Querido Mohr:

Por fin encuentro tiempo para escribirte con más detenimiento. El susodicho Gimborn no se ha dejado ver. Por tu descripción, el tipo no quiere evidentemente más que husmear en el terreno industrial. El grupo Bakunin, de sexo masculino y femenino (cuya diferencia B. quiere también abolir, es decir, la de los sexos), habrá fenecido, pues, silenciosamente. La cosa, si bien urdida con astucia rusa, se emprendió con estupidez; la cola de zorra asomaba demasiado, y precisamente a los obreros no se les puede cazar por este procedimiento.

El viejo Becker no puede dejar, una vez por todas, lo de «organizar», y era todo un hombre para caer en la trampa. Que comete también otras tonterías, lo creo de buen grado; sólo quisiera que tuviéramos sobre eso una fuente mejor que Wilhelm, quien sencillamente no puede ver los hechos tal como son. A propósito, Wilhelm no me envía su periodicucho desde Año Nuevo; si cree que voy a «comprármelo», se corta. Estoy realmente contento de no tener que rumiar cada semana la lección de que no podemos hacer la revolución hasta que no se hayan restaurado la Dieta federal, el ciego Welfe y el probo elector de Hesse y se haya tomado una cruel venganza legítima contra el impío Bismarck.

El asunto de Basilea es muy interesante. En general, las cosas marchan bien en Suiza. Cierto es que la cosa no tiene más significado que el de que allí se muestra todo a plena luz del día lo que en el resto del continente se reprime más o menos. Pero eso ya es muy bueno. También la legislación directa por el pueblo tiene allí el sentido de que debe contraponerse a la dominación directa o indirecta de los burgueses en las cámaras legislativas. Pues como los obreros suizos, hasta la huelga de Ginebra, apenas existían como partido político propio, sino que no eran más que el apéndice de la burguesía radical, elegían también únicamente a burgueses radicales para las cámaras, mientras que, por otro lado, los campesinos elegidos se dejaban manejar con facilidad por los burgueses cultos. Para los cantones pequeños puede estar muy bien algo así; naturalmente, se vuelve enseguida superfluo y se convierte en un estorbo tan pronto como el proletariado entra en masa en el movimiento y empieza a dominarlo.

Bonitas son las contribuciones que en la huelga de Basilea llegaron de Austria, hasta de Temeschwar. Es imperdonable cómo el viejo Becker ha echado a perder este asunto con sus disparatadas declamaciones. Sólo he echado un vistazo al folleto de Vogt y he visto que hace descender a los caballos de las pulgas. Siendo así, ¿de dónde desciende entonces el asno que ha escrito este folleto?

Hoy te devuelvo el «Sozialdemokrat», etc., con algunas colaboraciones futuras. Que Kugelmann tenga aún 50 ejemplares del «Herr Vogt» es muy bueno. Cuando Vogt vuelva a dar conferencias en Berlín, es preciso que Kugelmann envíe allí una parte y lo haga anunciar en los periódicos. Apuesto a que eso lo echa.

Sam Moore estudia ahora con celo tu primer cuaderno de Duncker; lo comprende muy bien. Las cuestiones dialécticas de la teoría del dinero, etc., las ha captado por completo y las declara lo mejor de todo el libro, theoretically speaking.

Con mi buen Gottfried el asunto se alarga todavía mucho. Sin embargo, si de alguna manera puedo, iré el próximo jueves por la noche a Londres y me quedaré hasta el domingo por la noche. La fotografía ha gustado mucho. El Büchner lo tiene Gumpert; iré a recogerlo uno de estos días, me da reparo la mujer, que se vuelve cada vez más filistea.

Hay que reconocer a los lassalleanos que entienden la agitación de un modo completamente distinto a nuestro buen Wilhelm con sus búfalos del Partido Popular. Esto es muy desagradable, ya que parecen aventajar por completo a Wilhelm y Bebel, mientras que las masas son terriblemente estúpidas y los dirigentes, unos verdaderos canallas.

Mañana entierran a Jones con una enorme procesión en el mismo cementerio donde yace Lupus. Es realmente una lástima por el tipo. Sus frases burguesas no eran sino hipocresía, y aquí en Manchester no hay nadie que pueda reemplazarle entre los obreros. La gente vuelve a disolverse por completo y a caer de lleno en el remolque de los burgueses. Para eso era, entre los políticos, el único inglés culto que, en el fondo, estaba completamente de nuestro lado.

A propósito de Beesly: ¿Cómo va el artículo para el Westminster? Hay que batir el hierro mientras está caliente. Yo también tengo un poco de catarro. Con este tiempo no se libra uno nunca. Espero que tú también estés mejor ahora.

Muchos recuerdos a tu mujer y a las chicas. ¿Cómo están la señora Lafargue y el bebé?

Tu F. E.

Que el ruso anuncie de inmediato «Marx, K., Obras. Tomo I» también es bueno.