Querido Emil:

Acabo de recibir de la madre la triste noticia de que nuestra querida Marie Bartels falleció el lunes por la noche de escarlatina. La noticia me ha dejado profundamente consternado y conmocionado. Yo la había visto, como en general a tus hijos, crecer desde pequeña más que a los hijos de mis demás hermanos y hermanas, y en consonancia con ello era también mi apego hacia ella más vivo y cálido; aún la vi por última vez en su boda, donde era tan extraordinariamente feliz y podía ver ante sí una larga serie de años dichosos, ¡y ahora todo eso ha terminado! ¡Cómo debes de sentiros tú y Marie, y el pobre Robert con sus dos hijitos! Tú y Marie, vosotros habéis disfrutado durante más de veinte años de tal favor de la fortuna, habéis tenido tan poca ocasión de poner a prueba la vida en su lado trágico, que un golpe así, como caído del cielo, ha de alcanzaros doblemente duro. En tales casos, de nada sirven todas las palabras de consuelo; hay que desahogarse llorando como un niño, hasta que el tiempo cicatrice las heridas. Tampoco te escribo para consolar, sino sólo porque sé que hace bien recibir pruebas de participación de aquellos de quienes cabe esperarlas. Y esta participación y esta compasión os las dedico, podéis creerme, de todo corazón. Saluda de mi parte cordialmente a Marie, al pobre Robert y a todos tus hijos.

De todo corazón, tu Friedrich.