Manchester, 8 de diciembre de 1868. Querido Mohr:

Adjunto cinco libras y te devuelvo las cartas de Lugau y Schweitzer. Que las cosas con Schweitzer llegarían a esto me resultaba bastante claro por su práctica anterior. Este santurrón no estaba dispuesto a ceder la organización «tiesa» con el rey nominal de los sastres a la cabeza, y para él solo se trataba de si el bueno de Wilhelm se le subordinaba o no. No le tomo a mal que lo juzgue acertadamente, pero olvida que él mismo, con mucha más inteligencia, en su modo de proceder es exactamente un mezquino tan pequeño como Wilhelm. Desagradable suena también su confianza en que le concedan regularmente permiso de salida de la cárcel; no debió habértelo escrito, después de haber empleado ya ese recurso tan a menudo, y con tanto éxito, precisamente durante su etapa bismarckiana. La carta de los de Lugau les hace todo el honor. Este borrico de Liebknecht ha tratado la situación de esos obreros en más de 20 artículos en su periodicucho, y solo aquí se ve con claridad dónde está la infamia. Por lo demás, Moore dice que en las minas de carbón inglesas existen condiciones análogas —solo que no tan burocráticamente enredadas—. La carta de Serno Solowiewič no venía adjunta.

A toda prisa, tu F. E.

Hoy, desde la una y media hasta las cinco, me han estado asaltando sin parar en la oficina.