1. Corrección.


Friedrich Engels

[Recensión
del primer tomo de «El Capital»
para el «Neue Badische Landeszeitung»]

Escrito en la primera quincena de enero de 1868.

[«Neue Badische Landeszeitung» nº 20 del 21 de enero de 1868]

Karl Marx. El Capital. Crítica de la economía política.
Tomo primero. Hamburgo, Meißner, 1867

Hemos de dejar a otros la tarea de ocuparse de la parte teórica y rigurosamente científica de esta obra y de criticar la nueva concepción que el autor nos ofrece sobre la génesis del capital. Pero no podemos por menos de llamar la atención sobre que, al mismo tiempo, nos brinda aquí una gran masa del más valioso material histórico y estadístico, extraído casi sin excepción de los informes oficiales de las comisiones presentados al parlamento inglés. No sin razón subraya la importancia de tales comisiones investigadoras para el estudio de las condiciones sociales internas de un país. Son —si se halla a las personas adecuadas— el mejor medio para que un pueblo aprenda a conocerse a sí mismo; y el señor Marx bien pudiera no carecer de razón cuando afirma que investigaciones análogas, emprendidas en Alemania, conducirían a resultados que nos harían estremecernos a nosotros mismos. ¡Antes de ellas, ningún inglés sabía cómo vivía la clase más pobre de su país!

Por lo demás, se comprende de suyo que, sin tales investigaciones, toda legislación social, como se dice ahora en Baviera, será despachada con conocimiento a medias de la materia y, a menudo, completamente a oscuras. Las llamadas «encuestas» e «indagaciones» de las autoridades alemanas no tienen ni de lejos el mismo valor. Conocemos demasiado bien el patrón burocrático: se reparten formularios y se da uno por satisfecho cuando regresan rellenados de cualquier manera; la información sobre cuya base se realiza el rellenado se busca, con demasiada frecuencia, precisamente entre aquellos a quienes interesa que se oculte la verdad. Compárense con esto las investigaciones de las comisiones inglesas, por ejemplo, sobre las condiciones de trabajo en determinados ramos industriales. Allí se toma declaración no sólo a los fabricantes y maestros, sino también a los obreros, sin excluir a las niñas pequeñas; no sólo a éstos, sino también a médicos, jueces de paz, clérigos, maestros de escuela y, en general, a todo aquel que de algún modo pueda suministrar informes sobre la materia. Allí se taquigrafía cada pregunta y cada respuesta, se imprime literalmente y, junto con todo el material, se adjunta el informe de la comisión, basado en aquél, con sus conclusiones y propuestas. El informe y su material demuestran, pues, al mismo tiempo y con detalle, si los comisarios han cumplido con su deber y cómo lo han hecho, y dificultan considerablemente toda parcialidad de los individuos. Los pormenores, así como una innumerable cantidad de ejemplos, pueden leerse en el propio libro arriba mencionado. Aquí sólo queremos destacar un punto: que en Inglaterra la ampliación de la libertad mercantil e industrial avanza al mismo paso que la ampliación de la limitación legal de la jornada de trabajo para niños y mujeres, y con ello la colocación de casi todas las industrias bajo la vigilancia del gobierno. El señor Marx nos ofrece una extensa exposición histórica de este desarrollo: de cómo, primeramente, las hilanderías y los tejidos se vieron limitados de este modo, desde 1833, a 12 horas de trabajo diarias; de cómo, tras una larga lucha entre fabricantes y obreros, se fijó finalmente la jornada en 10
1
/
2
horas —6
1
/
2
horas para los niños— y cómo, a partir de 1850, un ramo industrial tras otro fue sometido a esta legislación fabril. Primero los estampados de algodón (ya en 1845), luego, en 1860, las tintorerías y blanqueos, en 1861 las fábricas de encajes y de géneros de punto, en 1863 las alfarerías, las fábricas de papel pintado, etc., y, finalmente, en 1867, casi todos los demás ramos industriales de alguna importancia. Podrá formarse una idea de la importancia de esta última acta de 1867 cuando se sepa que ella coloca el trabajo de nada menos que
un millón y medio
de mujeres y niños bajo la protección y el control de la ley. Hemos destacado particularmente este punto porque, a este respecto, entre nosotros, en Alemania, en conjunto, la situación es, por desgracia, bastante mala, y debemos agradecer al autor que lo trate con tanto detenimiento y que lo haya puesto al alcance del público alemán por primera vez. De esta opinión será todo amigo de la humanidad, cualquiera que sea el juicio que le merezcan las tesis teóricas del señor Marx.

Entrar en otros valiosos materiales de la historia de la industria y de la agricultura no nos lo permite el espacio, pero opinamos que todo aquel que se interese por la economía política, la industria, las condiciones obreras, la historia de la cultura y la legislación social, sea cual fuere el punto de vista que adopte, no debe dejar de leer este libro.