Querido Mohr:

El pequeño ruso Ermen, cuyas peripecias deduces de la nota adjunta, ha ocupado fijamente nuestra oficina desde hace una semana, con el pretexto de que ahora tiene que convertirse en un hombre sentado, y nunca salía sino muy acicalado para ir a ver a su novia. Como toda la oficina se convirtió en una taberna, era imposible pensar en trabajar, y por eso no he podido escribirte hasta ahora.

Del Sozialdemokrat aún no he podido leer las actas del congreso, que además son muy aburridas. Por lo demás, Schweitzer muestra que va muy en serio con su secta. No sólo se ha refundado la Allgemeiner Deutscher Arbeiterverein con domicilio en Berlín y nuevos estatutos, en los que sólo se introducen modificaciones calculadas en función de la ley de asociaciones respecto a los antiguos, sino que de cada detalle se desprende que la ADAV ha de desempeñar en los nuevos trade unions el mismo papel (sólo que públicamente) que nuestra antigua sociedad secreta en las asociaciones públicas. Los trade unions sólo deben constituir el aspecto exotérico de la única iglesia lassalleana que salva, pero ésta seguirá siendo la única que salva. Si Eichhoff forma en Berlín una asociación separada, se le garantiza graciosamente tolerancia, a condición de que su asociación se muestre «amistosamente» frente a la ADAV. Pero Schweitzer y su asociación siguen siendo «el partido», y los demás pueden venir y adherirse o, de lo contrario, seguir siendo herejes y disidentes.

Por lo demás, el tipo es mucho más claro en la concepción de la situación política general y de la actitud hacia los demás partidos, y más hábil en la exposición que todos los demás. Califica a «todos los viejos partidos, frente a nosotros, como una sola masa reaccionaria, cuyas diferencias apenas pesan para nosotros». Reconoce ciertamente que 1866 y sus consecuencias arruinan el reino de los pequeños estados, socavan el principio de legitimidad, sacuden a la reacción y han puesto al pueblo en movimiento; pero —ahora— también arremete contra las otras consecuencias —presión fiscal, etc.—, y se comporta frente a Bismarck de manera mucho más «correcta», como dicen en Berlín, que, por ejemplo, Liebknecht frente a los ex príncipes. Habrás visto que cita al Kurfürst de Hesse como autoridad histórica —en cuestiones archiconocidas— y hace entonar en el último número a un fiel hannoveriano un lloriqueo sobre los güelfos. Sería bueno que sobre este último punto le cantaras las cuarenta a Wilhelm alguna vez; es una fuerte exigencia para nosotros apoyar un periódico donde él se permite tales cochinadas.

Deja que al menos una parte de los Anti-Proudhon vengan a Londres; estos pocos ejemplares que quedan no pueden reponerse. Yo no tengo ninguno. Habría que pedir cuentas a Vieweg sobre los ejemplares vendidos desde 1865. Por lo demás, es ciertamente bueno que le sigas la pista al asunto, aunque sea ahora. Siempre existe la posibilidad de que aún salga algo.

Muy bueno es el asunto del Westminster. No dejes pasar el tiempo para que el artículo salga aún en el número de enero; envíame pues el asunto lo antes posible para que yo haga mi parte. Es muy bueno que estos tipos no puedan necesitar una exposición sencilla de un nuevo desarrollo científico sin la fraseología de sus «essays», que no sólo hacen la cosa menos clara sino también más seca. Pero yo también preguntaría al Sr. Beesly cuántos pliegos están disponibles. Lo que te envié habría sido 1 pliego en la Fortnightly, pero en la Westminster alrededor de 1½. Según el espacio —y como aquí sólo es posible un artículo— habría que considerar si y qué partes del libro quedan completamente excluidas; creo, por ejemplo, que no será posible incluir el capítulo sobre la acumulación sin comprimir demasiado el espacio para la cosa principal.

He leído el primer volumen de Darwin, domestication. Lo nuevo sólo en el detalle, y aun ahí no hay mucho importante.

Con mis mejores saludos,

Tu F. E.