a perder ahora ni una sílaba acerca de ellos.

El viernes por la noche estuve cenando en casa de Beesley. Además de mí, estaban Crompton, un abogado, y Jung y Dupont. Jung contó sus propias hazañas. Les relató los “discursos felices (¡literalmente!)” que había pronunciado aquí, y los “golpes cortantes” que había asestado allá. En este mundo de “Weltschmerz”, descontento e inquietud, alegra el corazón conocer a un individuo que es “feliz” y, además, no solo posee una camisa, sino también a Sarah y otras cosas buenas por añadidura.

“Irishman” te lo envío mañana. Muchas gracias a Cacadou por su carta. Muchos besos a Fouschtra. Y saludos al Africano. Le dará un gran placer saber —si no lo ha visto ya en los periódicos franceses— que el primer embajador “negro” de los Estados Unidos ha sido nombrado por Grant.

Adiós, mi pequeña Quoquito.

Tu Old Nick