Querido Leßner:

Me alegró mucho tener noticias tuyas, y te adjunto la fotografía que deseabas. Hace ya 8 días que tengo preparada la de Becker, junto con otras cosas, para enviársela a Mohr, pero las mujeres de la casa me habían puesto cada mañana el paquete en un sitio distinto, y así lo fui olvidando un día tras otro. Mañana, no obstante, me llevaré el paquete a la ciudad y te enviaré a ti directamente la fotografía de Becker. Los cumplidos que me has hecho de manera tan inmerecida me han dejado tanto más avergonzado cuanto que, por desgracia, en los últimos 18 años no he podido hacer casi nada directamente por nuestra causa y he tenido que dedicar todo mi tiempo a una actividad burguesa. Pero eso, espero, cambiará pronto; creo que dentro de unos meses volveré a ser dueño de mi tiempo, y entonces haré, desde luego, lo que esté en mi mano para merecer tus cumplidos. Siempre será para mí un placer arremeter con un viejo camarada como tú en el mismo campo de lucha y contra el mismo enemigo.

Tienes razón, la causa marcha mejor que nunca, y nosotros, Mohr y yo, teníamos razón cuando ya hace años —cuando toda esa estúpida chusma democrática se quejaba de reacción y de la indiferencia del pueblo hacia ellos— vimos en aquella reacción el enorme desarrollo industrial de los últimos 18 años y declaramos que el resultado sería una agudización del antagonismo entre el trabajo y el capital, una lucha de clases más violenta. Y da risa ver cómo esos estúpidos demócratas han sido ahora aún más embaucados, y en ningún país del mundo se encuentra ya ni un modesto rinconcito para ellos. El Fortschrittspartei en Alemania, los republicanos en Francia, los radicales en Inglaterra, son todos, por igual, una mierda. No hay nada más cómico que los cumplidos agridulces que se ven obligados a prodigar al movimiento social, a sabiendas de que ese movimiento social les pondrá el pie en el cuello una buena mañana.

Con vieja amistad,
tuyo,
F. Engels