Le devuelvo también el retrato de Dietzgen. La historia de su vida no es precisamente la que yo había ácmada aun cuando siempre tuve la impresión de que no era “un obrero como Eccarius”. Por cierto que el tipo de concepción filosófica que ha elaborado requiere cierta paz y . descanso que el obrero corriente no tiene. He conseguido dos excelentes obreros que viven en Nueva York, A. Vogt, zapatero, y Siegfried Meyer, mecánico de minas, ambos de Berlín. Un tercer obrero que podría dar conferencias sobre mi libro es Lochner, un carpintero (obrero común: que ha residido en Londres unos quince años.

Digale a su mujer que nunca pensé que pudiese ser una subordinada de la Generala Geck. Mi pregunta no fue más que una broma. De todos modos las damas no pueden quejarse de la Internacional, porque ésta ha elegido a una dama, Madame. Law, como miembro del Consejo General.

Bromas aparte, en el último congreso de la Labour Union norteame- ricana se destaca, entre otras cosas, como un notable progreso, el hechc de que se dio a las obreras un trato de completa igualdad, en tanto que en este aspecto los ingleses, y aun más los galantes franceses, están abru- mados por su estrechez mental. Cualquiera que conozca algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento fe- menino. El progreso social puede medirse exactamente por la posición social del sexo déhil (incluidas las feas),