Manchester, 21 de marzo de 1869

Querido Mohr:

El caso de Lizzie fue una pleuritis que, sin embargo, ha transcurrido de forma sorprendentemente rápida; apenas el martes pasado era detectable el exudado en el pulmón derecho y esta mañana ya ha desaparecido por completo. Hoy se levanta por primera vez. Por una extraña adivinación, yo mismo le había diagnosticado ya el domingo a Gumpert la pleuritis; él la examinó, no encontró nada, la declaró bronquitis (que también estaba presente) junto con catarro pulmonar, y naturalmente después le molestó un poco cuando la pleuritis se declaró al fin. Naturalmente, no pretendo que ya existiera cuando él no pudo encontrarla. ¡Pobre Löhr, habrá pasado las de Caín! Diez semanas de puerperio no son, desde luego, ninguna broma; menos mal que ya ha pasado. Tussy y Jenny deben saludarla cordialmente de mi parte, así como también a Lafargue, cuando vayan para allá. Las aclaraciones sobre Castille me han sido muy útiles. La sabiduría salomónica de Beesley, aquí te la devuelvo. Esto sí que es la flor de la tontería. Este comtismo terminará por confirmar, y por cierto en grado sumamente exagerado, el dicho de aquel bonner sobre los hegelianos: que no necesitan saber nada de nada para poder escribir sobre todo.

En Alemania, la transformación de las fuerzas naturales, en particular la del calor en fuerza mecánica, etc., ha dado lugar a una teoría de lo más insulsa, que por lo demás ya se desprende con cierta necesidad de la vieja hipótesis de Laplace, pero que ahora se presenta, por así decirlo, con pruebas matemáticas: que el mundo se vuelve cada vez más frío, la temperatura dentro del universo se iguala cada vez más, y, con ello, llega finalmente un momento en que toda vida se hace imposible, y el mundo entero se compone de esferas heladas que giran unas en torno a otras. Yo sólo espero a que los curas se apoderen de esta teoría como última palabra del materialismo. No cabe imaginar nada más estúpido. Dado que, según esta teoría, en el mundo existente debe transformarse siempre más calor en otra fuerza que la que otra fuerza puede transformarse en calor, el originario estado caliente a partir del cual se ha ido enfriando resulta naturalmente absolutamente inexplicable, más aún, absurdo, y presupone, por tanto, un dios. El primer impulso de Newton se convierte en un primer calentamiento. A pesar de ello, esta teoría pasa por la más fina y suprema culminación del materialismo, y estos señores prefieren construirse un mundo que empieza en el absurdo y acaba en el absurdo, antes que ver en estas consecuencias absurdas la prueba de que su presunta ley natural no les es conocida hasta ahora sino a medias. Pero esta teoría está haciendo terribles estragos en Alemania.

Aún no he visto Die Zukunft. Mañana te enviaré sellos por una libra para las manifestaciones de E. Jones.

Muchos saludos.

Tuyo,

F. E.