En lo que respecta a la Asociación Lassalle, fue fundada en un pe- ríodo de reacción. Lassalle —y éste sigue siendo sn mérito inmortal— reanimó el movimiento obrero en..Alemania.. después de quince años de sueño. Pero cometió grandes errores. Se dejó dominar demasiado por las condiciones inmediatas de la época. Convirtió un pequeño punto de par- tida —su oposición a un pigmeo como Schulze-Delitzsch— en el punto central de su agitación: ayuda del Estado como contraposición a la auto- ayuda. Con esto retomó meramente la consigna que Buchez, el líder del socialismo católico francés, había lanzado en 1843 y en los años siguientes contra el auténtico movimiento obrero francés. Demasiado inteligente para considerar esta consigna, en el peor de los casos, como otra cosa que no fuese un medio transitorio, Lassalle sólo podía justificarla en razón de su (pretendida) practicabilidad inmediata. Para este fin debió sostener que podía aplicarse en el futuro cercano. Por consiguiente, el “Estado” se trasformó en el Estado prusiano. Y de este modo se vio obligado a hacer concesiones a la monarquía prusiana, a la reacción pru- siana (partido feudal), e inclusive a los clericales.

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Combinó la consigna de Buchez sobre la ayuda del Estado a las aso- ciaciones con la consigna cartista del sufragio universal. Pasó por alto el hecho de que las condiciones existentes en Alemania y en Inglaterra eran diferentes. No comprendió las lecciones del Segundo Imperio respecto del sufragio universal. Además, desde im principio, como cualquiera que declare tener en su bolsillo una panacea para los sufrimientos de las masas, dio a su agitación un carácter religioso y sectario, En realidad toda secta es religiosa. Además, como cualquier fundador de una secta, negaba toda conexión natural con cl movimiento obrero anterior, tanto en Alemania como en el extranjero. Incurrió en el mismo error que Prou- dhon, y en lugar de buscar la base real de su agitación entre los ele- mentos auténticos del movimiento de clase, intentó orientar cl curso de éste siguiendo determinada receta dogmática.

La mayor parte de lo que digo ahora, después que ocurrieron las casas, se lo predije a Lassalle en 1852, cuando vino a Londres y me invitó a encabezar junto con él el nuevo movimiento,

Usted sabe por experiencia cuál es la contradicción entre el movi- miento sectario y el movimiento de clase. Para la secta el sentido de su existencia y su problema de honor no es lo que tiene en comun con el movimiento de clase, sino el peculiar talismán que lo distingue de el. Por eso, cuando en Hamburgo usted propuso el congreso para la forma- ción de sindicatos, sólo pudo romper la oposición de la secta amenazando renunciar al cargo de presidente. Además, usted se vio obligado a desdoblarse y a anunciar que en un caso actuaba como jefe de la secta y en otro como representante del movimiento de clase.

La disolución de la Asociación General Obrera Alemana le dio a usted el motivo histórico para realizar un gran paso hacia adelante y para de- clarar, para demostrar si fuese necesario, que se había alcanzado ahora una nueva etapa del desarrollo y que el momento estaba maduro para que el movimiento sectario se disolviese en el movimiento de clase y para poner fin a todo sectarismo. En lo que respecta a lo que la secta tenía de verdadero, ésta lo llevaría, como ocurrió con todas las anteriores sectas cbreras, al movimiento general como clemento que lo enriqueciese. En lugar de esto, usted en realidad exigió al movimiento de clase que se subordinase a un movimiento de secta particular. Sus adversarios dedu- jeron de esto que, pase lo que pase, usted quiere conservar su “propio movimiento obrero”.