Querido Mohr:
Adjuntas, las cartas de Tussy y Wilhelmchen, de vuelta. Este último permanece fiel a su principio de mostrar el mayor desprecio frente a todos los hechos. Quien considera que los hechos, en general, tienen alguna importancia, quien los «toma en cuenta», es un partidario, un adorador del éxito, un bismarckiano. Así que, y aunque las «marranadas» de Schweitzer fueran tan baratas como las zarzamoras, no nos proporcionaría, aun así, ningún hecho al respecto, pues según los principios del Partido Popular, de todos estos hechos lo único importante es que Wilhelm los declare «marranadas». De ahí también el resultado de que, en la misma medida en que las marranadas de Schweitzer son colosales, en esa misma medida también las fricciones con él se desvanecen por completo. La lógica del tipo es tan divertida como la esperanza con la que aún espera la proclama de tu parte, mediante la cual él ha de ser nombrado ángel de la luz y Schweitzer, Satanás. Bueno es también que quiera vender un escrito de 4 a 5 pliegos largos por 1½ Groschen y asegure explícitamente al mismo tiempo: sin ganancia. «Le représentant a dit: avec du fer & du pain on va jusqu’en Chine … Il n’a pas parlé de chaussures.» Y Wilhelm no ha dicho quién habrá de cargar con el perjuicio cuando se venden cosas a ⅓ o ¼ de su precio de costo. Aún no he escrito a Meißner, y tampoco puedo pretender de él que haga las maravillas que Liebknecht se permite emprender. Cuando Wilhelm se haya asesorado primero con un perito sobre los costos de impresión, haya fijado un precio racional y se haya asegurado de que puede allegar los costos de impresión, no soy reacio a dejarle reimprimir la cosa; dile, pues, que en cuanto pueda cumplir estas condiciones, me escriba y entonces ya arreglaremos lo demás. Snieuntojown es sun-jown-to-jown, sábado por la noche. La palabra me ha costado muchos quebraderos de cabeza; en general, en el frisón occidental hay cosas muy difíciles. La agitación bazleyiana a favor de la ayuda estatal para el cultivo del algodón aún no ha aflorado aquí con tanta publicidad como para que apareciera algo apreciable al respecto en los periódicos. Pero te enviaré dentro de poco algunos extractos sobre la huelga de Preston, que los patronos provocaron directamente para ocasionar allí una paralización general de las fábricas. Como no pueden ponerse de acuerdo entre ellos sobre la jornada reducida o la paralización total, ya que algunos, aun así, seguirían trabajando y los otros se irritarían por ello, la única forma de establecer una acción conjunta entre ellos es una huelga, pues contra la propuesta de una reducción de salarios no se resiste ningún fabricante. Lo mejor es que estos tipos que, según confiesan, han estado perdiendo 1 o 2 peniques por libra de hilado o tejido durante 2 años, y que, no obstante, no querían paralizar ni trabajar a jornada reducida, declaran ahora una reducción salarial del 10%, es decir, un ahorro de ⅒ a ⅙ de penique por libra, ¡como una cuestión vital! Saludos cordiales. Tuyo
F. E.