Mánchester, 4 de noviembre de 1868

Querido Mohr:

Debes disculparme si ahora no te escribo mucho. Desde hace bastante tiempo padezco un asqueroso reumatismo no solo en el brazo derecho, sino también en los tres dedos delanteros de la mano derecha, de modo que escribir me resulta muy molesto al cabo de un rato y casi imposible por la noche. Espero que esta monserga se pase; uso alcohol contra ella, es decir, externamente.

Si los españoles no saben ahora a qué atenerse después del discurso de Guillermito, es que no tienen remedio. Unidad entre el burgués y el obrero — pero el burgués también debe comprender que ha de conceder esto y aquello al obrero —, solo que nada de batalla de junio, pues a ella le sigue el 2 de diciembre: es realmente el colmo de la confusión. Si ahora el burgués no quiere «comprender», entonces es el obrero quien debe comprender que ha de ceder ante el burgués. Éste es el único sentido posible que la cosa puede tener. Y, de paso, la ridiculez de querer medir las condiciones españolas — con su enorme proletariado mendicante eclesiástico y laico — con el mismo rasero que las sajonas, nada menos. Del campesino, naturalmente, ni se habla.

Muchos saludos,

Tu F. E.

Moore me dice que en Viena casi todos los obreros fabriles son moravos y bohemios, en su mayor parte checos. Eso explica muchas cosas del movimiento de allí. El auténtico vienés no entra en ninguna fábrica, se hace cochero, mozo de casa o algo por el estilo.